Bodega Huentala Wines. (Huentala Wines)

Dos vinos de un terroir excepcional premiados en Londres

Son de Huentala Wines, la bodega que impulsó la creación de un ecosistema de hotelería, gastronomía y arte. El visionario detrás del proyecto.

Hay proyectos que nacen solo para vender y otros que se construyen alrededor de una manera de mirar el mundo. Grupo Huentala pertenece a la segunda categoría. Lo que comenzó como una empresa ligada a los sectores financiero y fintech se transformó, de la mano de Julio Camsen, en un ecosistema donde conviven hotelería, gastronomía, arte, turismo y vino. Hoy el grupo cuenta con tres hoteles en Mendoza, ubicados en el kilómetro cero de la ciudad, conectados entre sí; varios restaurantes, entre ellos La Cabrera, cuya sede mendocina se encuentra entre las tres mejores del mundo, y Rastro, la propuesta gastronómica de Huentala Wines, una bodega con un terroir excepcional que acaba de volver a poner a la Argentina en el mapa internacional.

 


Premiados

A trece años de haber elaborado su primer vino, Huentala Wines se convirtió en la bodega argentina más premiada en concursos de cata a ciegas. En la edición 2026 del International Wine Challenge (IWC) de Londres, uno de los certámenes más prestigiosos y rigurosos del mundo del vino, dos de sus etiquetas alcanzaron resultados extraordinarios: Huentala Calizo Albar Block 06 2023 obtuvo 97 puntos y Gran Sombrero Malbec 2024, 96.

 

 

“Estos concursos son muy competitivos porque son 100% a ciegas y hay muchas copas con las cuales competir para llegar. Lo que más nos sorprende es Gran Sombrero: 96 puntos para un vino de 23.000 pesos (15 dólares), no existe en el mundo”, dice Julio Camsen. Gran Sombrero sin dudas desafía la lógica de los grandes vinos asociados exclusivamente a precios elevados.

Pero este no es un logro aislado. En 2021, 2023 y 2025 la bodega también obtuvo importantes reconocimientos en el mismo concurso, una regularidad que habla menos de una sorpresa y más de un camino recorrido.

 

 

 

Un visionario

Aunque su formación profesional no se desarrolló dentro del mundo del vino, Julio Camsen encontró en él un proyecto de vida. En 2002, cuando Gualtallary apenas empezaba a asomar como una zona privilegiada, encontró un terruño virgen a 1.400 metros y lo señó con la condición de encontrar agua. La encontraron. Y esa decisión terminó siendo el punto de partida de todo lo que vino después, incluyendo estas importantes premiaciones.

 

 

“Son los logros que nos imprimen fuerza porque el negocio del vino no es un negocio rentable, es un negocio pasional -dice Camsen-. Nosotros hacemos un producto a fuerza de pasión y amor por el vino”.

La frase no es un slogan. Alcanza con recorrer el proyecto para entender que la bodega nunca fue pensada de manera aislada. El vino es el centro, pero alrededor suyo gira una propuesta mucho más amplia que incluye hospitalidad, gastronomía, arte y experiencias.

Según explican quienes están detrás de estos logros, los resultados internacionales no solo dependen del equipo enológico, sino también de una combinación única entre altura, suelo y ubicación geográfica. “Allí mismo tenemos la huerta familiar y los vegetales tiene un color y un aroma exuberantes. Y eso mismo pasa con la uva. Esa altura y esa conformación de los suelos son un combo perfecto para que salgan estas ‘bombas’, con un color violeta explosivo”, afirma Camsen.

A partir de un estudio de suelos elaboraron un mapa detallado del viñedo y definieron tres perfiles principales: sectores completamente arenosos, otros con una capa superficial de arena y un fondo de piedras cubiertas de carbonato de calcio y pequeñas “islas” de “explosiones” de roca calcárea, de enorme concentración mineral. De esas diferencias nacen vinos con distintos perfiles: Gran Sombrero proviene del segundo tipo de suelo, que es el sector más productivo; mientras que Calizo surge de esas pequeñas islas excepcionales que requieren un trabajo casi artesanal.

 

La enología interpretativa

Traducir ese paisaje a una botella es el trabajo del enólogo José “Pepe” Morales. “El Malbec es un traductor de terroir. Es el que más acusa las diferencias: si le cambiamos alguna condición, cambia la forma de expresarse. Eso no pasa tanto con otras cepas”, dice Morales.

En Huentala practican una enología interpretativa: no buscan imponer una receta sino leer cada cosecha y adaptarse a ella. La decisión más importante de Morales es definir cuándo cosechar. A 1.400 metros de altura, el clima cambia constantemente y obliga a una observación permanente. “La 2026 fue una de las mejores cosechas de los últimos 20 años. Hubo sol, lluvia, humedad, frío, nieve y helada en toda la provincia. Cuando cosechamos estuvo muy soleado y eso redondeó a la uva. Le dio un sabor maravilloso”, dice el enólogo.

 

 

En pleno centro de Mendoza, el Curio Collection by Hilton alberga una rareza: una bodega experimental donde los huéspedes pueden participar del proceso de elaboración del vino a partir de uvas llegadas de Gualtallary. Allí elaboraron Serie Urbana, una edición especial de tres botellas que saldrá al mercado en agosto, compuesta por vinos elaborados a partir de una misma base, pero criados en distintos materiales: madera, concreto y arcilla. La propuesta invita a descorchar las tres botellas juntas y descubrir cómo cambia un vino según dónde fue criado.

 

Gastronomía y arte

Junto al maravilloso La Isabel Estate de Gualtallary, en Valle de Uco, la experiencia del vino se expande en Rastro by Huentala Wines. Más que un restaurante, es un proyecto cultural cuya cocina, creada con el asesoramiento del chef Sebastián Weigandt -ganador de una estrella Michelin por su proyecto Azafrán- está inspirada en productos y recetas heredados de las distintas corrientes inmigratorias que construyeron la Argentina.

 

 

El menú completo con vinos es uno de los más accesibles de la región y quienes se alojan en los hoteles del grupo cuentan con traslado gratuito para disfrutar la experiencia.

“El turismo que está llegando hoy a Mendoza es más selectivo, va en búsqueda de experiencia”, afirma Camsen. La respuesta a esa nueva demanda se luce en toda la finca.

Desde 2019, la bodega tiene un parque de esculturas a cielo abierto. Allí conviven una monumental obra dedicada a los zorros de la región, la hormiga “Perspectivas”, una pieza de nueve toneladas que reflexiona sobre la dimensión humana y el trabajo colectivo, creada por Orlando Leytes; y Sonitus Huentala, la obra interactiva del artista Daniel Papaleo que responde a la voz de los visitantes.

Todo converge en La Isabel Estate: la fuerza del terroir, la precisión de la enología y una manera particular de entender el vino como una forma de arte. Porque en Huentala el vino nunca fue solamente una bebida. Desde el principio, fue una pasión convertida en proyecto.