Andy Burnham, Trump y Rubio (CEDOC)

El Reino Unido es un país meme

La nación que inauguró la era industrial discute hoy cómo pagar la calefacción. Crónica de una caída lenta que terminó convertida en meme.

En octubre de 2022 una lechuga sobrevivió a una primera ministra. Así, un diario británico transmitió en vivo la imagen del vegetal junto a la foto de Liz Truss. La apuesta consistía en saber cuál de los dos duraba más. La hortaliza ganó la competencia sin esfuerzo aparente, aunque la escena no fue una simple rareza periodística: en realidad funcionó como un diagnóstico nacional bastante preciso.

Un meme comprime una verdad incómoda hasta volverla portátil. Resulta cruel porque suele acertar, y el Reino Unido se convirtió en uno de ellos. El mundo lo observa con una mezcla de lástima y diversión porque la vieja grandeza del imperio quedó reducida a una imagen viral.

La economía británica creció apenas 0,4% en 2023 y en 2024 avanzó otro magro 1,1%. El ingreso por habitante permaneció congelado durante casi 20 años y, al momento de medirlo en 2025, equivalía al 71% del estadounidense. En 2003, en cambio, alcanzaba el 81% de aquella referencia. La brecha entre ambas economías se ensancha cada año.

La comparación más humillante llegó desde el otro lado del Atlántico. Frente a los 50 estados norteamericanos, el reino quedó último en 2025: hasta Alabama superó a la antigua metrópoli imperial. El ingreso británico por persona rondó los 60.010 dólares ese año. El de Alabama trepó hasta los 60.265 dólares. La vieja potencia ya no alcanza al estado más pobre de su antigua colonia.

Los mercados financieros confirman el veredicto. Durante la última década el índice FTSE 100 retrocedió 1%, mientras el S&P 500 creció 183% en idéntico lapso. Entre tanto, en 2024 unas 88 empresas abandonaron la bolsa de Londres. Es decir: el dinero no discute esas cosas en voz alta, solo recoge sus pertenencias y se marcha.

El capital se fue además acompañado de sus dueños. En 2025 la isla perdió cerca de 16.500 millonarios, según la consultora Henley & Partners. Esos emigrados se llevaron casi 92.000 millones de dólares consigo. Ningún otro lugar del mundo registró una fuga semejante. Estados Unidos, en cambio, sumó millonarios y capital fresco. El patrimonio vota siempre con los pies, y esta vez votó por la salida.

La vida política británica aportó su propia cuota de espectáculo. Desde 2016 ocuparon el cargo de primer ministro seis dirigentes distintos y ninguno de ellos terminó su mandato con la autoridad intacta. La nación que perfeccionó el parlamentarismo moderno rota líderes como quien cambia de canal.

El episodio más comentado fuera de la isla fue otro distinto. La policía británica detiene a más de 30 personas por día por mensajes ofensivos en internet. Solo en 2023 esas detenciones superaron las 12.000 personas. Casi ninguna termina en condena firme. Por su parte, agentes armados arrestaron en Heathrow a un guionista irlandés por tres publicaciones. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, citó al reino como ejemplo de libertad amenazada. La tierra que dio al mundo a Mill y a Orwell ahora persigue mensajes incómodos.

La base material del territorio también se desmorona sin pausa. Gran Bretaña paga la electricidad industrial más cara del G7: el precio supera en casi cuatro veces al estadounidense. Con semejantes costos ninguna industria pesada sobrevive mucho tiempo. Tampoco prosperan los sectores del futuro, como la inteligencia artificial o las baterías. Los últimos altos hornos cerraron uno detrás del otro y la producción nacional de acero cayó a 4 millones de toneladas en 2024. Ese mismo año la isla apagó su última central de carbón. El gesto ocurrió 142 años después de que Londres encendiera la primera planta del planeta. Así, la nación que inauguró la era industrial la clausuró en silencio.

Un imperio se midió alguna vez por sus flotas y sus fábricas; su heredero se mide ahora por la prisa de sus ricos al partir. La decadencia rara vez resulta estruendosa o repentina. Avanza despacio durante años y un día cualquiera se vuelve chiste. El meme no inventa esa caída prolongada, solo la fotografía con una nitidez insoportable.

El Reino Unido todavía canta Rule, Britannia cada verano en el Royal Albert Hall. La orquesta suena tan impecable como en los viejos tiempos. Afuera, la nación que gobernó una cuarta parte del mundo discute cómo pagar la calefacción. Esa distancia entre el himno solemne y la factura mensual define al meme. Nadie se burla jamás de un territorio pobre: la gente se ríe de quien olvidó que dejó de ser rico.

Las cosas como son.

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