Friday 18 de September, 2026

MUNDO | Hoy 08:11

Cruje el mapa británico

Los líderes de Gales, Escocia e Irlanda del Norte acuerdan avanzar hacia la desaparición del Reino Unido. Algo que alienta Donald Trump y celebra Vladimir Putin.

Las últimas décadas agotaron la capacidad de asombro. La humanidad vio a un Papa bajarse del trono de Pedro, vio aviones de pasajeros entrando como puñales en rascacielos de Manhattan y vio desaparecer de una día para otro a la Unión Soviética. Aún así, que desaparezca Gran Bretaña parece inconcebible.

Como también parecía inconcebible que Rusia invadiera Ucrania y que a la Casa Blanca llegara por segunda vez un personaje que acabó su primer mandato intentando un golpe de Estado mediante un ataque multitudinario al Capitolio, está claro que nada se puede descartar en esta reconfiguración del orden mundial. Ni siquiera la desaparición de un Estado cuya existencia ha sido mucho más larga y exitosa que la de la desaparecida URSS.

Eso es lo que esbozaron en su encuentro los jefes de gobierno galés, escocés y norirlandés. Se reunieron para impulsar una suerte de revolución celta que ponga fin al Reino Unido. El final de un Estado plurinacional que dio su primer paso en el siglo 16, avanzó velozmente en los dos siglos siguientes y quedó definitivamente conformado como lo está actualmente en la tercera década del siglo pasado.

Carlos y Donald Trump

No se reunieron en carácter de gobernantes de Gales, Escocia e Irlanda del Norte, sino como líderes del Plaid Cymru, el Partido Nacional Escocés y el Sinn Fein, las fuerzas políticas nacionalistas que están gobernando esas naciones que, junto a Inglaterra, conforman Gran Bretaña.

Como fuere, el hecho de que se hayan reunido el galés Rhun ap Iorwerth, el escocés John Swiney y la norirlandesa Michelle O’Neill a tratar la posibilidad de independizarse de manera simultánea es el crujido más atronador que ha tenido el agrietado mapa británico.

Por primera vez sobrevuela el archipiélago la posibilidad de desintegración del Estado conformado por cuatro naciones. O sea, el fin del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Una posibilidad que entusiasma al jefe de la Casa Blanca y se ajusta al plan del líder del Kremlin.

Si el acuerdo alcanzado en la reunión de Cardiff tuviera éxito y los líderes que lo acordaron alcanzaran el objetivo, desaparecería el Estado que comenzó a conformarse cuando el reino de Gales se integró a Inglaterra en el siglo 13, aunque la formalización de ese proceso quedó instituido como unidad legal en 1536.

Fotogaleria La policía se reúne para enfrentarse a los manifestantes junto a una hoguera prendida en las calles durante una manifestación antiinmigración en Ballymena, Irlanda del Norte

En el siglo 17 se daría otro gran salto al acordar Londres y Edimburgo la “Unión de la Corona”, que estableció un rey para dos reinos: Inglaterra y Escocia. El siguiente paso llegó en 1707 con la firma del Acta de Unión  que conformó el Reino de Gran Bretaña.

En ese espacio estaba también Irlanda, pero en 1922 la lucha del Irish Republican Army (IRA) logró lo que deseaba la mayoría católica y republicana de ese territorio, separándose del Estado británico y naciendo la República de Irlanda, aunque la mayoría protestante en seis condados del Ulster logró permanecer en el Reino Unido.

Desde entonces, el mapa británico ha sido el que ahora exhibe grietas que amenazan con romperlo.

Las tensiones internas de las últimas décadas lo agrietaron y el Brexit potenció el deseo secesionista de galeses, escoceses y norirlandeses, cuya voluntad de reintegrarse a la Unión Europea es más fuerte que la de los ingleses. Esas naciones celtas que votaron “remain” se sintieron arrastradas por el voto pro-Brexit de los ingleses.

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A eso se suman la guerra hibrida de Putin, quien se valió de operaciones cibernéticas del GRU (inteligencia militar de Rusia) para potenciar el Brexit, y el accionar de Donald Trump, movido por la furia contra Europa y por su eterna funcionalidad al jefe del Kremlin.

El clima creado por Trump se sumó a las tensiones que sacuden al Reino Unido desde la salida de la UE. Galeses, escoceses y norirlandeses son partidarios de regresar, deseo también dominante pero de manera más tenue en Inglaterra. A eso se suma que los partidos nacionalistas son los que gobiernan Gales, Escocia y el Ulster.

Si logran lo que se tramó en la reunión de Cardiff, dejará de existir el estado británico. El objetivo de máxima que se ha propuesto Trump y el mayor deseo de Putin. Quizá la peor noticia para Londres es la participación de Gales en esta iniciativa rupturista, dado que ese territorio se sumó a Inglaterra en el siglo 13, aunque la unión legal se dio doscientos años más tarde.

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El acercamiento con Escocia comenzó en 1603, cuando Londres y Edimburgo acordaron la Unión de las Coronas, con un rey para ambos reinos que en el siglo 18 firmaron el Acta de Unión creando Gran Bretaña.

Irlanda se separó en 1922, convirtiéndose en república, pero los seis condados norirlandeses con mayoría protestante permanecieron en el Reino Unido.Desde entonces, Gran Bretaña ha estado conformada por ingleses, galeses, escoceses y norirlandeses. Eso es lo que podría llegar a su fin.

El encuentro en Cardiff seguramente alegró a Trump y entusiasmó a Puntin. El presidente norteamericano hace todo lo que perjudique a Londres mientras que, para el jefe del Kremlin y su geopolítica apuntada a debilitar Europa y ponerla a la sombra de Moscú, la disolución del Reino Unido sería un logro aún mayor que el Brexit.

Días antes de la cumbre celta en la capital galesa, Trump dijo en Dublin y repitió en la Isla Esmeralda que “la reunificación de Irlanda sería un acontecimiento fantástico”. La palabra grandilocuente habitual en la limitada retórica de Trump, ciertamente cayó como una bomba en Westminster. Una bomba más de las que ya lleva arrojada el magnate neoyorquino contra el principal aliado europeo de Estados Unidos desde que acabó la guerra de independencia.

Brexit

En su primer mandato, el jefe de la Casa Blanca actuó abiertamente a favor del Brexit. La razón fue su adhesión a Rusia y sus lazos con Niegel Farage (ideólogo del Brexit y paladín de la ultraderecha inglesa) así como también con el ala dura del Partido Conservador.

Ahora, lo moviliza la indignación que le causó el rechazo europeo a apoyar su guerra contra Irán, que incluyó la negativa de Londres a autorizar el uso de las bases norteamericanas en territorios británicos.

Como perder las islas del Atlántico Sur también debilitaría a Londres, el presidente norteamericano seguirá dando pasos en esa dirección, al menos mientras el gobierno británico esté en manos del centroizquierdista Partido Laborista.

En ese sentido fue la frase de Trump que reforzó la expectativa argentina, al advertir sobre el riesgo de una guerra catastrófica para ambas partes.

Esta es la parte de la furia contra Londres que da a la Argentina una chance de recuperar Malvinas. Aunque la incipiente rebelión celta, de concretarse y ser finalmente aceptada por Londres, sentaría un precedente a favor de la autodeterminación kelper.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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