Dady Brieva (CEDOC)
El carpetazo de Mirtha Legrand a Dady Brieva: "Vivís en un edificio muy importante en Puerto Madero"
Los MIDACHI fueron invitados al legendario ciclo televisivo y la anfitriona aprovechó para consultarle sobre los bienes inmueble del comediante peronista.
El histórico trío humorístico Midachi volvió a reunirse públicamente en la televisión argentina en una de las emisiones recientes del programa de La Noche de Mirtha, conducido por Mirtha Legrand. El reencuentro de Dady Brieva, Miguel del Sel y Chino Volpato generó expectativa tanto por su peso en la historia del humor nacional como por las diferencias políticas que, en los últimos años, habían distanciado a sus integrantes. La mesa combinó momentos de nostalgia, repasos de sus épocas de mayor popularidad y referencias a la actualidad política, en un clima que alternó entre la cordialidad y la tensión implícita.
Uno de los pasajes más comentados de la emisión ocurrió cuando la conductora interpeló directamente a Brieva sobre versiones vinculadas a su situación patrimonial, en particular sobre un supuesto departamento de lujo en Puerto Madero. La pregunta, formulada en el estilo frontal característico de Legrand, generó incomodidad en el comediante, quien respondió afirmativamente y buscó relativizarlo, en medio de risas y comentarios cruzados en la mesa. El episodio se viralizó rápidamente en redes sociales, donde fue interpretado como un momento de exposición incómoda que contrastó con el tono distendido del resto del programa.
La figura de Brieva arrastra desde hace años una fuerte identificación política con el kirchnerismo. Durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, el humorista adoptó una postura pública de respaldo, participando en actos, realizando declaraciones en medios y utilizando sus espacios artísticos para expresar afinidad con el proyecto político. Su militancia incluyó intervenciones en programas televisivos, discursos en eventos partidarios y una activa presencia en redes sociales, donde defendió medidas oficiales y cuestionó a la oposición, lo que le valió tanto reconocimiento dentro de ese espacio como críticas de sectores adversos.
Esa vinculación con la política también se tradujo en un cambio en su perfil mediático, pasando de un humor más universal a uno con mayor carga ideológica. Brieva llegó a protagonizar polémicas por declaraciones públicas en las que expresó deseos de un agravamiento de la situación económica durante gestiones no kirchneristas, lo que profundizó su identificación con una militancia explícita y lo ubicó en el centro del debate público más allá de su carrera artística.
En contraste, Miguel del Sel desarrolló un recorrido político en las antípodas ideológicas, al incorporarse al PRO, el espacio fundado por Mauricio Macri. Su salto a la política se produjo en 2011, cuando fue candidato a gobernador de la provincia de Santa Fe, sorprendiendo con un resultado competitivo en su primera incursión electoral. Esa elección marcó el inicio de una participación sostenida dentro del armado político del PRO en la provincia.
Del Sel volvió a presentarse como candidato a gobernador en 2015, en una elección particularmente reñida en la que quedó a escasa diferencia del ganador, consolidando su figura como referente del espacio en Santa Fe. Posteriormente, decidiendo que no iba a tratar de buscar la gobernación santafesina en el futuro, desempeñó funciones diplomáticas como embajador en Panamá durante el gobierno de Macri, lo que evidenció su integración plena a la estructura política del PRO y su alejamiento definitivo de la actividad artística como prioridad.
El reencuentro de Midachi en el programa de Legrand puso en escena no solo la vigencia de un fenómeno humorístico que marcó a varias generaciones, sino también las trayectorias divergentes de sus integrantes. Mientras Brieva profundizó su rol como comunicador alineado con el kirchnerismo, Del Sel consolidó su carrera política dentro del PRO, reflejando una grieta que atraviesa incluso a figuras surgidas de un mismo origen artístico.
En ese marco, la mesa televisiva funcionó como un microcosmos de la Argentina contemporánea, donde el espectáculo, la política y las tensiones ideológicas conviven en un mismo espacio. La intervención de Mirtha Legrand, con preguntas incisivas y momentos de incomodidad, volvió a confirmar su capacidad para generar escenas de alto impacto mediático, incluso cuando los protagonistas intentan mantener un tono conciliador frente a diferencias profundas.