Wednesday 25 de March, 2026

POLíTICA | Hoy 15:30

Patricia Bullrich contradijo el relato oficial sobre la "verdad completa" de la dictadura

Distancia oficial y herencia setentista: la ministra se aferra a la corrección democrática y esquiva la narrativa de revisión histórica de Milei.

En un nuevo aniversario del 24 de marzo, la interna ideológica de la Casa Rosada sumó un capítulo de silencios significativos y gestos diferenciadores. Mientras el núcleo duro del Gobierno nacional, bajo la tutela discursiva de Javier Milei y Victoria Villarruel, reforzó la apuesta por el concepto de la "historia completa" —una narrativa que busca equiparar las violencias y revisar el consenso alfonsinista sobre el terrorismo de Estado—, Patricia Bullrich optó por un camino propio.

A través de sus redes sociales, la ministra de Seguridad publicó un mensaje que se convirtió en una pieza de disidencia interna. "La violencia y el terror nunca pueden ser el arma para imponer ideas. La democracia y la República son la base sobre la que se construye todo", sentenció. En sus palabras no hubo rastro de la terminología "revisionista" que el Ejecutivo difundió a través de sus canales oficiales.

Patricia Bullrich

El peso del pasado

Esta moderación discursiva no parece casual. Para Bullrich, la efeméride del golpe de 1976 es un terreno minado de contradicciones biográficas. Su pasado como militante en la Juventud Peronista, organización de base de Montoneros, la sitúa en un lugar incómodo frente al video oficial que el Gobierno preparó para la fecha, donde se hace especial hincapié en las acciones de las organizaciones armadas.

Mientras el spot oficial de la Presidencia insiste en contar "lo que no se dijo", Bullrich prefirió refugiarse en una corrección política institucional, evitando convalidar la teoría de los dos demonios en su versión más cruda. Para la ministra, parece ser más seguro blindarse en la defensa de la "República" que quedar atrapada en una dialéctica de los 70 que, inevitablemente, termina señalando su propia trayectoria juvenil.

Una grieta en el gabinete

La omisión de Bullrich no es solo un gesto de moderación, sino un acto de supervivencia política. Mientras el video de la Casa Rosada busca rescatar del olvido a las víctimas de la guerrilla, la ministra evita agitar un avispero que la tuvo como protagonista: su pasado en la Juventud Peronista, bajo la sombra de su cuñado Rodolfo Galimberti, la ubica en el bando que el relato de la "verdad completa" hoy intenta sentar en el banquillo.

Esta pirueta discursiva expone la encrucijada de la funcionaria: la hoy abanderada de la mano dura prefiere el refugio de la corrección democrática antes que validar una revisión histórica que, en última instancia, terminaría apuntando contra su propia biografía setentista.

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