Cristina Kirchner y Axel Kicillof (CEDOC)

Encuesta: el 50% no quiere que el kirchnerismo vuelva al poder

Según la consultora Giacobbe Opinión Publica el kirchnerismo tiene un importante rechazo, pero Axel Kicillof es el dirigente con mayor imagen positiva.

La encuesta de opinión pública de Giacobbe Opinión Pública correspondiente a julio de este año muestra un escenario político atravesado por un fuerte rechazo al regreso del kirchnerismo, aunque también registra un nivel importante de apertura condicionado a quién pudiera encabezar una eventual candidatura. El relevamiento fue realizado entre el 24 y el 31 de julio sobre un total de 2.500 casos en todo el país y constituye el principal eje político del informe mensual de la consultora.

La pregunta concreta fue: “¿Te gustaría que el Kirchnerismo volviera a gobernar la Argentina?”. El resultado más contundente fue que el 50,1% respondió que no le gustaría, mientras que el 24,9% manifestó que sí quisiera un regreso del kirchnerismo al gobierno. A ese núcleo favorable se suma otro 24,5% que respondió “depende de quién sea el candidato”, mientras que apenas 0,6% no supo o no quiso contestar.

Según la encuestadora, la lectura política de esos números presenta una negativa al retorno del kirchnerismo y constituye, por sí sola, la opción individual más elegida, superando por más de 25 puntos porcentuales al grupo que expresa directamente su deseo de que el espacio vuelva a gobernar. Sin embargo, el 24,5% que condiciona su respuesta al candidato introduce un matiz relevante, porque representa prácticamente a uno de cada cuatro encuestados y demuestra que la respuesta sobre el futuro electoral del kirchnerismo no es completamente cerrada.

Si se suman quienes contestaron afirmativamente y quienes dejaron abierta la posibilidad dependiendo del candidato, aparece un 49,4% potencialmente permeable a una alternativa kirchnerista, frente al 50,1% que directamente rechaza el regreso. Esa suma, no obstante, no equivale a una intención de voto ni significa que todo ese 49,4% votaría por el kirchnerismo, ya que la pregunta mide una preferencia general sobre su eventual retorno al gobierno y, en casi la mitad de esos casos, la respuesta queda expresamente condicionada al postulante. La diferencia entre ambas grandes posiciones es de apenas 0,7 punto porcentual cuando se agrupan esas dos respuestas. 

La medición adquiere mayor dimensión cuando se la cruza con la evaluación de las principales figuras políticas relevadas por Giacobbe. En este caso, la consultora midió imagen positiva, regular, negativa y el porcentaje correspondiente a personas que no conocen al dirigente o no respondieron. Entre los ocho dirigentes incluidos, Axel Kicillof aparece con 36,7% de imagen positiva, 9,6% regular, 50,4% negativa y 3,3% que no lo conoce o no respondió. El gobernador bonaerense es, de acuerdo con esta fotografía, uno de los dirigentes con mejor nivel de valoración positiva dentro del conjunto medido, aunque su imagen negativa continúa por encima de la positiva.

En el caso de Patricia Bullrich, el informe registra 34,5% de imagen positiva, 9,2% regular, 55,1% negativa y 1,3% entre quienes no la conocen o no contestaron. La exministra aparece así con una valoración positiva elevada, pero simultáneamente con un nivel de rechazo superior a la mitad de los consultados. Por su parte, Javier Milei obtiene 33,9% de imagen positiva, 8,3% regular, 57,2% negativa y 0,7% de desconocimiento o no respuesta. El presidente se encuentra, por lo tanto, entre los dirigentes con mayor nivel de imagen negativa del relevamiento, superado en ese indicador solamente por algunas de las figuras opositoras medidas. 

Cristina Fernández de Kirchner registra 29,6% de imagen positiva, 15,8% regular, 52,8% negativa y 1,8% de desconocimiento o no respuesta. El dato muestra que la expresidenta conserva un núcleo de valoración positiva cercano a tres de cada diez encuestados, pero simultáneamente mantiene una imagen negativa que supera la mitad de la muestra. En cambio, Diego Santilli alcanza 27,4% de imagen positiva, 14,7% regular, 49,2% negativa y 8,7% entre quienes no lo conocen o no respondieron. En su caso, el porcentaje de desconocimiento o no respuesta es considerablemente más elevado que el registrado para Milei, Cristina Kirchner, Bullrich o Kicillof. 

Mauricio Macri aparece con 18,3% de imagen positiva, 19,1% regular, 61,4% negativa y 1,3% de desconocimiento o no respuesta. Sin dudas, es uno de los registros más desfavorables de toda la medición, ya que su imagen negativa supera en más de 43 puntos a la positiva y constituye el porcentaje de rechazo más alto entre los dirigentes incluidos en el estudio. En tanto, Máximo Kirchner presenta 16,4% de imagen positiva, 20,8% regular, 58,1% negativa y 4,7% de desconocimiento o no respuesta. La distancia entre valoración positiva y negativa también es muy amplia: la segunda prácticamente multiplica por tres a la primera.

Finalmente, Victoria Villarruel obtiene 12,4% de imagen positiva, 30% regular, 54,5% negativa y 3,1% de desconocimiento o no respuesta. Es la dirigente con menor porcentaje de imagen positiva de los ocho nombres evaluados, aunque presenta al mismo tiempo el mayor porcentaje de valoración “regular” del conjunto.

En términos políticos, el resultado más significativo del informe es entonces la coexistencia de dos fenómenos. Por un lado, la mitad de los argentinos consultados —50,1%— afirma que no quiere que el kirchnerismo vuelva a gobernar, convirtiéndose en la respuesta individual claramente mayoritaria. Por otro, existe un 49,4% que no cierra completamente esa posibilidad, compuesto por un 24,9% que directamente quiere el regreso y un 24,5% que deja su decisión supeditada a quién sea el candidato.

La encuesta de Giacobbe no permite convertir ese 49,4% en un voto potencial al kirchnerismo, pero sí muestra que la posibilidad de un retorno del espacio conserva un nivel de aceptación o apertura considerable. En paralelo, las imágenes de los principales dirigentes revelan que ninguno logra atravesar el umbral de una valoración positiva mayoritaria y que todos presentan niveles de rechazo superiores a su aprobación, configurando un escenario político donde la fortaleza de una figura no necesariamente surge de una alta imagen propia, sino también del rechazo que genere su eventual adversario.

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