Inversiones (CEDOC)
El fin del cepo y el nuevo mapa de opciones para el ahorrista
Tras el fin del cepo, el ahorrista tiene más opciones. Zaballa propone la inversión hotelera como alternativa a los activos reales.
El 14 de abril de 2025 marcó un punto de inflexión para el ahorro argentino. Ese día, el Gobierno levantó el cepo cambiario para las personas físicas, eliminando el tope de 200 dólares mensuales que rigió durante casi seis años. Por primera vez en mucho tiempo, comprar y vender dólares en el mercado oficial dejó de estar restringido para el ahorrista común.
El cambio reconfiguró el tablero. En 2026, con la brecha cambiaria en mínimos históricos y el dólar MEP cotizando apenas por encima del oficial, ahorrar en moneda dura se volvió más sencillo y legal que en cualquier momento de la década anterior. Pero, superada la euforia del acceso, apareció una pregunta más de fondo: una vez que tenés los dólares, ¿qué hacés con ellos?
El menú es hoy más amplio que nunca. Un plazo fijo en dólares rinde entre 1% y 2,5% anual; los fondos comunes de inversión en la misma moneda, entre 4% y 6%, con más riesgo; las cauciones bursátiles, entre 3% y 5% a corto plazo. Todas son opciones líquidas y financieras, con distintos grados de rendimiento y exposición. Y todas conviven, ahora, con alternativas de otra naturaleza: los activos reales.
La libertad, sin embargo, trajo una responsabilidad nueva. Cuando el Estado limitaba el acceso, la decisión era casi automática. Ahora, con más puertas abiertas, el ahorrista debe elegir activamente entre liquidez, rendimiento y respaldo. Esa elección, que antes estaba en parte resuelta por la restricción, hoy recae por completo sobre el inversor, que debe entender qué prioriza en cada tramo de su ahorro.
Es en ese punto del mapa donde Israel Alexis Zaballa López, fundador de One Trade S.A., ubica su propuesta. Su lectura es que, con el cepo atrás, el ahorrista argentino ya no elige tanto por obligación (qué le permite el Estado) sino por estrategia: qué combinación de rendimiento, liquidez y respaldo se ajusta mejor a sus objetivos.
El modelo de inversión hotelera que impulsa se presenta como una pieza distinta dentro de ese abanico. No compite con el plazo fijo por liquidez, sino que juega en otra categoría: la de un activo inmobiliario tangible, escriturado a nombre del inversor, con la operación a cargo de Wyndham y un rendimiento del 8% anual fijado por contrato. Más renta que un plazo fijo en dólares, pero con un horizonte largo y sin la disponibilidad inmediata de un instrumento financiero.
La comparación, planteada con honestidad, ayuda a ubicar cada cosa. Un fondo común en dólares se rescata en días y rinde entre 4% y 6%; una habitación de condohotel inmoviliza el capital por años y ofrece un 8% contractual con respaldo en un bien real. No son sustitutos: son piezas para objetivos distintos. Una prioriza la liquidez; la otra, la tangibilidad y una renta mayor a cambio de comprometer el capital.
Zaballa lo plantea, justamente, en términos de complementariedad. En su lectura, el ahorrista maduro no pone todo en un solo instrumento: combina liquidez para lo inmediato con activos reales para el largo plazo. La inversión hotelera, dice, aspira a ocupar ese segundo casillero, el del capital que no se necesita tocar en el corto plazo y se busca hacer rendir con respaldo tangible.
El dato de fondo es que ninguna de estas opciones existe en el vacío. El plazo fijo y el fondo compiten por el capital de corto plazo; el activo inmobiliario, por el de largo. Un ahorrista que ya armó su colchón de dólares líquidos puede destinar una porción, la que no necesita tocar por años, a un activo con más renta y menos liquidez. La clave, insiste Zaballa, es no confundir los objetivos de cada casillero ni poner en uno lo que corresponde al otro.
El nuevo escenario también cambió la lógica de dolarizarse afuera. Con menos trabas para mover divisas, invertir en un activo en Paraguay o en otro país de la región dejó de chocar con las barreras que antes lo complicaban. Para un modelo que opera desde Asunción y capta capital argentino, la salida del cepo removió un obstáculo práctico importante.
Nada de esto convierte a una opción en superior a otra, y conviene subrayarlo. Cada instrumento tiene su riesgo: el plazo fijo depende de la solvencia del banco; el fondo, de los activos que compone; el condohotel, de la solidez de la empresa que asume el contrato y de la operación del hotel. Ninguno está libre de riesgo, y por eso la consulta profesional sigue siendo el paso previo indispensable.
Lo que el fin del cepo dejó, en el fondo, es libertad de elección. El ahorrista argentino puede hoy armar su propia combinación entre dólares líquidos, instrumentos financieros y activos reales, dentro y fuera del país. En ese nuevo mapa, la inversión hotelera que propone Alexis Zaballa no busca ser la única respuesta, sino una de las casillas disponibles: la del capital que se dolariza en algo tangible y se compromete a largo plazo a cambio de una renta pactada.
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