Siempre me llamó la atención que cuando se analizan casos de marca personal, casi todos miran a Messi. Sin embargo, creo que ahí está la trampa. Lionel Messi podría pasar toda su carrera sin publicar una sola foto, sin dar entrevistas y sin preocuparse demasiado por cómo comunica. Su talento es tan extraordinario que el mundo hizo el trabajo de construir su reputación por él.
Esto no quiere decir que Messi no tenga una marca personal espectacular, de hecho, la tiene. Pero la gran mayoría de nosotros no somos Messi, e intentar replicarlo es una de las tareas más difíciles que nos podemos proponer.
Quienes somos profesionales, emprendedores o dueños de negocios competimos con cientos de personas igual de preparadas. Y casi siempre nos enfocamos primero en construir una estrategia para que el mercado conozca nuestro trabajo. En el caso de Messi ocurrió exactamente al revés: primero apareció un talento fuera de escala y una trayectoria imposible de discutir. Después, casi como una consecuencia natural, se construyó una marca alrededor de su nombre.
Su reputación se moldeó durante años a través de sus logros, de la opinión pública y de millones de personas que lo vieron hacer algo que casi nadie podía hacer. Recién después llegaron las decisiones conscientes de marca, cuando ese activo ya existía.
Por eso compararnos con Messi puede ser engañoso. Es como mirar a una empresa centenaria para entender cómo lanzar un startup. La referencia inspira, pero difícilmente sirva como modelo de ejecución.
La enorme mayoría de los profesionales y emprendedores no parte de ese nivel de reconocimiento. Necesita construirlo. Y ahí la marca personal deja de ser una consecuencia del talento para convertirse en una estrategia que permite que ese talento encuentre las oportunidades correctas.
En un mercado donde la oferta creció exponencialmente y hay cientos de profesionales haciendo muy bien su trabajo, el talento dejó de ser el diferencial. Es la entrada mínima. El boleto de admisión.
Lo que realmente marca la diferencia es el posicionamiento: qué dicen de vos cuando no estás en la sala, qué lugar ocupa tu nombre en la cabeza de quienes toman decisiones y por qué alguien te elige a vos antes que a otra persona igual de preparada.
Por eso me gusta pensar la marca personal como un activo, y no simplemente como una estrategia de comunicación. Un activo que, igual que cualquier inversión, necesita tiempo para generar resultados. No se construye con un posteo viral ni con una buena semana en redes sociales. Se construye con decisiones consistentes, sostenidas y coherentes entre lo que mostrás y lo que hacés.
La buena noticia es que, a diferencia del talento extraordinario de Messi, la marca personal sí se puede construir. No es un don con el que nacés. Es una estrategia que se aprende, se diseña y se sostiene en el tiempo.
Tu nombre puede convertirse en uno de los activos más valiosos de tu carrera. Pero para que eso pase, primero tenés que dejar de esperar que el talento haga todo el trabajo y empezar a darle una estrategia.
*Speaker y mentora estratégica de marcas personales líderes de negocios. Creadora del primer evento de marcas personales de Argentina.
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