Pablo Grillo (CEDOC)

El trabajo del fotógrafo Pablo Grillo en la despedida al Indio Solari

El reportero gráfico participo retratando el velatorio al emblemático cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, ocurrida el viernes 5 de junio a los 77 años, provocó una de las manifestaciones de duelo popular más masivas de los últimos años en la Argentina. El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció en su residencia de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó. Según determinaron los estudios forenses ordenados por la fiscalía interviniente, el músico sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico que le provocó la muerte de manera inmediata. La autopsia descartó un ahogamiento y confirmó que el golpe que presentaba en la cabeza fue consecuencia de la caída producida por el episodio vascular. El artista convivía desde hacía una década con la enfermedad de Parkinson, diagnóstico que había hecho público en 2016 y que lo había alejado de los escenarios de manera presencial.

La noticia se conoció durante la mañana del mismo viernes y rápidamente se convirtió en el tema central del fin de semana. Miles de seguidores comenzaron a congregarse de manera espontánea en distintos puntos del país, especialmente en el Obelisco porteño, Plaza de Mayo, La Plata, Córdoba, Rosario y Mar del Plata. Desde músicos y personalidades de la Cultura hasta dirigentes políticos de distintos espacios ideológicos, pero sobre todo del peronismo,  expresaron públicamente sus condolencias. La magnitud de la repercusión reflejó el lugar singular que Solari ocupaba desde hace décadas dentro de la cultura popular argentina. El  artista, junto con sus bandas, logró construir una convocatoria multitudinaria sin depender de los grandes medios de comunicación ni de las estructuras tradicionales de la industria musical.

Durante las primeras horas posteriores al fallecimiento se evaluaron distintos escenarios para una despedida pública. Incluso trascendió la posibilidad de utilizar instalaciones del Congreso Nacional, pero debido a la enorme convocatoria esperada, el recinto legislativo desestimó esa opción. Finalmente la familia y  autoridades bonaerenses acordaron realizar el velatorio en el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico, partido de Avellaneda. La organización dispuso postas sanitarias, puntos de hidratación, baños químicos, operativos especiales de tránsito y un esquema de seguridad reforzado para contener a los cientos de miles de personas que se esperaba que asistieran.

El domingo comenzó la despedida pública. Desde hacia varias horas antes de la apertura oficial ya se observaban largas filas de fanáticos que se extendían por numerosas cuadras alrededor del predio. Familias enteras, grupos de amigos llegados desde distintas provincias y seguidores históricos de la denominada “misa ricotera” aguardaron durante horas para ingresar. Muchos llevaban banderas de Los Redondos, camisetas con imágenes del músico, estandartes de clubes de fútbol y pancartas con frases extraídas de sus canciones. Durante toda la jornada se escucharon cánticos colectivos, versiones acústicas improvisadas y fragmentos de clásicos del repertorio ricotero interpretados por los propios asistentes.

La afluencia de público superó las previsiones iniciales y obligó a extender los horarios previstos para el ingreso. Las filas se mantuvieron durante prácticamente toda la jornada y avanzaron lentamente debido a los controles y a la gran cantidad de personas que deseaban permanecer algunos minutos frente al féretro. Las autoridades desplegaron equipos médicos y de asistencia para atender descompensaciones menores derivadas de las largas esperas. A diferencia de otros acontecimientos multitudinarios asociados históricamente al universo ricotero, la despedida transcurrió mayoritariamente en un clima de respeto y recogimiento, sin registrarse incidentes graves que alteraran el desarrollo del funeral.

Las imágenes de la despedida mostraron una escena pocas veces vista en la historia reciente del rock argentino. Hombres y mujeres de distintas generaciones compartieron el mismo espacio para rendir homenaje a un artista cuya obra atravesó más de cuatro décadas de vida cultural argentina. Muchos asistentes recordaron recitales emblemáticos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, mientras otros relataban cómo las canciones de Solari habían acompañado momentos decisivos de sus vidas. La ceremonia terminó convirtiéndose en una expresión colectiva de identidad cultural que excedió ampliamente el ámbito musical.

Entre las numerosas personas presentes se destacó la participación del reportero gráfico Pablo Grillo, quien fue visto realizando un relevamiento fotográfico de la despedida popular. Diversos registros difundidos por medios y redes sociales lo mostraron nuevamente con su cámara documentando un acontecimiento de enorme relevancia pública, apenas meses después de haber protagonizado uno de los casos más resonantes vinculados a la violencia institucional contra trabajadores de prensa.

Grillo había resultado gravemente herido durante la cobertura de una manifestación de protesta realizada en las inmediaciones del Congreso Nacional. Mientras fotografiaba los incidentes producidos durante el operativo de seguridad desplegado por fuerzas federales, recibió el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno disparado por efectivos policiales. El proyectil impactó directamente en su cabeza, provocándole un traumatismo craneoencefálico severo con fracturas múltiples y lesiones intracraneales de extrema gravedad. El fotógrafo fue trasladado de urgencia a un centro asistencial, donde debió ser sometido a varias intervenciones neuroquirúrgicas y permaneció internado durante un prolongado período en terapia intensiva.

De acuerdo con las reconstrucciones audiovisuales, peritajes incorporados a la causa y la investigación judicial, el efectivo señalado como autor del disparo que hirió gravemente a Grillo es el cabo primero Héctor Jesús Guerrero, integrante de la Unidad Móvil 6 de la Gendarmería Nacional. La investigación quedó a cargo de la jueza María Servini y del fiscal Eduardo Taiano. Los peritajes posteriores también cuestionaron la versión oficial inicial que sostenía que el disparo había respetado los protocolos. Diversos informes concluyeron que el proyectil fue lanzado con una trayectoria incompatible con los ángulos reglamentarios establecidos para este tipo de armamento antidisturbios.

El episodio generó una fuerte reacción de organismos de derechos humanos, asociaciones periodísticas y entidades profesionales que reclamaron el esclarecimiento de los hechos y la identificación de los responsables materiales y políticos del operativo. La investigación judicial se centró en determinar la cadena de mando que autorizó el procedimiento y en individualizar a los efectivos involucrados en el disparo que impactó sobre el reportero gráfico. La causa avanzó con la incorporación de imágenes de cámaras de seguridad, registros periodísticos y peritajes balísticos destinados a reconstruir la trayectoria del proyectil.

El caso se transformó en un símbolo de los reclamos por mayores garantías para el ejercicio del periodismo en coberturas de protesta social y volvió a ocupar un lugar destacado durante el funeral del Indio Solari, donde muchos asistentes reconocieron la presencia de Grillo y valoraron su regreso al trabajo profesional tras el complejo proceso de recuperación que atravesó. La despedida del Indio Solari concluyó convertida en un acontecimiento de dimensiones históricas. La multitud que colmó Villa Domínico acudió a rendir homenaje a una de las figuras más influyentes, convocantes y representativas de la cultura popular argentina de las últimas décadas y parte de ello fue retratado por Grillo. .