Zohran Mamdani (CEDOC)
La primera revolución de Mamdani: bidets en la mansión neoyorquina
El jefe comunal demócrata anunció que reformará el baño de su residencia oficial.
El nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, inició este año un capítulo singular en la historia de la Gracie Mansion, la residencia oficial del mandatario municipal en Manhattan, al anunciar con cierto humor que su familia aspira a modernizar incluso los detalles más cotidianos de la casa centenaria, empezando por los baños. Tras mudarse con su esposa, Rama Duwaji, desde un modesto departamento de una habitación en Queens al histórico edificio de 11.000 pies cuadrados a orillas del East River, Mamdani dijo que entre sus planes figura instalar bidets como un gesto simbólico de “modernización y confort”, aunque advirtió que se trata de una “esperanza aspiracional” más que de una promesa definitiva.
La intención captó la atención de los medios no tanto por su impacto político como por lo inusual del tema para una agenda de gobierno. En una entrevista reciente otorgada a ABC7NewYork , el alcalde neoyorquino describió la idea de añadir bidets de mano por unos 25 dólares que se engancharían al inodoro, y un portavoz confirmó que la instalación de algunos ya comenzó en la residencia. Para muchos, esta elección representa más que un arreglo funcional: se transforma en símbolo de un cambio cultural hacia hábitos cotidianos que en otros países son normales, pero en Estados Unidos han sido durante largo tiempo atípicos.
Nacido en Uganda y formado en EE. UU., Mamdani llegó al cargo con una plataforma marcada por reformas sociales y políticas progresistas, y eligió destacar este detalle en el contexto de su primera gran mudanza oficial, un contraste marcado con su vida anterior en un departamento con filtraciones y sin lavadora. En su discurso desde los jardines de Gracie Mansion, subrayó que él y su esposa se sienten “afortunados” de comenzar una nueva etapa en un lugar que definió como “la casa del pueblo”, reforzando su intención de mantener la residencia accesible al público, más allá de su función ceremonial.
El anuncio de los cambios —incluido el bidet— se coló rápidamente en las redes sociales y en debates públicos como un punto curioso en medio de las prioridades de la ciudad. Algunos internautas aplaudieron la idea, calificándola de “imprescindible”, mientras que otros se mostraron perplejos por el enfoque en aspectos domésticos frente a cuestiones más estructurales de la gestión municipal. La atención mediática también se posó en la decisión del líder democrata de equilibrar la tradición de la Gracie Mansion con su identidad personal y cultural, en parte reflejada en la elección de un artefacto que es habitual en otras partes del mundo pero todavía raro en Estados Unidos.
The New York Times entrevistó a Bryant Simon, profesor de la Universidad de Temple que está escribiendo un libro sobre la historia de los baños públicos, una combinación de cambios en las infraestructuras y la falta de familiaridad que ha mantenido al bidet por fuera de la mayoría de los hogares estadounidenses.“Sólo puedo hablar por mí: tengo 64 años y la primera vez que fui al extranjero en 1983 y vi un bidet, no sabía lo que era”, destacó el escritor en la nota y añadió: Pero la aceptación social cambió, por necesidad, durante la pandemia, cuando empezó a escasear el papel higiénico".
Más allá del debate sobre los baños, la mudanza a la residencia oficial y los cambios sugeridos por Mamdani destacan el interés de su administración por humanizar y replantear los símbolos del poder local en Nueva York. Al enfatizar aspectos cotidianos como la higiene, el jefe comunal traza una narrativa que combina la modernización práctica con un mensaje político de cercanía con la vida diaria de los neoyorquinos.