Bafweek, 25 años. (Gentileza Bafweek)
Bafweek: Cómo fue la edición que celebró sus 25 años
Desde el 2001 hasta hoy, su pasarela hizo historia en diseño y creatividad. Un balance de su trayectoria, entre negocios y diseño.
Hace 25 años, el mundo era bastante distinto. Internet apenas empezaba a colarse en las casas, las redes sociales no existían y la moda argentina se movía entre pequeños desfiles, boutiques de barrio y una escena fragmentada.
Estábamos en plena crisis del 2001 y el país entero parecía desarmarse. En ese contexto nació BAFWEEK. Una semana de desfiles que, desde el principio, quiso ser más que eso: un espacio común, un punto de encuentro entre diseñadores, marcas y público. Un lugar donde la creatividad pudiera seguir respirando, incluso cuando afuera todo se caía a pedazos.
La identidad
“En 25 años cambió muchísimo el ecosistema alrededor de la moda. Cambió la forma de comunicar, los canales de venta, el peso del contenido digital y también el rol del público, que hoy participa de una manera mucho más activa", apunta Gastón Manganiello, CMO de Grupo IRSA y director de BAF. Y agrega: “Pero hay algo que sigue intacto: la creatividad de los diseñadores argentinos y su capacidad de construir identidad”.
Esa es tal vez una de las claves de su vigencia. BAFWEEK ayudó a forjar una identidad, pero lo hizo como un crisol de voces: desde los consagrados hasta los emergentes, desde lo vanguardista hasta lo artesanal, desde lo urbano hasta lo ancestral, abrió lugar para todos. “No se define por un único diseñador o una única generación. Su fuerza está en el cruce”, asegura Manganiello en tiempo presente. “Entre referentes consolidados y nuevas miradas, entre el talento que instaló conversaciones importantes (sobre innovación, sobre sustentabilidad) y el circuito que permitió que muchos crecieran, volvieran, evolucionaran”.
Como recuerdo, en la edición de marzo de 2001 en La Rural desfilaron pioneros como Benito Fernández, Rapsodia, UMA y Jazmín Chebar, con estilismo de Eugenia Rebolini y fotografía de Vero Alfie. Ese arranque, en pleno corralito, reunió diseños de autor con marcas representativas, sentando las bases y la identidad del circuito que hoy celebra este gran aniversario.
La omnicanalidad
IRSA, el grupo líder en centros comerciales argentinos (Alcorta, Patio Bullrich, Alto Palermo, por nombrar algunos), desde el inicio encontró en BAFWEEK un aliado perfecto para su negocio. Sus shoppings ya eran el cruce natural entre marcas globales, diseñadores locales y un público diverso; sumar la semana de moda les dio una herramienta para activar ese ecosistema con desfiles, pop-ups y experiencias que van más allá de la pasarela. La alianza temprana aportó estructura, espacios y visibilidad, llevando la moda del plano cultural al impacto real en ventas y tráfico.
“La moda siempre fue parte natural de nuestro ecosistema”, explica Manganiello. Para la empresa, hoy BAF funciona como catalizador: genera conversación cultural que se traduce en visitas físicas y online, conectando creatividad con consumo en tiempo real.
Por otro lado, en los últimos años también creció mucho el rol del e-commerce, pero lo que surgió fue más una omnicanalidad que una competencia feroz. "El desfile sigue siendo un momento clave para construir relato, comunicar identidad y generar deseo. Es el momento donde la marca se expresa", razona el experto. Luego, ese mismo contenido puede amplificarse digitalmente y traducirse en tráfico a las tiendas.
Y por supuesto, no pueden obviarse las multipresentes redes sociales. "Diseñamos experiencias que funcionen en vivo pero que también generen contenido potente para circular en redes y plataformas", cuenta Manganiello. De esa forma, no son una amenaza sino una oportunidad, porque permiten que lo que sucede en la pasarela tenga una vida mucho más larga y llegue a audiencias que antes no estaban conectadas con la moda. La edición 25 lo comprobó: los vivos de pasarelas en Instagram y TikTok superaron el millón de vistas, disparando un 25% más de tráfico e-commerce en marcas como Mishka y Sadaels, además de ventas físicas tras los desfiles.
Emergentes vs. Consolidados
Otra gran duda de estos años es cómo se ha ido combinando la propuesta entre diseñadores emergentes y aquellos consolidados. La respuesta interna es que nunca fue una barrera, sino un puente: la plataforma los pone a convivir bajo el paraguas de la creatividad compartida, donde cada uno potencia al otro. Las marcas establecidas inyectan escala industrial, trayectoria probada y visibilidad masiva; los nuevos (con menos recursos pero más hambre) traen narrativas disruptivas, miradas periféricas que cuestionan y renuevan el canon de la moda argentina.
Ejemplos sobran: pensemos en Mishka, que celebra 25 años con siluetas contundentes y oficio artesanal renovado, compartiendo pasarela con emergentes como Valentina Schuchner (ganadora de Autores de Moda) o García Bello, referente del upcycling y raíces fueguinas. O Sadaels, fusionando sobriedad europea con criollo “genderless”, junto a retornos como Luz Ballestero, que tras 10 años de silencio volvió con moldería almodóvaresca en cinco actos teatrales. Ese roce genera colaboraciones reales -pop-ups rotativos en Alto Palermo con talentos como Ampi Vera- y aprendizajes cruzados que enriquecen al público con propuestas desde lo comercial hasta lo conceptual.
Lo que viene
Para los años venideros, BAF mira al futuro y sueña con una versión más expansiva y comprometida. “Nos gustaría que BAF siga creciendo como plataforma y que continúe siendo un evento cultural que conecta con su audiencia. Que sea cada vez más federal, que dialogue más con la región y que siga acompañando al sector”, detalla Manganiello.
El foco estará en temas clave como sustentabilidad, diversidad e innovación. Pero el núcleo permanece: “El punto de encuentro entre creatividad, cultura y negocio. Porque cuando esos tres mundos se conectan, la moda realmente alcanza todo su potencial”. Así se proyecta la plataforma que sobrevivió las crisis y se reinventó 25 veces.
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