Argentina atraviesa una de las transformaciones demográficas más profundas de su historia. La cantidad de nacimientos cayó de manera sostenida durante la última década y el país alcanzó una tasa de fecundidad de apenas 1,2 hijos por mujer, uno de los valores más bajos de América Latina y muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer. Un nuevo estudio presentado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sostiene que la explicación no pasa únicamente por un cambio cultural o por una decisión voluntaria de tener menos hijos, sino por la creciente dificultad de las personas para concretar el proyecto familiar que desean debido a factores económicos, laborales, habitacionales y de organización de los cuidados.
La investigación, titulada "Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad", constituye la primera Encuesta Nacional de Intenciones Reproductivas realizada en la Argentina. Fue desarrollada conjuntamente por el Fondo de Población de las Naciones Unidas en Argentina (UNFPA) y la consultora Voices!, y fue presentada el 13 de agosto en la Ciudad de Buenos Aires durante un encuentro encabezado por la directora regional de UNFPA para América Latina y el Caribe, Paula Narváez, junto a representantes del Gobierno nacional, universidades, organizaciones de la sociedad civil y especialistas en demografía y salud pública.

Desde el punto de vista metodológico, el relevamiento se realizó entre enero y febrero de 2026 mediante cuestionarios online autoadministrados. Participaron 1.515 personas de entre 18 y 70 años residentes en todas las regiones del país. La muestra fue diseñada tomando como referencia la estructura poblacional del Censo Nacional 2022 y posteriormente ponderada por nivel educativo para garantizar representatividad estadística de la población argentina adulta. El informe pone especial atención en las respuestas del segmento de 18 a 45 años, considerado el grupo de edad reproductiva sobre el que se concentra el análisis principal.
Uno de los hallazgos centrales del estudio contradice una de las ideas más extendidas sobre la baja natalidad. El informe revela que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos o hijas que le gustaría tener si no existieran limitaciones de ningún tipo. Es decir, más de la mitad de quienes se encuentran en edad reproductiva afirma que tiene menos hijos de los que hubiera deseado en condiciones ideales. Para los investigadores, esto demuestra la existencia de una brecha entre los deseos reproductivos y las posibilidades reales de concretarlos.
Mariana Isasi, jefa de la Oficina de UNFPA en Argentina, resumió esa conclusión durante la presentación del informe. “La caída de la natalidad no puede analizarse únicamente a partir de cuántos niños y niñas nacen. También debemos preguntarnos si las personas pueden decidir libremente si quieren tener hijos, cuántos y en qué momento. Los resultados muestran una distancia entre los proyectos reproductivos y las condiciones reales para concretarlos”, afirmó la representante del organismo internacional.

El estudio identifica con precisión cuáles son esas barreras. Las condiciones económicas y de cuidado explican el 62% de los casos en los que las personas terminaron teniendo menos hijos de los que deseaban. La investigación señala que las dificultades para acceder a una vivienda, la inestabilidad laboral, los bajos ingresos, la incertidumbre económica y la distribución desigual de las tareas de cuidado aparecen como los principales factores que postergan o impiden la maternidad y la paternidad.
La dimensión económica atraviesa buena parte de las respuestas recogidas por la encuesta. UNFPA sostiene que la decisión de tener hijos está cada vez más condicionada por la posibilidad de sostener económicamente un hogar, acceder a empleo estable y disponer de tiempo para la crianza. El informe remarca que la caída de la natalidad ocurre en un contexto de transformaciones profundas en los proyectos de vida, donde la formación de una familia convive con trayectorias educativas más largas, inserciones laborales más inestables y mayores dificultades para independizarse.
A pesar del descenso de la fecundidad, el ideal familiar permanece relativamente estable. El modelo de dos hijos continúa siendo el proyecto reproductivo preferido por la mayoría de la población: el 34% de los encuestados respondió que dos hijos representan la cantidad ideal. Este dato es interpretado por los investigadores como una evidencia de que el deseo de formar una familia sigue presente, aunque muchas personas no logren concretarlo.
La encuesta también muestra diferencias importantes por edad y género. Entre las mujeres de 18 a 24 años, dos de cada diez manifestaron que no desean tener hijos, un porcentaje superior al observado en generaciones anteriores y que refleja cambios culturales, educativos y laborales en las expectativas de vida de las mujeres jóvenes. No obstante, el informe aclara que este grupo convive con otro segmento mayoritario que sí desea ser madre en algún momento, aunque posterga esa decisión por distintos condicionantes.

Otro de los capítulos del estudio analiza el acceso a los derechos sexuales y reproductivos. El 92% de las personas encuestadas manifestó conocer métodos anticonceptivos, lo que evidencia un alto nivel de información. Sin embargo, el informe detectó que el conocimiento no siempre se traduce en acceso efectivo: el 22% respondió que alguna vez no pudo utilizar el método anticonceptivo de su elección por diferentes obstáculos.
El relevamiento también incorpora un indicador vinculado a la autonomía en las relaciones sexuales. Casi cuatro de cada diez mujeres afirmaron haber atravesado dificultades para decirle “no” a su pareja frente a relaciones sexuales no deseadas, un dato que UNFPA considera especialmente relevante porque muestra cómo las desigualdades de género también condicionan las decisiones reproductivas y la posibilidad de ejercer plenamente los derechos sexuales.
Los especialistas remarcan que la baja natalidad argentina no puede interpretarse como un fenómeno aislado. Forma parte de una tendencia global que afecta tanto a países desarrollados como a numerosas naciones de América Latina, donde las tasas de fecundidad vienen disminuyendo de manera acelerada. En el caso argentino, la caída fue particularmente pronunciada durante la última década y ubicó al país entre aquellos con menor fecundidad de la región.

UNFPA plantea que esta transformación tiene múltiples causas. Por un lado aparecen cambios culturales relacionados con la prolongación de los estudios, la inserción laboral femenina, nuevas formas de organización familiar y el retraso de la maternidad y la paternidad. Pero al mismo tiempo persisten obstáculos estructurales que limitan la libertad de elección: empleo precario, dificultades para alquilar o comprar una vivienda, insuficiencia de políticas de cuidado infantil, desigual distribución de las tareas domésticas y acceso desigual a servicios de salud sexual y reproductiva.
Como conclusión, el informe sostiene que el desafío para las políticas públicas no consiste en incentivar que las personas tengan más hijos ni en promover un determinado modelo de familia. La prioridad, afirma UNFPA, debe ser garantizar que cada persona pueda decidir de manera informada, autónoma y libre de desigualdades si quiere tener hijos, cuántos desea tener y en qué momento hacerlo. Para el organismo de Naciones Unidas, la respuesta a la baja natalidad pasa por crear mejores condiciones económicas, laborales, habitacionales, sanitarias y de cuidado que permitan cerrar la brecha entre los deseos reproductivos y la realidad cotidiana de millones de argentinos.














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