Juan Martín Huss (CEDOC)
El dolor no siempre indica dónde está el problema real
Según explica el kinesiólogo Juan Martín Huss, tratar solo la zona dolorida no alcanza si no se aborda la causa real del desequilibrio en el movimiento.
Hay una escena que se repite en consultorios de kinesiología de todo el país. Un deportista siente un dolor, descansa, hace el tratamiento indicado y mejora. Pasan semanas, a veces meses, y el dolor vuelve, a veces en el mismo lugar y otras en una articulación distinta. Rodillas, hombros, zona lumbar, tobillos: el cuerpo parece entrar en un círculo que no termina de cerrarse nunca.
Juan Martín Huss, licenciado en Kinesiología y Fisiatría, osteópata y especialista en biomecánica, tiene una explicación para ese fenómeno, y no está donde uno esperaría encontrarla. Para Huss, el sitio donde aparece el dolor rara vez coincide con el origen real del problema.
Para graficarlo, propone un ejemplo simple. Imaginemos a alguien que tiene que limpiar un ventanal con el codo inmóvil, flexionado a 90 grados, sin poder usar el resto del cuerpo para llegar a toda la superficie. Todo el trabajo recae sobre el hombro y la muñeca. Una vez, probablemente, no traiga consecuencias, pero si ese patrón se repite semana tras semana, esas articulaciones se sobrecargan hasta que el hombro termina doliendo. El problema, sin embargo, nunca estuvo ahí: estuvo en la falta de movilidad del codo. "Esa es la lógica que muchas veces explica por qué tratamos una zona y el dolor vuelve una y otra vez", resume el especialista.
El nombre técnico de esa lógica es interdependencia regional, uno de los conceptos centrales del trabajo de Huss. La idea de fondo es que el cuerpo no funciona como una suma de piezas aisladas, sino como un sistema integrado. Cuando una articulación pierde movilidad, o una región deja de cumplir su función, otras zonas salen a compensar ese déficit. La compensación en sí es un mecanismo natural. El problema aparece cuando se sostiene en el tiempo: ahí la carga mecánica deja de repartirse de manera pareja y se concentra siempre sobre las mismas estructuras, acelerando el desgaste y abriendo la puerta a lesiones que se repiten.
Ese razonamiento lleva a Huss a cuestionar uno de los errores más habituales en la práctica clínica: concentrar todo el tratamiento en la zona que duele. "Que el dolor desaparezca por un tiempo no significa que el problema esté resuelto", advierte. Si la causa que obligó al cuerpo a compensar sigue intacta, el patrón de movimiento se va a repetir tarde o temprano, y con él, la lesión.
Hay otro punto que el especialista subraya y que suele sorprender: dos personas pueden tener exactamente la misma lesión en una resonancia o en una radiografía y vivir realidades completamente distintas. Una puede compensar bien esa lesión y no sentir prácticamente nada. La otra, con la misma imagen diagnóstica, puede convivir con molestias permanentes porque sigue exigiendo la estructura comprometida. La diferencia no está en el tejido lesionado sino en cómo cada cuerpo distribuye las cargas al moverse. Por eso, sostiene Huss, dos pacientes con el mismo diagnóstico no necesariamente necesitan el mismo tratamiento. "La imagen muestra una estructura. La función muestra cómo trabaja ese cuerpo. Y ahí suele estar la diferencia entre aliviar un síntoma o resolver un problema", explica.
Desde esta perspectiva, encontrar el origen real de una lesión exige mirar el movimiento completo de la persona y entender cómo se relacionan entre sí todas las regiones del cuerpo, no solo la que duele. Es un abordaje que demanda más tiempo y un razonamiento clínico que va más allá del punto exacto donde se manifiesta la molestia. Con ese enfoque, Huss trabaja sobre todo con deportistas con lesiones que se repiten, pacientes con dolores persistentes que no respondieron a tratamientos convencionales, y personas que, incluso con el alta médica de una cirugía en mano, no lograron recuperar su nivel de rendimiento anterior.
El objetivo, insiste, no pasa únicamente por que el dolor desaparezca, sino por que la persona pueda volver a entrenar, competir o hacer su vida cotidiana sin depender para siempre de un tratamiento. Porque, muchas veces, el lugar donde duele es apenas la consecuencia visible de algo que ocurre en otro lado. El verdadero problema, casi siempre, está bastante más lejos de donde uno lo busca primero.
También te puede interesar
-
Más allá del cuerpo perfecto e instagrameable
-
El peligroso uso de los chats de IA para hacer terapia online
-
Frenar en la era de la aceleración permanente
-
La obesidad como enfermedad crónica y los nuevos fármacos que están siendo testeados
-
Entre el dolor individual y la salud pública: reflexiones sobre el fallo judicial por la vacuna Sputnik
-
Cirugías robóticas para la próstata y sus males
-
Hipertensión pulmonar: hacer visible lo invisible
-
Lifting sin cirugía: cómo funciona y qué resultados ofrece
-
Obras sociales y prepagas en colapso