La viralización de imágenes de mujeres creadas con inteligencia artificial para simular que acompañan al candidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro abrió una nueva polémica sobre el uso de contenidos sintéticos en las campañas políticas. La controversia se disparó después de que una joven rubia apareciera en videos junto al dirigente ultraderechista durante un acto en Salvador de Bahía y acumulara cientos de miles de seguidores en redes sociales.
En la secuencia, lo que parecía mostrar a una militante real que acompañaba al candidato en sus recorridas terminó revelando una operación digital con una finalidad que iba más allá de la propaganda electoral: atraer público mediante una figura artificial y derivarlo hacia plataformas de contenido erótico pago. La protagonista del fenómeno fue presentada en las redes como Julia Berlli Cortez, también mencionada en algunas publicaciones como Julia Cortez.
En los videos aparecía descalza, con ropa corta y los colores de Brasil, bailando sobre un trío eléctrico junto a Flávio Bolsonaro, tomándose fotografías con el candidato y compartiendo escenas que simulaban una relación cercana con el entorno político. El material circuló con rapidez y llegó a sumar más de diez millones de visualizaciones, mientras su cuenta de Instagram alcanzaba aproximadamente medio millón de seguidores, según la cobertura de medios brasileños. Sin embargo, la mujer no era una simpatizante que hubiera sido filmada durante el acto: se trataba de un personaje generado con inteligencia artificial e insertado digitalmente en imágenes de acontecimientos reales.
El caso fue investigado por la BBC News Brasil, que identificó 37 perfiles de Instagram y TikTok que publicaban fotografías y videos de mujeres generadas mediante inteligencia artificial para expresar apoyo a candidatos presidenciales. La técnica empleada consiste en utilizar herramientas de inteligencia artificial capaces de generar personas inexistentes o modificar grabaciones reales para insertar en ellas una figura digital. En este caso, la apariencia de la joven —su rostro, su cuerpo y sus movimientos— se combinó con imágenes de actos políticos que sí habían ocurrido. El resultado es un video que conserva la apariencia de un registro espontáneo, pero altera un elemento fundamental: quiénes estaban efectivamente presentes.
Una investigación publicada por Página/12 incorporó un elemento adicional: la campaña de Flávio Bolsonaro habría desembolsado 600.000 reales a una empresa vinculada con herramientas de inteligencia artificial utilizadas en operaciones de influencia política. Ese dato abrió interrogantes sobre la relación entre los recursos de campaña, las empresas tecnológicas y la proliferación de contenidos artificiales.
El episodio se inscribe en una tendencia más amplia detectada durante las elecciones brasileñas de 2026. Según un relevamiento del proyecto VigIA, realizado por la agencia de verificación Lupa en colaboración con el laboratorio Recod.ai de la Universidad Estadual de Campinas, entre el 16 de agosto y el 28 de septiembre se analizaron 920 publicaciones políticas con uso confirmado de inteligencia artificial. De ese total, 554 correspondían a videos o imágenes del tipo deepfake. Solo 371 de las 920 publicaciones estaban correctamente identificadas como material producido con IA, mientras que 549 carecían del rótulo correspondiente.
La legislación brasileña establece restricciones al uso electoral de deepfakes y exige identificar los contenidos producidos o alterados mediante inteligencia artificial, con posibles sanciones cuando se incumplen las normas. La dificultad, como señaló el relevamiento de Lupa, es que una parte importante de estas publicaciones procede de usuarios comunes o cuentas anónimas, lo que complica la identificación de sus responsables y la aplicación de las reglas. La polémica de la llamada "Bolsonaro Bombshell" dejó así al descubierto una nueva frontera entre propaganda, entretenimiento y negocio digital.














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