Lula (Bloomberg)
El batacazo de Lula: por qué ganó y qué significa para Milei
Lula venció a Flávio Bolsonaro y logró un cuarto mandato inédito. Frena la ola de derecha, pero confirma que un oficialismo puede reelegir.
Hace tres semanas, Lula da Silva parecía un presidente en retirada. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro lo había superado por casi dos puntos, 47% contra 45,1%, y el propio Lula admitió que no esperaba perder. Anoche, en el balotaje, dio vuelta la historia: ganó con el 51,76% contra el 48,24% y se convirtió en el primer presidente de Brasil elegido cuatro veces. Un batacazo con sello propio, a los 80 años.
Las claves de la remontada
La primera explicación está en el bolsillo. En el último tramo de la campaña, el gobierno aceleró una batería de medidas: un aumento del 15% en el Bolsa Família, que alcanza a unos 50 millones de personas, la refinanciación de deudas para los sectores de menores ingresos, créditos baratos y la eliminación temporal de impuestos federales a la nafta. A eso se sumó la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas sin baja salarial, una bandera tan popular que hasta Flávio terminó respaldándola.
También pesaron la seguridad, con un plan de 10.000 millones de reales, y la caída del 45% de la deforestación amazónica desde 2023, dos banderas que le permitieron disputar terreno al bolsonarismo.
La segunda clave fue el rechazo al apellido. Lula convirtió el balotaje en un plebiscito contra el bolsonarismo bajo la consigna “Nunca más Bolsonaro” y lo planteó como “una defensa de la democracia”. En la propia Casa Rosada reconocen que el voto de las mujeres y de los jóvenes fue decisivo, y que Lula supo captar buena parte de los votos que en la primera vuelta habían ido a otros candidatos. “El rechazo a Bolsonaro fue muy fuerte”, admitió un funcionario argentino.
El discurso de la victoria dejó claro el tono del cuarto mandato. Pasadas las 22 de la Argentina, junto a su vice Geraldo Alckmin, Lula definió la jornada como “una derrota del negacionismo, de la mentira” y denunció que tuvo que vencer “la intromisión que vino desde afuera a través de las plataformas digitales”. El mensaje más filoso tuvo destinatario en Washington: “Este país no acepta ser el patio de nadie”. Y cerró con una promesa a su estilo: “Voy a hacer el mejor mandato de la historia de este país”.
Un dique a la ola de derecha
El resultado tiene una lectura regional inmediata. En los últimos tres años, la derecha ganó la mayoría de las elecciones presidenciales del continente: José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Keiko Fujimori en Perú, Abelardo de la Espriella en Colombia y Nasry Asfura en Honduras, entre otros. Brasil era la gran pieza que faltaba para completar el mapa.
Con Lula reelecto, ese avance se frena. El eje progresista que forman Brasil, el México de Claudia Sheinbaum y el Uruguay de Yamandú Orsi conserva a las dos economías más grandes de América Latina. No es una contraofensiva de izquierda, pero sí la confirmación de un statu quo: la región sigue partida, y el gigante del Mercosur no cambia de bando.
Javier Milei había apostado abiertamente por Flávio, y anoche evitó saludar al ganador. Su silencio coincidió con la reacción de Flávio, que habló de fraude y sostuvo que “la votación debería ser anulada”. Para los analistas, la derrota de su aliado debilita la estrategia simbólica del Presidente, y la motosierra argentina incluso se usó en Brasil como advertencia contra la derecha.
Pero en la Casa Rosada no todo se lee en clave de derrota. Hay quienes creen que el triunfo de Lula le deja a Milei el lugar de aliado exclusivo de Donald Trump en Sudamérica, sin competencia en el país más grande de la región. Y con un adversario ideológico claro frente al cual seguir polarizando.
El aliciente de la reelección
El dato más interesante para el Gobierno es otro. Lula demostró que un oficialismo puede ganar una reelección aun con la economía bajo presión, el desgaste del poder y una primera vuelta perdida. Con herramientas de gestión, una campaña enfocada en el bolsillo y un rival al que el electorado rechaza, el gobierno que parecía vencido terminó imponiéndose.
Para Milei, que sueña con reelegir en 2027, la lección es doble. Por un lado, confirma que el poder sigue siendo una ventaja. Por el otro, advierte que los votos no se suman por afinidad ideológica: en un balotaje decide el rechazo. Y en ese terreno, la pregunta para la Casa Rosada es quién será el candidato que más rechazo genere del otro lado.
El cuarto mandato de Lula no será sencillo. El Partido Liberal de los Bolsonaro tendrá 121 diputados y 28 senadores, contra 70 diputados y 9 senadores del PT. La relación con Washington también es incierta, después de los aranceles de hasta el 50% que Trump impuso a Brasil en 2025 y que vinculó con el juicio a Jair Bolsonaro. Y la salud del presidente, que en diciembre de 2024 sufrió una caída y una hemorragia cerebral, seguirá siendo un tema de debate durante los próximos cuatro años.
Mientras tanto, del lado argentino, el peronismo festeja. Cristina Kirchner celebró que Lula “supo despertar sentimiento y sentido para ganar esta batalla”. Pero la euforia también es engañosa: Lula ganó desde el poder, con un liderazgo indiscutido y un candidato único. Exactamente lo que hoy le falta al peronismo argentino.