Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19 en el país, el médico infectólogo Pedro Cahn se consolidó como una de las voces más influyentes en el diseño y la defensa pública de las medidas sanitarias impulsadas por el gobierno nacional de Alberto Fernandez. Su trayectoria previa en el campo de la infectología y su rol como director científico de la Fundación Huésped le otorgaban legitimidad técnica, que rápidamente se tradujo en visibilidad mediática y peso político en un contexto de alta incertidumbre.
Integrante del comité de expertos que asesoró al Poder Ejecutivo durante la emergencia sanitaria, Cahn fue uno de los principales respaldos del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), la estrategia central adoptada para contener la propagación del virus en el territorio nacional En múltiples intervenciones públicas, sostuvo que las restricciones no respondían a una preferencia ideológica sino a criterios epidemiológicos, en línea con recomendaciones internacionales.
En ese sentido, una de sus frases más difundidas sintetizó su posicionamiento: “nadie es procuarentena, somos antimuerte y antidesastre humanitario”, en referencia a la necesidad de priorizar la salud pública frente a los costos económicos y sociales. Esta definición se convirtió en un eje discursivo replicado tanto en medios tradicionales como en redes sociales, donde el debate sobre las restricciones adquiría creciente intensidad.

Cahn también defendió la eficacia de las medidas adoptadas por el Ejecutivo, señalando que la cuarentena había permitido “salvar vidas” y desacelerar el ritmo de contagios en las etapas iniciales de la pandemia. Al mismo tiempo, insistió en la importancia de sostener prácticas como el distanciamiento social, incluso en escenarios de flexibilización, al advertir que el virus “llegó para quedarse” como parte del conjunto de enfermedades respiratorias circulantes.
En ese terreno digital emergió también un fenómeno de apoyo explícito a su figura. Bajo el hashtag #PedroCahn, distintos usuarios impulsaron campañas para respaldar sus intervenciones públicas y contrarrestar críticas provenientes de sectores denominados “anticuarentena”. Estas expresiones incluyeron mensajes de apoyo, difusión de sus declaraciones y defensa de la evidencia científica frente a narrativas alternativas.
Diversos comunicadores, periodistas y divulgadores científicos participaron en la amplificación de su mensaje. Desde medios televisivos hasta plataformas digitales, figuras del periodismo, como Diego Iglesias, replicaron sus argumentos o lo entrevistaron de manera recurrente, contribuyendo a instalarlo como una referencia técnica frente a la crisis. Esta red de validación mediática fue clave para sostener el consenso inicial en torno a las medidas más restrictivas.

Al mismo tiempo, su exposición lo convirtió en blanco de críticas por parte de sectores opositores a las restricciones, que cuestionaban tanto la extensión de la cuarentena como sus efectos económicos y que todavía muchos recuerdan. En sus redes sociales, el presidente Javier Milei compartió un mensaje del usuario Hippies con Osde en el que subió una imagen del periodista Diego Iglesias con la remera distintiva en apoyo a Cahn. "Nunca se olviden de los colaboracionistas del régimen que nos encerró y fundió miles de negocios", destacó la cuenta troll..
El mandatario libertario, retuiteando el mensaje anterior, agregó: "Cómplices de un delito de lesa humanidad. Además, esa remera denota que han apoyado con toda su fuerza a la infectadura. Apoyar la bestialidad de la pandemia fue un horror, pero bancar al bruto y salvaje de Pedro Cahn no tiene palabras... VLLC!". Una retorica discursiva, por parte del presidente, bastante cuestionable teniendo en cuenta el uso del término "lesa humanidad" en apenas horas de conmemorarse los 50 años del último golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que permitió el ascenso de la Junta militar del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
El mismo Iglesias, desde su cuenta de X, respondió los señalamientos del Jefe de Estado aclarando: Buenas tardes señor Presidente Javier Milei. Lo noto muy preocupado por buscar delitos en el uso de una remera y no tanto por las inconsistencias patrimoniales de Adorni ni por estafas con criptoactivos. Por otro lado, ¿el tuitazo que me dedicó, también lo pagó Novelli? ¡Saludos!".

El cruce del periodista dio una suerte de golpe devastador al mandatario al recordarle el escándalo $Libra y la aparición de nuevas pruebas judiciales y filtraciones que comprometen al entorno del Jefe de Estado. El origen del caso se remonta al 14 de febrero de 2025, cuando Milei promocionó en redes sociales un criptoactivo que había sido creado minutos antes y que, tras dispararse en valor, colapsó en pocas horas, generando pérdidas millonarias para miles de inversores. Investigaciones posteriores apuntaron a una maniobra típica de “rug pull”, donde un pequeño grupo con información privilegiada obtiene ganancias extraordinarias antes del derrumbe del activo.
En las últimas semanas, el expediente judicial sumó elementos sensibles, como peritajes telefónicos y registros de comunicaciones que revelarían contactos directos entre Milei y algunos de los impulsores del proyecto. Entre los implicados aparece el empresario estadounidense Hayden Davis, señalado como creador del token, y el trader Mauricio Novelli, quien habría actuado como nexo entre el entorno presidencial y los desarrolladores. Según estas evidencias, incluso se investiga un presunto acuerdo económico por varios millones de dólares a cambio de la promoción oficial de la criptomoneda, algo que el presidente niega y atribuye a una actuación “de buena fe”.
El rol de Novelli se volvió central en la causa: de acuerdo con la reconstrucción judicial, habría sido quien articuló el vínculo entre empresarios cripto y la Casa Rosada, facilitando contactos y negociaciones. También se lo señala como posible gestor de pagos vinculados al respaldo presidencial y como intermediario, lo que refuerza las sospechas sobre un entramado de lobby y beneficios económicos alrededor del lanzamiento de $Libra. Las comunicaciones detectadas entre Novelli y el presidente, previas y posteriores al lanzamiento, son hoy uno de los ejes de la investigación.

En paralelo, el gobierno enfrenta otro foco de desgaste vinculado al jefe de Gabinete Manuel Adorni, cuya situación patrimonial y conducta personal quedaron bajo escrutinio público. Diversas versiones periodísticas señalan inconsistencias en la declaración de bienes, incluyendo propiedades no informadas, mientras que investigaciones recientes lo vinculan a un viaje a Punta del Este en un vuelo privado cuyo financiamiento habría estado a cargo de una empresa con contratos estatales, lo que abre interrogantes sobre posibles dádivas o conflictos de interés.
El caso se amplificó por otros episodios, como el uso de aeronaves oficiales y viajes con familiares, en aparente contradicción con el discurso de austeridad del gobierno. En conjunto, tanto el escándalo $Libra como las polémicas que rodean a Adorni impactan en la credibilidad del oficialismo, que enfrenta cuestionamientos crecientes no solo por la presunta estafa cripto sino también por la coherencia entre su narrativa anticasta y las prácticas de sus principales funcionarios.















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