Competencia de sapitos. (Patagonia)

Lo que dejó el verano: las competencias más insólitas

La creatividad se pone al servicio de carreras y concursos peculiares. Del sapito a los castillos de arena, el objetivo es ganar.

Sobre el lago Moreno, en Bariloche, un chico se inclina sobre la orilla, elige una piedra plana y la lanza con un gesto corto y seco. Esta rebota sobre el agua una y otra vez. Diez, doce, quince, hasta diecisiete impactos antes de hundirse. Está compitiendo. A más de mil kilómetros, en la rambla de Mar del Plata, una mujer corre con una bandeja cargada sin permitirse el más mínimo temblor. En el partido de la Costa, escultores amateurs modelan arena contra reloj, mientras en Córdoba un grupo de hacheros levanta su herramientas mientras el cronómetro corre, y en Chubut, los esquiladores afinan cada movimiento bajo la mirada de un jurado. En ninguno de los casos se trata de grandes ligas ni hay estadios llenos. Pero es verano en Argentina y el país compite en eventos tan originales como insólitos.

 


 

El sur se divierte

El primero de estos rituales es también el más nuevo: el pasado 14 de febrero se realizó en Bariloche el primer Campeonato de Sapito del país. Un juego asociado a la infancia y a las tardes junto al agua tuvo, por primera vez, cuadro profesional, categoría amateur y final con jurado. De hecho, el británico Phill Bloxham, aficionado reconocido y con un récord personal de 150 metros, viajó desde el Reino Unido para dar inicio al campeonato y compartir detalles técnicos.

Organizado por Cerveza Patagonia, el torneo convocó a más de 70 participantes que se anotaron en la playa (aunque el cupo inicial era de 30). En la categoría profesional se registraron marcas de hasta 18 rebotes. En la amateur, dos competidores alcanzaron 15 y 17 impactos y clasificaron a la final. Y la sorpresa la dio este grupo: el ganador había comenzado en el cuadro amateur y se terminó llevando una estadía en OVO Patagonia Chaltén. Así, el sapito dejó de ser un desafío espontáneo para tener reglamento, jurado y premio (y posiblemente futuras ediciones en años próximos).

También en tierras sureñas, la Fiesta de la Esquila mide la competencia en lana y tijeras. En Río Mayo, Chubut, cada enero se celebra este evento nacido en 1984 para revalorizar la labor de los esquiladores y la producción ovina, motor económico de la región. La competencia evalúa la destreza bajo normas estrictas, muchas veces enmarcadas en el programa PROLANA. Y no se trata solo de velocidad. En las rondas clasificatorias los participantes suelen esquilar dos animales, y el jurado puntúa el equilibrio entre rapidez y calidad: que el vellón salga entero, que no haya cortes en la piel, que el trato sea el adecuado. Se aplican métodos como el Tally Hi, de origen australiano, o el Bowen, en el que el animal permanece suelto.

Con 39 ediciones cumplidas este enero, la fiesta se consolidó como uno de los encuentros más importantes del calendario patagónico. Participan esquiladores de Chubut, Río Negro, Santa Cruz y otras provincias, y en los últimos años creció también la presencia femenina, especialmente en hilado y tejido artesanal.

 

 

Ecléctica Costa Atlántica

Mientras tanto, en Mar del Plata la competencia adopta uniforme y bandeja. La 31ª Maratón de Mozos y Camareras de UTHGRA (Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina) se corrió el sábado 31 de enero entre el Torreón del Monje y el Hotel Hermitage y volvió a confirmar que la temporada también se juega en la rambla. La propuesta reunió a más de 600 mozos y camareras del sector hotelero y gastronómico en distintas categorías. El recorrido, ida y vuelta sobre la costa, es ya una postal clásica del verano marplatense. Tanto, que la modalidad no cambió en más de tres décadas: caminar a paso vivo, sin correr, con una bandeja que lleva botella y copas servidas. Gana quien llega primero con la bandeja intacta.

Organizada por la seccional Mar del Plata de UTHGRA, la carrera es un clásico con más de tres décadas de historia, interrumpido solo por la pandemia. Shows musicales, conducción de figuras de la temporada y la presencia de la Guardia Nacional del Mar completaron la escena este año.

 

 

También en zona de playa, el Concurso Nacional de Figuras y Castillos de Arena del Partido de La Costa es otro hito del verano bonaerense, organizado por la Municipalidad y abierto a participantes de todas las edades. Cada temporada, entre diciembre y marzo, las playas se transforman en un taller a cielo abierto donde familias y grupos de amigos compiten por originalidad, tamaño y trabajo en equipo, con pala y balde como únicas herramientas.

Las fechas rotan por localidades como Mar de Ajó, Santa Teresita, San Bernardo, San Clemente del Tuyú, Aguas Verdes y Las Toninas. La dinámica se repite: inscripción gratuita por la mañana en el parador municipal, construcción por la tarde y premiación al atardecer con trofeos, menciones y sorpresas. El jurado evalúa la creatividad y la estabilidad de las obras, pero también el cuidado del entorno, una condición central del reglamento.

 

 

Entre el hacha y el fuego

En Serrezuela, en el noroeste cordobés, el verano también tiene competencia y suena a metal contra madera. El Festival Provincial del Cuarzo celebró el 14 de febrero su 38ª edición en el Polideportivo Municipal, con un desfile de más de 150 jinetes, destrezas ecuestres, doma y música folklórica. Pero el momento más esperado no ocurrió sobre un caballo: aquí el plato fuerte es el concurso de hacheros y hacheras, un homenaje a los madereros que talaban quebracho para el ferrocarril.

¿Y de qué se trata? Los participantes enfrentan troncos de quebracho blanco colocados de pie y compiten por atravesarlos en el menor tiempo posible. La técnica exige fuerza y precisión. Se evalúa la velocidad, la limpieza de los golpes, el control del hacha y la seguridad. Hay categorías separadas para varones y mujeres, con diámetros de tronco distintos y rondas eliminatorias que duran apenas minutos, pero requieren semanas de preparación.

El público acompaña en silencio ese ritmo hipnótico del hacha que levanta astillas y tensión. Los premios en efectivo y los trofeos convierten la destreza en incentivo, aunque el verdadero premio es sostener una práctica que forma parte de la identidad serrana desde hace casi cuatro décadas.

 

 

Finalmente, en La Plata, el ritual adopta la forma de un muñeco gigante que arderá a medianoche. La Quema de Muñecos de Fin de Año es una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad y convierte la víspera del 31 de diciembre en un escenario de arte barrial. Las figuras, de hasta 15 metros de altura, representan personajes virales, sátiras políticas o íconos de la cultura pop. El armado comienza en noviembre, cuando vecinos levantan estructuras de caña y madera y las cubren con papel maché. El concurso oficial incluye votación online y premios en efectivo, lo que suma reglamento a un rito que nació como expresión espontánea en los 70. El fuego funciona como cierre del año y como escenario final de un torneo donde lo que se quema es, simbólicamente, lo que se quiere dejar atrás.