Reina Máxima (CEDOC)

De reina a teniente: el entrenamiento militar de Máxima Zorreguieta

La reina de Países Bajos se inscribió como reservista de las Fuerzas Armadas neerlandesas.

En un gesto que ha sorprendido tanto a observadores de la monarquía como a analistas políticos, la reina Máxima Zorreguieta, consorte del rey Guillermo-Alejandro de los Países Bajos tras casarse en 2013,  inició un proceso de entrenamiento con las Fuerzas Armadas neerlandesas que la coloca en la figura de reservista militar, una modalidad de servicio que implica formación física y teórica aplicada a un rol de apoyo dentro de las estructuras de defensa del país. La decisión fue confirmada por fuentes oficiales del propio gobierno neerlandés y medios locales, que la describen como parte de un itinerario de formación obligatorio para integrarse a las filas de reserva del ejército. 

La reina, de 54 años, se encuentra en el umbral de la edad límite para inscribirse en la reserva (el máximo es 55 años), y ha comenzado un breve programa de instrucción militar que incluye ejercicios básicos, teoría sobre estructura y funciones de las tropas y preparación física, requisito indispensable antes de ser adjudicada formalmente como reservista. Esta figura responde al modelo neerlandés de “fuerza flexible”, un cuerpo de apoyo que puede ser llamado en situaciones de emergencia, crisis o para complementar las capacidades de los efectivos profesionales en tareas variadas, desde atención médica hasta apoyo logístico o ceremonias oficiales.

Según declaraciones difundidas por la Casa Real y reportes de medios, la propia monarca argumentó su decisión afirmando que “la seguridad ya no puede darse por descontada”, una referencia tácita al contexto de tensiones geopolíticas en Europa y la creciente importancia que los gobiernos otorgan a la preparación de sus fuerzas armadas en tiempos de incertidumbre. De esta manera se concientiza un nuevo empuje al servicio militar del país, en un momento que tanto la guerra en Ucrania y la retórica de Donald Trump preocupa a los gobiernos europeos. 

La participación de Máxima obedece a un planteamiento institucional y simbólico. Los Países Bajos no otorgan al monarca neerlandés el rol de comandante supremo de las Fuerzas Armadas —a diferencia de otras monarquías europeas tradicionales— lo que convierte la opción de ingresar como reservista en una decisión personal y profesional, si bien la familia real holandesa ha tenido un largo vínculo con la defensa nacional. 

En su momento, el rey Guillermo-Alejandro realizó servicio militar en la Marina Real y mantiene rangos de reserva en las principales ramas de las fuerzas, mientras que su hija, la princesa Catalina-Amalia, completó recientemente la Formación Militar General (AMO) y fue promovida al rango de cabo tras finalizar su curso en el Defensity College, un programa que combina estudios académicos con entrenamiento de reservistas.

Antes de formalizar su ingreso como reservista, Máxima ya había participado en actividades de entrenamiento con efectivos, vistiendo uniforme de camuflaje y acompañando a grupos en ejercicios de campo y actividades físicas, incluso interactuando con personal en formación. La figura de los reservistas es cada vez más relevante en los países europeos que enfrentan un entorno de seguridad más complejo. El Ministerio de Defensa neerlandés han promovido este modelo como un nexo entre la sociedad civil y el ejército, con el objetivo de ampliar la base de personas dispuestas a servir en roles auxiliares. 

En términos comparativos, otros miembros de casas reales europeas han seguido caminos similares. La princesa Leonor de España, heredera al trono, está actualmente inmersa en un riguroso programa de servicio que abarca las tres armas del ejército (Tierra, Mar y Aire) en academias militares españolas, como parte de su preparación institucional y constitucional para cuando ocupe la jefatura de las Fuerzas Armadas. Monarcas y herederos de Noruega, Bélgica y el Reino Unido han tenido también experiencias de servicio militar o participación activa en formaciones, si bien los grados y la duración varían según la tradición y las exigencias de cada país.

La presencia de la reina de raices argentinas en el ámbito militar sitúa a su alteza en una posición inusual para un monarca consorte en Europa occidental, donde las funciones reales tienden a ser mayoritariamente ceremoniales o representativas. Su decisión se interpreta así como un símbolo de modernización institucional, un gesto hacia la sociedad y, sobre todo, un mensaje político y cultural sobre el valor del servicio y la seguridad colectiva en un momento de incertidumbre geopolítica global. 

 

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