El boom de la industria de la construcción en Canadá (Bloomberg)

Un sector desfinanciado

Fondear al ladrillo

El sector también se adapta a los desafíos de los cambios de la economía. Perspectivas para lo que vendrá.

Cambia la sociedad, los hábitos de consumo y los sectores de la economía no quedan ajenos a este fenómeno. Hay un nuevo escenario y, para ser parte de él, cada protagonista debe enfrentar el desafío que impulsa el escenario naciente.

Uno de ellos es el mercado inmobiliario, que atraviesa una metamorfosis impulsada por la democratización del acceso al capital que le permitiría alinearse con modelos exitosos de América latina.

Los datos duros muestran una luz de esperanza para el rubro en este arranque de 2026. Según un informe elaborado en forma conjunta por Mercado Libre y la Universidad de San Andrés, en enero de 2026 el precio mediano en dólares por metro cuadrado de las casas aumentó 2,2% interanual, mientras que en los departamentos la suba fue del 5,9%, comparados con el mismo mes del año pasado.

Durante 2025, el mercado transitó una situación particular: precios bajos en dólares y señales de reactivación graduales. De acuerdo con relevamientos realizados en ese período, el valor del metro en CABA había comenzado a recuperarse lentamente tras tocar un piso en abril de 2023, cuando llegaba a US$2.200. Para mediados de 2024, la tendencia ya era de mejora, con el metro cuadrado trepando a más de US$2.300, su valor más alto en 19 meses.

Tradición. En este marco, históricamente el acceso al ladrillo en Argentina siempre fue considerado como un tentador refugio de valor, en el que las diferentes generaciones depositaban sus ahorros con la tranquilidad de que nunca perderían sus ahorros. Esto sucedía, pese a que invertir en “ladrillo” siempre era una opción que inmovilizaba el capital de quien compraba una propiedad.

No obstante, surge un nuevo paradigma que asoma como un potencial motor para el impulso de la actividad. Se trata de un esquema de financiación que promete dotar de una dinámica a toda la cadena de valor. El eje central de esta transformación estructural es el desplazamiento del modelo tradicional de compra directa hacia otro de fondos de inversión inmobiliaria, conocidos globalmente como REITs (Real Estate Investment Trusts). ¿De qué se trata? Un REIT es, esencialmente, una empresa que posee, opera o financia bienes raíces que generan ingresos. La gran innovación que introducen estos instrumentos en el mercado es que permiten a los inversores adquirir acciones o participaciones en carteras de activos inmobiliarios, en lugar de tener que adquirir una propiedad física completa.

Esta accesibilidad da lugar a que un ahorrista con capital limitado participe de la renta de grandes desarrollos corporativos, centros comerciales o complejos residenciales.

Si bien en Argentina no existe una figura legal idéntica a los REITs, sí se ofrecen como equivalente fondos de inversión directa cerrados inmobiliarios, regulados por la Comisión Nacional de Valores (CNV). Mariano García Malbrán, presidente de la Cámara de Empresas de Servicios Inmobiliarios (CAMESI), explica que pasar del “ladrillo como refugio al ladrillo accesible, es decir, concretar una democratización real del mercado, implica dejar atrás barreras altas (mucha plata inmovilizada, poca liquidez) e ir a un esquema donde más argentinos pueden participar con tickets más bajos, diversificación y salida más rápida”. Desde su visión, “la idea inspiradora es clara: el real estate deja de ser un privilegio de pocos para transformarse en una herramienta de ahorro e inversión para muchos. Los créditos hipotecarios deben ser los que transformen la realidad de los argentinos para que haya menos inquilinos y más dueños”.

Con estos recursos, la administración deja de estar en manos de particulares para quedar a cargo de gestores de fondos profesionales, lo que reduce los riesgos operativos y optimiza la rentabilidad. “Justamente otro aspecto positivo -detalla García Malbrán- es el salto de calidad institucional: herramientas y vehículos metódicos, gestión profesional, métricas, reportes, gobierno corporativo. Eso mejora la confianza, reduce riesgos operativos y ordena la cadena de valor. Cuando el capital se organiza bien, el mercado se vuelve más confiable; y cuando es más confiable, crece y se expande”.

Enseñanzas. En el camino de todo inversor hay aprendizajes que marcan la diferencia entre dejar los ahorros inmovilizados y transformarlos en oportunidades reales. En este sentido, “Sumar Inversión”, plataforma de inversión inmobiliaria, advierte algunos errores de principiante que es necesario evitar.

Al respecto, el arquitecto Víctor Zabala indica que “no hay que confundir ahorro con inversión, dejarse llevar por la emoción y no planificar plazos son algunos de los errores más frecuentes de los inversores principiantes”. Y amplía: *En un escenario marcado por inflación y volatilidad, ‘Sumar Inversión’ muestra cómo el ladrillo y el crowdfunding inmobiliario se consolidan como alternativas accesibles y seguras para pequeños ahorristas”, agrega.

El experto considera que “guardar dinero sin un objetivo claro puede dar una falsa sensación de seguridad, pero no genera crecimiento ni protege frente a la inflación. Invertir, en cambio, implica poner esos recursos a trabajar en proyectos que pueden ofrecer rendimiento y valor en el tiempo”.

Otro error frecuente es la falta de planificación sobre plazos y liquidez: muchos inversores no consideran cuándo podrán disponer de su capital ni qué nivel de flexibilidad necesitan. “También es común ignorar costos ocultos o riesgos asociados, desde gastos administrativos hasta variaciones de mercado que afectan la rentabilidad. La ausencia de información confiable agrava el problema: sin datos claros y fuentes seguras, los principiantes se exponen a promesas irreales o proyectos poco transparentes. Por eso, insistimos en la importancia de contar con educación financiera y herramientas colectivas que permitan tomar decisiones informadas, diversificar y construir un camino sólido hacia el futuro”, concluye. El ladrillo no quiere ser sólo un refugio del ahorro, sino también una buena inversión.

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