Manuel Adorni, antes de convertirse en una figura central del gobierno de Javier Milei, desarrolló una carrera híbrida entre el análisis económico, el periodismo y la docencia universitaria. Contador público de formación, se desempeñó como profesor en instituciones privadas y, paralelamente, comenzó a construir un perfil mediático como analista económico en medios de comunicación tradicionales.
En los años previos a la pandemia de COVID-19, su actividad principal estaba ligada a los medios. Fue columnista en portales digitales y participó en programas de radio y televisión, donde analizaba la coyuntura macroeconómica argentina, con un enfoque marcadamente liberal. En radio condujo ciclos propios, mientras que en televisión tuvo presencia en señales de noticias y programas de debate político, consolidando un perfil de comentarista crítico del gasto público y del rol del Estado.
Su posicionamiento ideológico, alineado con ideas de libre mercado, reducción del déficit fiscal y cuestionamiento a la intervención estatal, lo fue acercando progresivamente a sectores liberales emergentes. Este recorrido no se dio exclusivamente en medios tradicionales: también fue clave su actividad en redes sociales, especialmente en Twitter (hoy X), donde construyó una audiencia propia con comentarios breves, irónicos y de alto contenido político.

En ese ecosistema digital, Adorni pasó de ser un analista a convertirse en una suerte de influencer político. Su estilo directo, confrontativo y simplificado le permitió viralizar mensajes económicos complejos en formatos accesibles. Esa capacidad de traducción discursiva fue reconocida incluso con premios en el ámbito digital, consolidando su figura como “twittero” influyente en el debate público argentino.
Ejemplos de este rol incluyen la difusión constante de consignas como la crítica al “gasto de la casta”, la defensa del ajuste fiscal y la denuncia de privilegios estatales. Su cuenta funcionó como amplificador de ideas libertarias, en sintonía con otros referentes del espacio que luego confluirían en La Libertad Avanza. Esta actividad fue clave para que su figura trascendiera el nicho económico y se proyectara hacia la política.
El vínculo con Twitter no fue solo instrumental, sino estratégico. Allí Adorni interactuó directamente con Javier Milei, defendiendo sus posiciones, replicando sus intervenciones mediáticas y contribuyendo a instalar su figura como outsider político. Esa militancia digital, sumada a su perfil mediático, lo posicionó como un comunicador eficaz para un espacio que privilegiaba la confrontación discursiva y la viralización.
Cuando Milei llegó a la presidencia, Adorni fue designado vocero, justamente por esa capacidad de sintetizar mensajes y dominar la agenda mediática. Su paso previo como influencer y periodista resultó decisivo: el gobierno necesitaba una figura capaz de comunicar políticas de ajuste de manera contundente, y su experiencia en redes y medios lo convertía en un candidato natural.

Ese uso sistémico de Twitter por parte del actual funcionario en aquellos tiempos, también dejo algunos recuerdos que ahora toman otro significado y que terminan por incomodar al actual al Jefe de Gabinete. El 16 de mayo de 2019, Adorni se había manifestado a favor de la política de subsidios estatales a aquellas vinculadas a discapacidad. "Sigan haciendo fiestas para inaugurar viaductos, manteniendo empleos públicos sin sentido y planes sociales a quienes no los necesitan. Estos chicos merecen todo ese derroche. RT", posteó el tuitero liberal acompañado de una imagen de él junto con una mujer con síndrome de Down con un cartel protestando contra el recorte a Discapidad del gobierno de ese entonces.
Pero con la asunción del gobierno de Javier Milei y su flamante puesto en el Poder Ejecutivo como portavoz, este tipo de apoyo que todavía figuran en la cuenta de X del coordinador de ministros se volvió especialmente conflictivo. Desde hace meses la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) quedó en el centro de una serie de controversias, incluyendo investigaciones judiciales por presuntos sobornos y sobreprecios en contrataciones, lo que derivó en intervenciones, desplazamientos de funcionarios y auditorías internas.
Ademas, estas maniobras se enmarcaron en un contexto más amplio de reformas impulsadas por la administración mileista, que incluyeron intentos de reestructuración del área, recortes y redefiniciones institucionales bajo la lógica de reducción del gasto. Las denuncias judiciales y los audios filtrados sobre corrupción agravaron el escenario, generando tensiones políticas y cuestionamientos sociales sobre el impacto de estas políticas en sectores vulnerables. Sobre todo al tratar de vetar la Ley de Emergencia en Discapacidad por parte del Ejecutivo.

Hace unos días, Adorni quedó envuelto en un escándalo personal que afectó su imagen pública. Este mes se conoció que viajó a Nueva York en el avión presidencial acompañado por su esposa, quien no ocupa un cargo público, lo que generó críticas por el uso de recursos del Estado. El propio funcionario justificó la situación afirmando que su pareja había pagado inicialmente su pasaje y que luego fue incorporada a la comitiva oficial.
El episodio se agravó por la difusión de viajes adicionales, como un vuelo privado a Punta del Este cuyo costo no fue aclarado públicamente, y por la contradicción con discursos previos del propio Adorni en contra de los privilegios de la “casta política”. Estas inconsistencias alimentaron el debate público sobre la coherencia entre el discurso oficial y las prácticas de gobierno.
Ante la polémica, Adorni realizó descargos tanto en redes sociales como en entrevistas periodísticas. En uno de ellos reconoció errores y afirmó: “somos humanos y cometemos errores”, intentando relativizar el impacto del caso. Aunque también buscó enmarcar las críticas dentro de operaciones políticas o mediáticas en su contra, el episodio se convirtió en uno de los principales focos de cuestionamiento a su gestión reciente.















Comentarios