Trabajadores cortan carne en el frigorífico H&H de Buenos Aires. Junto con su vecino Uruguay, Argentina sigue siendo líder mundial en consumo de carne, pero nunca había comido tan poco: la relación histórica, casi identitaria, de los argentinos con la carne está experimentando un cambio lento y profundo, perdiendo protagonismo, con un futuro centrado en la exportación. (LUIS ROBAYO / AFP)

El fantasma de la inflación: un piso duro de perforar

Si bien la inflación anual de 2025 fue la más baja en 8 años, desde mayo vino subiendo y se complica la desaceleración.

El año 2025 cerró con un dato que, aunque previsible, abre la puerta para interpretaciones diversas. La inflación minorista, que marca el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que elabora el INDEC, arrojó un alza de 2,8% a nivel nacional, lo que implica una suba de los precios promedio de 31,5% interanual. Un valor que hasta hace poco más de un año parecía una utopía pero que también refleja las dificultades para encarar una segunda fase en la desinflación de la economía.

Radiografía mensual. El comportamiento de los precios en diciembre acentuó lo que se insinuaba desde octubre: el último trimestre mostró un crecimiento de los rubros en los que pesan las tarifas de servicios públicos (Vivienda, Transporte) y de los Alimentos, sobre todo por subas estacionales en los productos frescos, pero sobre todo por el salto que evidenció la carne vacuna, con todo lo que arrastra. En concreto, el último mes del año, la división de mayor aumento en el mes fue Transporte (+4,0%), seguida de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (+3,4%).

El futuro llegó

Las proyecciones arrojan para enero una cifra parecida, pero con leve tendencia a la baja. El estimador RPM que elabora la consultora Eco Go la sitúa en el orden del 2,3% mensual, al sumar la variación de los alimentos consumidos fuera del hogar (1,3%), el índice general de alimentos se ubica en 2,4%. ​A pesar de que los alimentos consumidos dentro del hogar registraron una suba levemente superior a la prevista, la reducción en la proyección de los consumidos fuera del hogar, junto con la estabilidad del resto de los precios, contribuyó a que el indicador se mantuviera en línea con la semana anterior.

A su vez, para el seguimiento que realiza otra consultora líder, C&T, esperan una inflación más baja para enero, pero con algunas diferencias estacionales (por ejemplo, con fuerte incidencia del turismo en la canasta total). Para su directora, la economista María Castiglioni, como también pasó en noviembre, la carne tuvo un peso muy relevante, en esta ponderación que pesa más que lo que lo hará en el futuro con la nueva canasta que está lanzando el INDEC. Es que la carne está dentro del componente de la “inflación núcleo” y no en la “estacional”; aumentó en torno al 8% y su incidencia es del 7% del total. El consumo de carne por persona en Argentina es de 50 kilos por año (+5,6% con respecto a 2024), un nivel que viene bajando desde hace medio siglo pero que, sobre todo, refleja el cambio de precios relativos entre los diferentes productos cárnicos y los hábitos alimentarios, que se interrelacionan entre sí. En total, sumando la carne aviar (46 kg.) de cerdo (18 kg y con 7,8% el de mayor crecimiento anual) y oveja o caprino (distribuido según las zonas), llega a la asombrosa cifra de 114 kilos, lo que convierte al país en uno de los cinco con más consumo por persona.

En este punto hay que destacar que el precio final de la carne es el punto final de una cadena de producción que involucra un ciclo ganadero de entre 2 y 3 años pero que se inscribe en otro más prolongado de generación de un stock ganadero que lleva mucho más. El especialista Miguel Gorelik, autor del newsletter Valor Carne, destaca que durante 2025 la carne vacuna fue tomando un protagonismo, como hacía tiempo que no se veía. “El año cierra con una faena y una producción muy similares a las de 2024. Unidas a una menor exportación, influida por un mal arranque del año, muestra, por ende, un pequeño aumento en el consumo per cápita, que soportó una valorización importante de la hacienda y, en menor medida, de los precios en el mostrador”, detalla.

