China es autosuficiente, esta frase es verdadera y tramposa a la vez. Es autónoma en lo que ya sabe hacer, pero no lo es en lo que viene.
Hacia mediados de 2026 quedó claro que China fabrica sin permiso ajeno una porción creciente de sus chips. Morgan Stanley situó esa autosuficiencia cerca del 40% y proyectó un 85% para 2030. El número que se repite es una proporción y esta puede subir mientras la distancia absoluta crece. Ese es el centro del dilema, porque quien mide el cociente celebra pero quien observa la frontera advierte lo contrario.
Tres muletas que no son suyas
La autosuficiencia china se apoya sobre tres soportes extranjeros. El primero es el software de diseño; Synopsys, Cadence y Siemens controlan cerca del 80% de ese mercado en China. Y en mayo de 2025 Washington les ordenó cortar la venta, luego en julio lo revirtió, dentro de un acuerdo por tierras raras. Seis semanas separaron una cosa de la otra, entre tanto, según un analista de Counterpoint, estas herramientas no se sustituyen y son el cimiento del diseño de chips. En abril de 2026 el Congreso estadounidense empujó una norma para restringir incluso los equipos de litografía ultravioleta profunda y su mantenimiento. Una capacidad que el rival apaga con una carta es una licencia revocable.
El segundo soporte es la máquina. La litografía ultravioleta extrema, la tecnología de punta, sigue vedada para China. La fabricante de semiconductores de ese país, SMIC, quedó clavada en el nodo de 7 nanómetros tras la limitación de acceso sólo a técnicas del pasado. Su intento de actualizarse con nodos más modernos de 5 nanómetros corre con rendimientos por debajo del 20%. Por lo tanto, está dos o tres generaciones detrás de la taiwanesa TSMC, y su capacidad de nodo avanzado ronda las 10.000 obleas por mes, una fracción de la taiwanesa. Por otra parte, TSMC llevó el nodo de 2 nanómetros a producción en volumen en 2025 y apunta a 1,4 nanómetros para 2028. Huawei recién promete un equivalente a 1,4 nanómetros para 2031. El que persigue corre, pero quien tiene la delantera avanza más rápido.
El tercer soporte es la memoria. China acumuló unos 13 millones de módulos de memoria de alto ancho de banda, casi todos de Samsung, antes de que se cerraran los controles. El reemplazo doméstico no alcanza. La china CXMT produciría cerca de 2 millones de módulos en 2026, suficiente para unos 250.000 a 300.000 paquetes tipo Ascend, mientras SMIC puede entregar matrices para más de un millón. La traba no es el cerebro, sino la memoria que lo alimenta. Sin ella, el chip más veloz se queda esperando datos
El precio
Una industria descansa sobre su rentabilidad, sin embargo esta se apoya sobre el tesoro público. Según la OCDE, las subvenciones estatales representaron algo más del 40% de los ingresos de SMIC entre 2014 y 2018, con retornos por debajo de mercado sostenidos durante años. China designó a sus campeones sin exigirles la demostración de resultados. Y volcó cerca de $142.000 millones de dólares en una década, 3,6 veces el programa estadounidense equivalente. El esfuerzo de investigación marca la otra brecha. Las firmas estadounidenses reinvierten en promedio 17,7% de sus ventas, al tiempo que las chinas, 9,2%. Un aparato que necesita fondos estatales para una parte grande de cada peso no es del todo una industria, sino una política. Por lo tanto, funciona mientras haya con qué pagarla.
Entre tanto, la carrera de chips termina en los drones, satélites, sistemas de alerta temprana o la guerra electrónica. El cómputo es el insumo silencioso de todos ellos y quien domina la frontera del silicio lidera, una década después, la calidad de su radar y la autonomía de su enjambre aéreo. NVIDIA conserva más del 90% del mercado mundial de procesadores gráficos. Los aspirantes chinos, Ascend de Huawei, Cambricon, T-Head y Moore Threads, siguen rezagados en desempeño puro. Si China queda fija en el nodo actual, el rezago no se queda en el laboratorio, sube por la cadena hasta el cielo.
El reloj interno
El tiempo, esta vez, no es neutral. El sector inmobiliario chino entró en su cuarto año de corrección; los precios cayeron 20% y Goldman, un banco, ve otro 10% hasta tocar fondo en 2027. El índice de precios al productor encadenó decenas de meses en baja. Por su parte, la inversión en activos fijos retrocedió y la privada cayó más todavía. Entre tanto, las ventas a Estados Unidos se desplomaron cerca de 29% en el tramo final de 2025, aunque el superávit comercial global se mantuvo cerca de $1,1 billones de dólares gracias a la diversificación hacia otros mercados. Xi eligió la producción y la tecnología por encima del consumo. Y esta es una decisión, no un accidente.
El Partido Comunista sostiene un contrato por el que entrega prosperidad y recibe estabilidad. La deflación y el desempleo juvenil erosionan el primer término del acuerdo. El subsidio a la frontera tecnológica compite por los mismos recursos que la vivienda, la jubilación y el empleo. La pregunta del trimestre es cuánto tiempo aceptará China pagar a pérdida sin tocar el otro lado de la balanza.
La Luna funciona como el trimestre en miniatura. A comienzos de 2026 Estados Unidos envió a cuatro astronautas a rodear el satélite y traerlos de vuelta, la primera misión humana de ese alcance desde 1972. China mostró pruebas de su cohete Long March 10 y de su módulo de descenso, todavía en tierra, y prometió un alunizaje tripulado para 2030. Una potencia exhibe astronautas, la otra presenta ensayos y un calendario. La capacidad real todavía no coincide con lo narrado, y esa distancia entre el hecho y el anuncio es ella misma un campo de batalla.
China gana en volumen de lo conocido. Fabrica más de lo que producía, depende menos en los nodos maduros y blinda su economía contra el interruptor ajeno. Estados Unidos gana en la frontera y la ensancha. Cada generación nueva de TSMC y de NVIDIA incrementa la diferencia. La autosuficiencia china es genuina y mide soberanía, no poder. Es dominio sobre chips inferiores, sostenido con herramientas que no controla, financiado con un tesoro que envejece. La frontera se aleja y por una vez el reloj tiene dueño.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.















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