Los empleados fabrican cadenas de ancla en la línea de producción de Zhongyun Marine Equipment en Suqian, en la provincia oriental china de Jiangsu. (STR / AFP)
Por qué las estadísticas de China no reflejan su economía real
El sistema de incentivos políticos distorsiona los datos económicos chinos desde el nivel provincial. A diferencia de Canadá o Chile, las cifras funcionan más como una señal interna del Estado que como una medición independiente.
China construye sus cifras económicas dentro de un sistema que genera distorsiones desde el primer paso. Cada provincia debe mostrar crecimiento para que sus funcionarios progresen en su carrera. El ascenso depende de presentar buenos resultados, no de medir con precisión. Ese incentivo produce estadísticas que nacen infladas.
Cuando esos datos llegan a la oficina estadística nacional, los técnicos intentan corregirlos mediante inspecciones y controles internos. Sin embargo, la economía es tan grande y diversa que resulta imposible revisar todo. El país, además, se apoya en un método basado en medir producción física: toneladas, metros cuadrados, unidades fabricadas. Ese enfoque funcionaba cuando la economía giraba en torno a fábricas y construcción. La China actual, en cambio, tiene plataformas digitales, servicios dispersos y actividades difíciles de capturar con instrumentos diseñados para otra era. La combinación de datos inflados, herramientas obsoletas y correcciones incompletas produce un número final que expresa más la necesidad política de mostrar estabilidad que la realidad económica.
Tomemos Chile, un país que utiliza un sistema similar al canadiense. Publica con regularidad todos los componentes del crecimiento y permite que analistas externos revisen métodos, cuestionen resultados y comparen series históricas. Cada cifra viene acompañada de una explicación sobre cómo se obtuvo y de qué manera se construyó. Chile también mantiene los datos antiguos aun cuando reflejan desaceleraciones severas. Las revisiones se anuncian con anticipación y no se eliminan series completas de un día para otro. Esa continuidad vuelve rastreables los cambios y evita que el público se enfrente a saltos bruscos sin explicación. La diferencia entre China y estos países no surge de un debate técnico complejo. Surge de cómo funciona el mecanismo interno.
En China, los gobiernos locales envían cifras que exageran su desempeño porque su futuro administrativo depende de ello. La oficina nacional ordena ese material, pero no cuenta con herramientas completas para medir sectores modernos. Cuando alguna serie muestra un frenazo que afecta la imagen del país, puede dejar de publicarse. El número final queda armado con piezas que no encajan entre sí. En Canadá y Chile, en cambio, el incentivo es producir una medición clara y estable, porque el sistema político no depende del dato para escalar posiciones. En China, la cifra cumple una función de señal interna para coordinar al aparato estatal, no una función de medición independiente.
Esa mecánica explica por qué las estadísticas de Canadá o Chile se interpretan como una fotografía del país, mientras que las estadísticas de China funcionan como un mensaje del Estado hacia sí mismo.
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