Friday 21 de August, 2026

MUNDO | Hoy 08:55

El viejo truco del señuelo

La increíble estratagema urdida para proteger a Donald Trump, poniendo en riesgo la vida de decenas de civiles que no fueron advertidos.

En “El prisionero de Zenda”, Antony Hope cuenta como el heredero del trono de Ruritania es rescatado de una conspiración en las vísperas de ser coronado, usando de señuelo un pariente inglés que era idéntico al blanco de los conspiradores.

Como esa novela decimonónica, hay centenares en las que se urden inteligentes estratagemas para ocultar a monarcas y presidentes que están por ser blanco de complots y planes magnicidas. Aunque no siempre las jugadas magistrales de ocultamiento son para salvar a un gobernante en peligro. A veces tienen por finalidad sacarlo del poder, como hicieron los mosqueteros de Alejandro Dumas con Luis XIV, para extraerlo a escondidas del palacio y encerrarlo en la prisión donde está recluido su hermano gemelo Philippe, a quien sacan encapuchado para coronarlo sin que la población y la nobleza adviertan el reemplazo.

También el cine está colmado de películas con tramas sobre líderes que son rescatados o protegidos mediante astutos ocultamientos. Lo más parecido a lo ocurrido recientemente con la estratagema secreta para sacar a Donald Trump de Turquía, sería “Air Force One”, la película de Wolfgang Petersen en la que terroristas se apoderan del avión presidencial en pleno vuelo y los agentes de inteligencia ocultan al jefe de la Casa Blanca (Harrison Ford) en la bodega de la nave y después simulan haberlo evacuado en la cápsula de escape.

Air Force One

La historia tiene muchos casos reales. En Estados Unidos, desde el traslado del recién asumido Abraham Lincoln disfrazado de enfermo llevado por enfermeras en silla de ruedas debido a un complot descubierto en Baltimore, hasta la manganeta con Bill Clinton en un traslado desde la India a Pakistán simulando subirlo a un avión pero embarcándolo en otro.

A menudo el presidente no va en The Beast (la bestia, como llaman al automóvil presidencial), sino en otro de los autos de la caravana oficial, o incluso en un automóvil que va por otro camino. Lo mismo con el verde helicóptero presidencial y con tantas situaciones en las que se utilizan vehículos señuelos.

Ahora bien, donde se supone que va el presidente, sea el Cadillac One al que llaman la bestia o el Air Force One, nunca van personas que no sean miembros de los servicios de seguridad, los aparatos de inteligencia o del cuerpo de guardaespaldas. En el vehículo señuelo siempre va gente entrenada para situaciones extremas, que cobra un sueldo suculento precisamente por arriesgar la vida propia para proteger la del jefe de Estado. Los tripulantes del vehículo señuelo siempre saben que se desplazan en un blanco móvil. Ese es precisamente su trabajo. Pero no fue eso lo que ocurrió con el vuelo que salió de Ankara tras la cumbre de la OTAN en Turquía.

FOTOGALERIA Donald Trump en OTAN

Esta vez, el viejo truco del señuelo fue con gente que ignoraba lo que estaba ocurriendo. El avión que se usó en la artimaña estaba repleto de pasajeros de verdad que creían estar viajando con el presidente, cuando en realidad iban en el vuelo que podía ser blanco de un ataque enemigo.

En la pista del aeropuerto de Ankara, el jefe de la Casa Blanca trepó por la escalerilla del Air Force One, en la parte superior giró antes de ingresar y saludó a la comitiva oficial turca que fue a despedirlo. Tras el acostumbrado saludo con la mano, ingresó por la puerta situada junto a la cabina de los pilotos. Paralelamente, abordaban la nave por otra escalerilla las decenas de personas que viajaron en el avión presidencial. Lo que nadie sabía en ese contingente que mezclaba funcionarios con empresarios y periodistas, es que, tras ingresar al avión por la puerta principal, Trump salió por la puerta que está en el lado opuesto y entró al conteiner hidráulico del catering que estaba adherido al ingreso por el que se introducen las comidas, bebidas y vituallas que se usarán en el viaje.

El conteiner móvil se despegó de la nave y trasladó a Trump hasta otro avión, un C-32A de la Fuerza Aérea, que se encontraba también listo para despegar del Aeropuerto Internacional Esenboga.

Oculto en el camión del catering, el presidente había sido cambiado secretamente de nave porque la CIA detectó un complot iraní para asesinarlo. Aparentemente, desde algún punto de las cercanías del aeropuerto de Ankara, agentes iraníes o mercenarios contratados por la República Islámica usarían lanzadoras portátiles de misiles antiaéreos del tipo Stinger, como los que usaban los mujaidines afganos en la cordillera del Hindu Kush para derribar helicópteros soviéticos como si fueran palomas.

Quds

Por cierto, no es fácil derribar una fortaleza aérea como el Air Force One. Pero si se realizó la evacuación secreta de Trump fue porque no se descartaba la posibilidad de que eso ocurra. Por lo tanto, las decenas de civiles que viajaron en el avión presidencial creyendo que iban con el presidente, fueron engañados en lugar de protegidos por los funcionarios de seguridad de Estados Unidos.

A varios les llamó la atención que, antes del despegue, les hicieran cerrar las ventanillas. Pero nadie imaginó que se trataba de medidas relacionadas con la posibilidad de un ataque desde tierra.

No estaba claro si la conspiración magnicida estaba en manos de la VEVAK (sigla del Ministerio de Inteligencia y Seguridad de Irán) o del aparato de inteligencia del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y su brazo de operaciones en el exterior: la Fuerza Quds. Lo que estaba claro es que había un plan para asesinar al presidente de los Estados Unidos y que se ejecutaría mediante un intento de derribo del avión presidencial.

Si a los funcionarios, empresarios, tripulantes y periodistas que viajaron en la comitiva oficial les hubiesen avisado que existía ese plan y que, por ese motivo, habían cambiado secretamente a Donald Trump de nave ¿hubieran aceptado abordar el Air Force One?

Quizá no fue la primera vez. Probablemente hubo otros vuelos señuelos con pasajeros que no estaban al tanto. Lo extraño es que la jugada para sacar oculto a Trump fue conocida y difundida por The Washington Post y confirmada seguidamente por The New York Times sin que la Casa Blanca intentara desmentirla.

No es seguro que el gobierno haya querido ocultar lo ocurrido, a pesar de que legisladores demócratas reclamaron de inmediato una explicación sobre la estratagema que hizo volar en un avión señuelo a civiles que ni siquiera estaban al tanto de que la nave que abordaban podía estar en la mira de agentes iraníes y ser blanco de un intento de derribo.

Lo indudable es que el anuncio de que la muerte del ayatola Alí Jamenei será vengada matando al presidente norteamericano que ordenó ese asesinato, no fue una bravuconada del régimen sino una decisión tomada, y que habrá más intentos de que sea ejecutada.     

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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