Taxi Driver (CEDOC)

50 años de "Taxi Driver": el film que consolidó al antihéroe urbano

La obra maestra protagonizada por Robert De Niro y Jodie Foster, dirigido por Martin Scorsese, se convirtió en una de las cintas más trascendentales de Hollywood de todos los tiempos. ¿Por qué no ha perdido vigencia?

En los cines de Estados Unidos, un 8 de febrero de 1976, se estrenó "Taxi Driver", un film de profundo impacto social y dramático que inspiró a generaciones y retrató como nunca antes a la New York más decadente de mediados de los 70.  El drama psicológico sobre la alienación urbana, dirigido por Martin Scorsese y escrito por Paul Schrader, narraba un fragmento en la vida de Travis Bickle, un joven veterano de Vietnam convertido en taxista nocturno en una ciudad sumergida en la violencia explícita y, también, contenida. 

Cincuenta años después, el quinto film del cineasta italo-americano sigue siendo objeto de análisis y celebración en todo el mundo. El American Film Institute lo incluyó de forma permanente en múltiples listas de películas esenciales para ver y ha organizado ciclos especiales para conmemorar su medio siglo de vida cinematográfica.  Desde su debut, el relato interpretado por Robert De Niro inspiró a millones de espectadores, futuros actores y jóvenes realizadores exponiendo en pantalla grande una exploración visceral de la alienación, la violencia contenida y la incapacidad de conexión humana.

En ese aspecto, la cinta marcó un antes y un después en la manera de narrar historias urbanas en el cine estadounidense moderno e industrial. Scorsese ya había transitado anteriormente por el universo citadino de la psicología social y la marginalidad en su ópera prima “¿Quién llama a mi puerta?” (1967), que fue su primera colaboración con Harvey Keitel, y luego en “Mean Streets” (1973), la primera colaboración creativa con Robert De Niro. Pero, a diferencia de las anteriores, el guion de Paul Schrader ofrecía un universo atmosférico más confrontativo y representativo de la Gran Manzana.

Si bien el director había hecho trabajos notables, como “Boxcar Bertha” (1972) y “Alicia ya no vive aquí” (1974), no había alcanzado el reconocimiento masivo hasta ese momento. Taxi Driver significó su primer éxito crítico, comercial y cultural, posicionándolo como uno de los grandes maestros visionarios del cine contemporáneo. Quién, en su momento, llegó hacer un espectador de cineclubes y estudiante de la carrera de cine de la New York University, con una vocación de convertirse en sacerdote de la Iglesia Católica; se transformó en un ícono de la dirección cinematográfica a los 33 años, inspirando a los cineastas de las décadas posteriores en todo el mundo. 

Para De Niro, interpretar a Travis fue un punto de inflexión profesional. Trabajó durante semanas como taxista real para absorber los detalles del oficio y dar autenticidad a su personaje. Las distintas facetas del proceso psicológico que el actor utilizó en el film, lo catapultó como un intérprete de carácter.  Desde la frase frente al espejo, “¿Estás hablando conmigo?”, que se convirtió en una de las líneas más emblemáticas de la historia del cine, hasta la secuencia de la masacre contra la red de proxenetas, en el que el artista desenvuelve a su personaje como si fuese un cangrejo enfurecido; fueron reseñas de su estilo de actuación, promovido por el método instruido en el Actor's Studio. El papel le valió una nominación al Oscar al Mejor Actor.

Una joven Jodie Foster, con solo 12 años durante el rodaje, interpretó a Iris, la prostituta adolescente rescatada por Travis. Su labor actoral generó una gran controversia y al mismo tiempo admiración, lo que le valió una nominación al Oscar como Mejor Actriz de Reparto a una muy temprana edad. En entrevistas, años después, la actriz ha contado que, al conocer a De Niro en el set, lo encontró “la persona menos interesante del mundo”, debido a su inmersión total en el personaje, lo que más tarde reconoció en la importancia y la dedicación actoral en tiempos de rodaje. 

Harvey Keitel también vio su carrera fortalecida tras el estreno, consolidándose como presencia imprescindible en roles complejos y a menudo moralmente ambiguos. Al principio, se lo consideró  para otro rol, el de ayudante de campaña del senador Charles Palantine, pero Keitel no aceptó y propuso asumir el personaje del proxeneta Sport. Si bien en el libro ese papel era para un actor afroamericano, la convicción del actor convenció al guionista Paul Schrader, que procedió a modificar al personaje en tan solo unos dias. A pesar de que inicialmente tenía muy pocas líneas de diálogo, la interpretación es considerada fundamental por la humanidad y crudeza que aportó. 

Dentro de los diversos rumores y anécdotas sobre la producción del film, Cybill Shepherd en su papel de Betsy, llevó la peor parte de todo el elenco. En muchos testimonios se la ha caracterizado a la actriz como una persona fría y distante en el rodaje. En su momento, se había ventilado que hubo una propuesta de cita, por parte de De Niro, durante el rodaje que la coprotagonista rechazó de manera contundente. Lo cierto es que los dos actores no se hablaban, excepto cuando estaban actuando como sus personajes.La actitud disgusto a Martin Scorsese en el set y fue su única colaboración con el realizador. 

Más allá de todos los rumores, lo cierto es que la película obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el mayor reconocimiento del prestigioso certamen, además de sus cuatro nominaciones al Oscar: Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Banda Sonora. El impacto cultural se sintió a nivel internacional a tan solo pocos años de su estreno, que fue incluida en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por su importancia histórica años más tarde. La crudeza del retrato urbano y el tratamiento sin concesiones influyeron en generaciones de cineastas, desde directores independientes hasta figuras como David Fincher, realizador de "Fightclub", o Todd Phillips, cuyo "Joker" dialoga con la misma moral ambigua de Travis. 

Para muchos críticos, la obra abrió un camino para que cineastas explorarán personajes antiheroicos y cuestionarán los ideales de justicia y redención típicos de narrativas más tradicionales. Scorsese ha defendido siempre que Travis no es un héroe, sino un hombre mentalmente inestable cuya violencia no debe ser imitada ni celebrada. Incluso, puntualizando que cualquier interpretación diferente “no está en la película, sino en quien la ve”. El dilema moral del final de Taxi Driver, donde la violencia extrema del protagonista es vista por la sociedad como un acto heroico, sigue siendo debatido por críticos y académicos como una reflexión compleja sobre la legitimación social de la violencia.

En un análisis que cruza el cine con la espiritualidad, varios estudios han señalado que en la película se articula elementos profundos del catolicismo, donde se busca una purificación violenta que refleja una redención distorsionada, más que una reconciliación con el pecado y su mundo. Tras cinco décadas, la celebración del aniversario ha reactivado viejos debates, tanto sobre la ética de las representaciones cinematográficas como sobre el legado de Scorsese y su forma de capturar la lucha interna de personajes extremos. 

Probablemente, ese sea la razón de por qué cincuenta años después, Taxi Driver no solo celebra su estreno original, sino que reafirma su lugar en la historia del cine como una obra que sigue inspirando, inquietando y desafiando a públicos y cineastas por igual. En pleno 2026, el largometraje no ha perdido ni un gramo de vigencia y, a pesar de los saltos tecnológicos, los miedos y presiones personales en cada uno siguen presentes, como hace cinco décadas. 

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