Gabriela Sabatini (CEDOC)
Video: la reaparición pública de Gabriela Sabatini a sus 56 años
La ex tenista se presentó en la ceremonia de reconocimiento a Roger Federer en el Salón Internacional de la Fama del Tenis.
La figura de Gabriela Sabatini volvió a ocupar un lugar central en el tenis mundial durante el fin de semana, cuando participó como una de las grandes leyendas invitadas en la ceremonia de ingreso de Roger Federer al Salón Internacional de la Fama del Tenis, el máximo reconocimiento que puede recibir un jugador por su trayectoria. La extenista argentina, miembro permanente del Hall of Fame desde 2006, fue una de las personalidades especialmente convocadas por la organización en Newport, Rhode Island, para acompañar al suizo en un evento que reunió a varias generaciones de campeones y campeonas que marcaron la historia del deporte.
Sabatini estuvo presente durante todo el fin de semana de celebraciones organizado por el International Tennis Hall of Fame. Participó de las actividades protocolares, recorrió el museo que conserva los principales objetos históricos del tenis y fue una de las protagonistas del tradicional Hall of Fame Celebrity Pro Classic, una exhibición disputada sobre césped en la que compartió cancha con Roger Federer, Martina Navratilova, John McEnroe, Stefan Edberg, Lleyton Hewitt, los hermanos Bob y Mike Bryan y otras figuras históricas del circuito. El encuentro tuvo un carácter benéfico y sirvió como apertura de la ceremonia oficial de inducción.
La presencia de Sabatini tuvo un valor simbólico especial porque es una de las dos únicas figuras argentinas que integran el Salón Internacional de la Fama del Tenis junto a Guillermo Vilas. La exnúmero tres del mundo fue incorporada a esa institución en 2006, diez años después de su retiro profesional, en reconocimiento a una carrera que incluyó el título del US Open 1990, dos Masters de fin de temporada, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y 41 títulos entre individuales y dobles.
Durante la ceremonia de Newport, Sabatini fue una de las encargadas de recibir y saludar a Federer antes de su ingreso definitivo al Hall of Fame. Las cámaras registraron un emotivo abrazo entre ambos, dos de las figuras más populares del tenis de las últimas décadas, y la argentina también participó de las fotografías oficiales junto al nuevo integrante del Salón de la Fama y la periodista estadounidense Mary Carillo, la otra homenajeada de la promoción 2026. En varios registros audiovisuales, se puede observar a la ex deportista con una semblanza juvenil que no condice con sus 56 años, sin ninguna ostentación y un porte tan discreto como rutilante.
La organización destacó especialmente el recorrido de Sabatini dentro del Hall of Fame. En distintas actividades fue presentada como una de las grandes embajadoras internacionales del tenis femenino y una de las referentes latinoamericanas más importantes en la historia de este deporte. Su presencia también coincidió con el proceso de nominación de Juan Martín del Potro para integrar la clase 2027 del Salón de la Fama, lo que podría convertir a Argentina en uno de los pocos países con tres representantes en esa institución.
La participación de Gabriela Sabatini en Newport volvió a mostrar la estrecha relación que mantiene con el circuito internacional a pesar de haberse retirado hace casi tres décadas. Desde que dejó la actividad profesional, el 24 de octubre de 1996, cuando tenía apenas 26 años, eligió construir una vida alejada de la competencia y de la exposición permanente. La decisión sorprendió al mundo del tenis porque todavía permanecía entre las mejores jugadoras del ranking WTA y conservaba un alto nivel competitivo, pero explicó que había perdido la motivación necesaria para sostener la exigencia del circuito.
Después del retiro, Sabatini dedicó buena parte de su tiempo a desarrollar una faceta empresarial. Continuó expandiendo la marca de perfumes que había lanzado siendo todavía tenista profesional en 1989 y convirtió esa línea de fragancias en uno de sus negocios más exitosos. Sus perfumes fueron comercializados durante décadas en Europa, América Latina y otros mercados internacionales, transformándose en una de las marcas personales más reconocidas del deporte argentino.
Además de la industria de las fragancias, incursionó en inversiones inmobiliarias y participó en distintos proyectos vinculados al desarrollo deportivo. Uno de ellos fue el complejo Pilará Tenis Club, impulsado en la provincia de Buenos Aires como un espacio de formación y competencia para jóvenes jugadores. Paralelamente colaboró con diversas organizaciones solidarias y fundaciones dedicadas a promover el deporte entre niños y adolescentes, manteniendo un perfil mucho más reservado que durante su etapa como figura del circuito.
Su residencia también cambió con el paso de los años. Aunque conserva fuertes vínculos con Argentina, Sabatini pasó largas temporadas viviendo en Europa y Estados Unidos, especialmente entre Suiza y Florida. Desde allí mantiene una rutina marcada por el entrenamiento físico, el golf, el ciclismo, el esquí y los viajes, actividades que suele compartir ocasionalmente en sus redes sociales.
Uno de los aspectos de su vida privada que más atención despertó en los últimos años fue su relación sentimental. Después de décadas manteniendo absoluta reserva sobre su intimidad, distintas publicaciones internacionales y argentinas confirmaron que mantiene una relación con una empresaria radicada en Europa, con quien comparte gran parte de su vida cotidiana. Sabatini nunca convirtió ese vínculo en un tema de exposición pública ni brindó entrevistas para hablar de su pareja, manteniendo la misma discreción que caracterizó toda su vida personal.
Ese perfil reservado también caracterizó su relación con la prensa. Durante muchos años evitó responder preguntas sobre su vida afectiva y priorizó hablar de deporte, negocios y proyectos solidarios. Recién en los últimos tiempos comenzó a aparecer con mayor frecuencia en eventos sociales acompañada por su pareja, algo que fue interpretado como una decisión de vivir esa relación con absoluta naturalidad.
Otro capítulo que marcó la vida de Gabriela Sabatini después del retiro fue el profundo distanciamiento familiar con su hermano Osvaldo Sabatini y, especialmente, con su cuñada Catherine Fulop. Durante años la familia mantuvo una relación muy cercana. Gabriela compartía reuniones, vacaciones y celebraciones con Catherine, Osvaldo y sus sobrinas Oriana y Tiziana Sabatini. Sin embargo, ese vínculo se quebró hace varios años y hasta hoy permanece prácticamente roto.
Osvaldo Sabatini habló públicamente sobre la situación y confirmó que el distanciamiento existe, aunque sostuvo que se trata de un asunto estrictamente familiar. El empresario aseguró que mantiene la esperanza de reconstruir el vínculo con su hermana y pidió preservar la intimidad de la familia. A pesar de esa interna, la relación de Gabriela con sus sobrinas también se vio afectada. Oriana Sabatini evitó profundizar sobre el conflicto y únicamente expresó que le gustaría que la familia pudiera volver a reunirse en algún momento. La cantante contó que mantiene un enorme cariño por su tía, pero reconoció que la situación familiar es compleja.
Lejos de ese conflicto íntimo, Gabriela Sabatini continúa siendo una de las deportistas argentinas con mayor prestigio internacional. Su presencia en el Salón de la Fama de Newport volvió a reflejar el lugar que ocupa dentro de la historia del tenis. Veinte años después de haber sido incorporada al Hall of Fame y casi treinta después de su retiro, sigue siendo convocada por los grandes eventos del circuito como una de las leyendas vivas del deporte, un reconocimiento que volvió a quedar en evidencia al compartir escenario con Roger Federer en una ceremonia considerada uno de los homenajes más importantes del tenis mundial.