Fernando Cerimedo (CEDOC)

Fernando Cerimedo: el “Che” ultraderechista

Lo que revela el accionar del ex asesor de Milei en Latinoamérica y el daño que podría causar al presidente de Bolivia y a los demás líderes con los que colaboró.

Un pequeño engranaje latinoamericano de lo que Giuliano da Empoli describe como “la ingeniería del caos”. Así podría definirse al turbio personaje que dejó a la vista el lado oscuro del gobierno boliviano, salpicando también a Javier Milei y al clan Bolsonaro, entre otros.

Los engranajes mayores hoy están en el Silicon Valley y tienen como próceres del método a pioneros de las “negative campaigns” como Arthur Finkelstein, el norteamericano que recién dejaba de ser púber cuando colaboró con las campañas del ultraconservador Barry Goldwater y le explicó a su última creación, Viktor Orban, que lo principal en política es entender que “lo que se percibe como verdadero es lo que acaba siéndolo, y no lo que es verdad”.

En esa ingeniería, engranajes grandes y pequeños producen propaganda populista utilizando como materia prima los miedos, rencores, aborrecimientos y prejuicios en materia sexual y racial.

En esos lodazales amasan liderazgos inconcebibles con personajes impresentables, usando como combustible para llevarlos al poder el fanatismo, la vulgaridad, los desequilibrios psíquicos y emocionales, los insultos y los prejuicios más deleznables, como el racismo, el sexismo y el desprecio a los vulnerables.

Esa maquinaria del engaño que está carcomiendo la democracia liberal mediante el empoderamiento de ególatras ignorantes movidos por obsesiones y retorcimientos, convierte “patrañas y teorías conspirativas en claves para interpretar la realidad”. Y como explica Da Empoli, “todo eso se presenta como una guerra sacrosanta para liberar la palabra del pueblo de los códigos opresivos de las elites globalizadas y políticamente correctas”.

Donald Trump es la mayor y más peligrosa creación de la maquinaria que acrecentó su poderío con las redes sociales y los algoritmos. Su patética deriva en la guerra con Irán y su absurdo elogio al líder norcoreano, aterrorizando a viejos y leales aliados asiáticos de Washington como Corea del Sur, Japón, Taiwán y Filipinas, son las últimas constataciones de los estropicios que pueden cometer los líderes megalómanos y negligentes que están llegando al poder.

A eso se dedicaba Fernando Cerimedo, el hombre cuyo oscuro poder acribillaron las balas que dejaron malherida a la mujer que estaba por denunciarlo. Hasta que lo encerraron en una prisión boliviana acusado de contratar los sicarios que balearon a su amante, Cerimedo era un eslabón de sistema propagandístico que, mediante la desinformación y la promoción del odio, genera liderazgos patológicos y los lleva a presidir gobiernos.

Como asesor de imagen y consultor político, parece una versión siniestra de Jaime Durán Barba. El consultor ecuatoriano tiene páginas turbias en su rica historia profesional, como haber asesorado en Colombia al partido Alternativa Liberal, que lideraba Pablo Escobar antes de ser acusado de comandar el Cartel de Medellín.

Pero aquella fue una excepción. La regla en Durán Barba fue asesorar a políticos centroderechistas de su país, como el ex presidente Jamil Mahuad, el también ex presidente Guillermo Lasso, el cinco veces candidato presidencial Alvaro Noboa y el ex alcalde de Quito Mauricio Rodos.

Durán Barba también asesoró al gobierno de Mauricio Macri. Y no sólo tuvo clientes centroderechistas. También dirigió la campaña de Marcelo Ebrard cuando el ex canciller de López Obrador enfrentó en la interna del partido centroizquierdista MORENA a la actual presidenta de México, Claudia Sheimbaun.

En el caso de Cerimedo, la regla es la asesoría electoral y la acción propagandística al servicio de ultraderechistas. Aportó al movimiento MAGA, siendo premiado en Mar a-Lago por un grupo ultraderechista allegado a Trump. Asesoró a Jair Bolsonaro, incluyendo una presunta participación en el armado de la asonada golpista por la cual fue condenado el ex presidente brasileño; a Nasry Asfura, el duro conservador elegido por Trump para que le cierre el paso al poder en Honduras al centrista Salvador Nasralla, y al chileno José Antonio Kast, a renglón seguido de haber orquestado campañas de desinformación contra el gobierno centroizquierdista de Gabriel Boric.

En su país, Argentina, asesoró la campaña electoral de Javier Milei y puso su oscuro aparato de propaganda al servicio del actual gobierno, por cuyas entrañas deambuló.

En rigor, a todos aportó sus estratagemas de propaganda que incluye la producción de fake news a escalas industriales para la difamación de los opositores y los críticos de sus clientes.

El accionar truculento en el terreno de la propaganda y los vínculos con la derecha extrema es la regla en Fernando Cerimedo. Parte de su aparato de propaganda dedicado al linchamiento de imagen pública era La Derecha Diario, que codirigió con el ultraderechista español Javier Negre, denunciado en México por las campañas de desinformación que orquestó contra el gobierno de la presidenta Sheinbaum.

La Derecha Diario ha sido en estos últimos dos años una parte visible del aparato de propaganda del gobierno de Milei.

Finalmente, este posible inspirador de Las Fuerzas del Cielo logró ingresar al gobierno de Bolivia, situándose en las cercanías del presidente. Desde esa posición de poder, además de tejer redes de corrupción, habría organizado el atentado que dejó malherida a la mujer que lo amenazaba con hacer revelaciones que lo destruirían y afectarían negativamente a muchos involucrados en sus presuntas conspiraciones.

La pregunta que creció en Bolivia tras el fallido atentado, es cómo logró ese personaje llegar hasta las cercanías del presidente. En la elección que lo convirtió en jefe de Estado, Rodrigo Paz no representaba la opción extremista, sino la centroderecha. Al espacio ultraconservador lo representaba Jorge Quiroga, el ex gobernante que lidera al banzerismo, la derecha pura y dura creada por un fallecido ex dictador y ex presidente: el general Hugo Banzer.

Pero la pregunta más inquietante es cómo llegó al despacho contiguo al del presidente boliviano. La respuesta a la primera pregunta sería Catalina, una de las hijas del mandatario, y la respuesta a la segunda estaría en la incapacidad para gobernar que exhibió Rodrigo Paz en el corto tiempo que lleva en la presidencia, y también en el caos y la negligencia que paralizan su gobierno.

La Derecha Diario y los ejércitos de trolls, además de las intrigas y la corrupción, son las armas que Cerimedo manejó con habilidad para escalar en el gobierno de Bolivia quedando en posición de ser el poder detrás del trono.

Cuando su carrera quedó acribillada por los sicarios que él mismo habría contratado, se encontraba en la función a la que siempre quieren llegar los engranajes de la ingeniería del caos. Eso que encarna Vadim Baranov, el personaje que se convirtió en el poder detrás del trono de Vladimir Putin, en otro libro de Da Empoli: “El mago del Kremlin”.

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