Wednesday 18 de March, 2026

POLíTICA | Hoy 10:24

Mauricio Macri rearma el PRO y mira a Victoria Villarruel como clave

Aislada del oficialismo, la vicepresidenta es tentada por distintos espacios en un escenario de reconfiguración política.

La política argentina atraviesa una etapa de reconfiguración silenciosa pero profunda. En ese tablero inestable, donde las identidades se erosionan más rápido de lo que se reconstruyen, la posibilidad —todavía incipiente, pero políticamente significativa— de que Mauricio Macri haya tentado a Victoria Villarruel para sumarse a un nuevo armado del PRO (que mañana se reune en Parque Norte con dirigentes de todo el país, desde las 10 de la mañana) expone algo más que una movida táctica: revela la crisis de representación de los espacios tradicionales y la disputa por capturar lo que queda de la derecha no libertaria.

El dato, confirmado en voz baja por dirigentes cercanos al expresidente, no implica una definición inminente. Nadie imagina a Villarruel desembarcando en el PRO en el corto plazo. Pero sí deja en evidencia una búsqueda desesperada de Macri: reconstruir volumen político en un contexto donde su partido perdió centralidad frente a La Libertad Avanza y donde sus intentos de renovación, hasta ahora, fracasaron.

Mauricio Macri

En los últimos meses, el expresidente ensayó una estrategia que combinó seducción empresarial y recambio dirigencial. Sonaron nombres de peso como Marcos Galperin, fundador de MercadoLibre, o el empresario bancario Jorge Brito, dueño del Banco Macro. Ambos, sin embargo, declinaron cualquier incursión electoral. El rechazo no es menor: habla de un sector privado que prefiere influir desde afuera antes que asumir los costos de una política cada vez más volátil.

Los planes B de Macri

Frente a ese escenario, Macri activó sus planes B. Allí aparecen figuras como Ignacio “Nacho” Torres, gobernador de Chubut, con una gestión bien evaluada pero con lógica de construcción provincial y mirada a largo plazo —más 2031 que 2027—, y Martín Yeza, exintendente de Pinamar, uno de los pocos cuadros “puros” del PRO que aún sostienen la narrativa original del partido: gestión, modernización y futuro.

Mauricio Macri

Pero el armado que se imagina en el macrismo no se limita a sus propias filas. También incluye a dirigentes desplazados o desacomodados en otras estructuras. Es el caso de Rodrigo de Loredo en Córdoba, que busca sin éxito lugar en la interna libertaria (esta semana lanzó campaña a gobernador y le gustaría que lo incluyan en la interna libertaria con Gabriel Bornoroni y Luis Juez), o incluso la propia Villarruel, cuya situación política es hoy la más incómoda del oficialismo.

La vicepresidenta ya no forma parte del núcleo duro de poder de La Libertad Avanza. En el entorno presidencial la consideran una traidora —el mote de “bichacruel” mutó en el más irónico “campanita”, en alusión a su rol cada vez más acotado en el Senado— y su margen de maniobra dentro del espacio es cada vez más estrecho (el protagonismo, en cambio, lo concentra Patricia Bullrich, figura que Macri observa con atención y que podría volver a ser clave si la relación con los Milei termina por romperse).

Mauricio Macri

Villaruel afuera

Las tensiones de los libertarios con Villaruel escalaron en los últimos días con acusaciones directas. La diputada Lilia Lemoine llegó a sostener que la vicepresidenta, junto a Marcela Pagano, habría intentado “voltear al Gobierno desde adentro” mediante una estrategia de juicio político. “Era un golpe institucional planeado”, afirmó en entrevista con El Observador.

Más allá de la veracidad de esas acusaciones, lo relevante es el clima político que reflejan: una ruptura de confianza casi irreversible. En ese contexto, la figura de Villarruel queda en una zona gris. Sin anclaje firme en el oficialismo, pero todavía sin destino político claro.

Victoria Villaruel

Ahí es donde aparece la tentación transversal. Porque si Macri la imagina como pieza de un nuevo armado, en el peronismo —o al menos en su ala más conservadora— tampoco la descartan. Dirigentes como Sergio Berni ha elogiado su perfil, aunque marcaro diferencias con la vicepresidenta: pero deja entrever que la política argentina atraviesa un proceso de reordenamiento donde las fronteras ideológicas tradicionales se vuelven más porosas. Hasta Miguel Ángel Pichetto y Guillermo Moreno aparecen ahora cerca del kirchnerismo en contactos con la residente de San José 1111, Cristina Kirchner.

En ese esquema, figuras externas o híbridas podrían encontrar un lugar si logran representar demandas concretas de orden, seguridad o autoridad, valores que hoy atraviesan a buena parte del electorado.

Resteo obligado

El movimiento de Macri, entonces, no debe leerse solo como una maniobra de coyuntura, sino como parte de una disputa más amplia: la reorganización del espacio de centroderecha en la Argentina. Un terreno donde Milei hoy domina con comodidad, pero donde empiezan a aparecer fisuras por el natural desgaste de la gestión, el dilatarse de las metas económicas, y los escándalos $Libra, ANDIS y Adorni.

Mauricio Macri

El PRO, tal como se conoció en 2015, ya no existe. Lo que queda es una estructura en busca de sentido, que oscila entre la subordinación al oficialismo (muchos creen que Macri presionará una vez más con la idea de un armado propio para conseguir un lugar preferencial luego en el armado violeta) y la reconstrucción de una identidad propia. En ese intento, sumar a una figura como Villarruel —con peso simbólico en sectores conservadores y vínculos con el mundo militar— podría ser una jugada audaz, aunque también riesgosa.

Porque, en definitiva, la pregunta de fondo no es si Villarruel puede cambiar de espacio. La pregunta es otra: si todavía existen espacios capaces de contener figuras que ya no encajan en ningún lado. En una política cada vez más líquida, donde las lealtades se redefinen en tiempo real, ese puede ser el verdadero desafío hacia 2027. Y también, la principal oportunidad.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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