Panorama

En concreto, reseña que el precio real (deflacionado) del novillo en Cañuelas (donde está el principal mercado concentrador de hacienda) dibujó una V perfecta desde el pico aislado de diciembre de 2023 ($4.400 de hoy), justo en un mes de cambio de gobiernos plagado de incertidumbres y desequilibrios macroeconómicos, pasando por los $2.700-2.800 de septiembre-noviembre de 2024 y volviendo a los casi $4.100 de diciembre de 2025.  Este valor, sólo es superado en la serie histórica por 12 registros mensuales entre fines de 2020 y mediados de 2022 y el valor presente está a menos de 8% del máximo, lo que significa que no está muy lejos. Es decir, estamos con un precio alto en términos históricos”, concluye.

Intangibles. El otro rubro que mostró comportamientos peculiares es el de servicios públicos (que se fueron actualizando con subas en términos reales a medida que se desaceleraba la inflación) y que afecta a sectores como Vivienda y Transporte en forma directa. Castiglioni afirma que es un proceso que se viene dando desde hace tiempo en que los servicios crecen más que los bienes y en particular, el de las tarifas porque están recuperando el terreno que dejó la política de precios subsidiados como herramienta de compensación de ingresos. En el caso de los servicios privados, también hubo un rezago en la actualización, pero está más alineada con una demanda creciente. En ese sentido, el economista Fernando Marull destaca que, a lo largo del tiempo, la ponderación en la canasta de consumo fue cediendo terreno desde una composición del gasto de 85%-15% a favor de los bienes en 1965 a 56%-44% a favor de los servicios en 2019.

 “Las experiencias de baja de la inflación, tanto las argentinas como las que fueron exitosas en otros países hace más tiempo, los últimos ‘kilos’ cuestan más para bajar, pero hay que considerar que mientras tanto atravesamos un fuerte proceso de corrección de precios relativos y no se trató solamente de eliminar la emisión monetaria como alimento inflacionario”, explica la economista. Por eso, recuerda que, si bien se cortó el “chorro” de financiación para el déficit fiscal primario, persistió el stock, cuyo último coletazo fueron la eliminación de las “Lefi” en julio pasado y en una economía altamente dolarizada toda la volatilidad cambiaría, el miedo, etcétera, terminaron impactando. “Son procesos que cuesta terminar de cerrar, más allá de que la inflación interanual fue, efectivamente, la más baja desde 2017”, cierra.

El camino. El lastre de la bola de nieve de rojos anteriores con efecto en equilibrios precarios en el presente también fue señalado por Emiliano Libman, economista de Fundar. “La baja de la inflación se extendió hasta mayo de 2025: desde ese momento, el INDEC no deja de reportar aumentos mes a mes, no de gran magnitud, pero lo suficientemente significativos como para abrir la puerta a un interrogante. ¿Por qué el mismo gobierno que puede reducir la tasa de inflación parece tener problemas para seguir haciéndolo?”, se interroga.  A su juicio, las razones fundamentales son dos: en primer lugar, lidiar con una tasa de inflación del orden del 20% al 25% mensual no es lo mismo que lidiar con una del 1 al 2%, similar a la de los últimos meses. En segundo lugar, subraya el hecho que la estrategia de consolidar un “ancla cambiaria” se haya quedado a mitad de camino.

El profesor de Economía de la Universidad Di Tella Andrés Newmeyer marca este camino como el prefacio de un típico dilema de política económica. Indica que hace seis meses que viene subiendo lentamente la inflación, algo que no es preocupante con un presupuesto equilibrado y sin emisión para financiar al fisco, pero la inflación mensual anualizada ya ronda el 40% anual. “Esto plantea un dilema de política monetaria. ¿Acumular reservas con un piso implícito al tipo de cambio nominal o apretar la política monetaria, comprando menos reservas y dejando apreciar más al peso?”, se pregunta.

En este escenario, las expectativas vuelven a la cancha. Desde abril hasta julio de 2025, la encuesta REM del Banco Central venía dando una menor inflación observada que la esperada y luego eso se revirtió: el mercado espera un IPC menor al que luego muestra el INDEC. En algún momento eso se corregirá: o “el mercado” sube su estimación o los precios vuelven a la velocidad previa a las turbulencias de julio-octubre pasado. No es por desestimar las variables macro más duras sino porque hay incertidumbre de cuáles serán los caminos en materia de política económica que adoptará un gobierno que sabe que un año “par” es momento propicio para los ajustes y correcciones que son inevitables en uno electoral, como 2027.

 

 

 

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