La cultura y la música de la Argentina se enfrentan a un vacío histórico tras confirmarse este viernes 5 de junio el fallecimiento de Carlos Alberto "El Indio" Solari a los 77 años, un suceso que conmocionó de inmediato a múltiples generaciones. El icónico cantante, compositor y líder indiscutido de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue hallado sin vida alrededor de las 8:30 de la mañana en las cercanías de la pileta techada de su residencia de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó.
Según reportaron fuentes judiciales, el hallazgo se produjo luego de que su cuidadora diera aviso a los servicios de emergencia médica al ingresar a la propiedad. La Unidad Funcional de Instrucción N°2 de Ituzaingó, a cargo del fiscal Lucio Rivero, dispuso de inmediato el traslado del cuerpo para una autopsia médico-legal por cuestiones protocolares, aunque las primeras pericias científicas descartaron indicios de criminalidad y vincularon el deceso de manera directa al progresivo deterioro causado por la enfermedad de Parkinson, un diagnóstico contra el cual el artista batallaba públicamente desde hacía una década.
A las pocas horas del hecho, la familia del músico emitió un comunicado a través de la cuenta oficial de Indio Solari en X confirmando la pérdida de su manifestación física y solicitando intimidad para las primeras horas de desolación.
Nacido el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, Carlos Solari se mudó a temprana edad a la ciudad de La Plata, donde forjó sus primeros intereses artísticos y contraculturales durante su juventud. Las crónicas históricas de la música nacional marcan el año 1976 como el punto de inflexión fundacional en el que Solari unió caminos creativos con el guitarrista Skay Beilinson. Juntos dieron forma a una de las experiencias colectivas más disruptivas de la escena subterránea: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
La agrupación no nació meramente como una banda de rock convencional, sino como un colectivo multidisciplinario que incluía performances teatrales, monólogos de personajes como el emblemático Sergio "Mufercho" Martínez, Enrique Symns y la distribución de buñuelos de ricota preparados por el cocinero Edgardo "El Doce" Gaudini, un ritual del que derivó el extenso nombre del grupo.
Con el paso de los años, el esquema se profesionalizó en una sólida formación musical que sumó a Semilla Bucciarelli en el bajo, Walter Sidotti en la batería y Sergio Dawi en el saxo. Bajo la estricta gestión independiente de Carmen "La Negra" Poly y la imborrable identidad visual diseñada por el artista plástico Rocambole, Los Redondos editaron nueve álbumes de estudio que dinamitaron los márgenes comerciales tradicionales de la industria discográfica.

El impacto cultural de la figura del Indio Solari permite trazar un paralelismo ineludible con los máximos ídolos populares de la historia argentina, hombres capaces de encarnar las pasiones colectivas más profundas del país. Mientras que Gustavo Cerati representó la sofisticación cosmopolita y Luis Alberto Spinetta encarnó la vanguardia poética y espiritual del rock, el Indio Solari se ubicó en las antípodas de la exposición mediática para transformarse en un enigma viviente y en la voz de los sectores más desprotegidos.
Su mística de la reclusión construyó un mito tan poderoso como la crudeza urbana de Pappo o el desparpajo contracultural de Luca Prodan. De hecho, líderes musicales como Ricardo Mollo recordaron conmovidos el aire de época de mediados de los años 80, trazando lazos de hermandad creativa entre la irrupción de Sumo y el crecimiento paralelo de Los Redondos en locales de San Telmo. Sin embargo, la única analogía posible para comprender el nivel de devoción ciega y fervor casi religioso que despertaba Solari fuera del ámbito estrictamente musical radica en la figura de Diego Armando Maradona.

El Indio Solari trascendió su disciplina para convertirse en un símbolo de pertenencia de las mayorías, un referente cuyo misticismo y épica plebeya desafiaron los moldes establecidos por las élites culturales. Por ese motivo, las redes sociales despidieron al fallecido artista utilizando la IA, creando una reunión fantástica, en el contexto de un asado, junto con Cerati, Spinetta, Prodan, Pappo y Maradona.
Los vínculos de Solari con estas eminencias argentinas estuvieron marcados por un profundo respeto mutuo y affinities compartidas lejos de los focos de las cámaras. Aunque el Indio Solari mantuvo siempre un riguroso hermetismo, su lazo con Diego Maradona estuvo cimentado en la mutua admiración por los orígenes populares y la resistencia a los poderes concentrados. En el plano musical, el Indio siempre reconoció la inmensidad lírica de Spinetta y mantuvo una relación de caballerosidad artística con Cerati, superando las falsas rivalidades creadas por los públicos en los años 90.
La comunidad del rock argentino y sus seguidores se volcaron de inmediato a manifestar sus testimonios de dolor y admiración. Fito Páez definió al Indio en un extenso escrito en redes como el "arquitecto absoluto del misterio de nuestra música", destacando su rigurosa coherencia intelectual. Por su parte, en su cuenta de X, , Andrés Calamaro, sumó sus condolencias ponderándolo como "el dueño del mayor fervor popular que el rock de estas tierras haya conocido jamás", mientras que los integrantes de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado emitieron un breve comunicado donde prometieron resguardar su legado artístico bajo la premisa de que "el fuego de los comandos nunca se va a apagar".Un legado que el mismo Carlos Solari trascendió los limites físicos, convirtiendose en mito y, en este momento, homenajeado desde el plano virtual.















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