Adrian Ravier (CEDOC)

El mal momento del vocero Ravier cuando le preguntaron por el tema Malvinas

En conferencia de prensa, el portavoz de Casa Rosada se desdijo tras ser consultado por la decisión del gobierno de Trump de dar por terminado el mandato del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas.

La decisión de la administración de Donald Trump de pedir que se dé por terminado el mandato del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, uno de los principales ámbitos internacionales en los que la Argentina sostiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, abrió un nuevo frente diplomático para el gobierno de Javier Milei. La iniciativa de Washington, planteada durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU, generó interrogantes sobre el futuro de la estrategia nacional y puso a prueba el alineamiento político entre ambos presidentes.

Ante esta novedad, desde Casa Rosada, el vocero presidencial Adrián Ravier tuvo un momento incomodo ante los interrogantes sobre la decisión del gobierno republicano. Planteado por los periodistas acreditados en rueda prensa, el portavoz insólitamente afirmó: "Hay sintonía en este proyecto que usted menciona y la Ley de Soberanía Nacional. Hay consistencia. No vemos un problema allí". Tras la respuesta, a continuación, se le repreguntó al comunicador si el Gobierno estaba de acuerdo en disolver el Comité Especial de Descolonización. El funcionario de Casa Rosada cambió de postura y sostuvo que  "está bajo análisis hoy para tomar una decisión final", sin anticipar si el país respaldará o rechazará la propuesta estadounidense. "No puedo hacerlo yo. Es algo que hablará seguramente el canciller Pablo Quirno, pero está en análisis", concluyó. 

El planteo del gobierno estadounidense fue presentado durante una sesión celebrada el 15 de octubre, en la que la representante de Washington cuestionó la continuidad del Comité Especial de Descolonización, conocido como C-24. Según la posición expuesta por la gestión norteamericana, el organismo habría superado su propósito original y algunas de sus actividades representarían un gasto innecesario de recursos de Naciones Unidas. La delegada sostuvo que, pese a que más de 80 antiguas colonias se convirtieron en Estados independientes, el comité continúa examinando situaciones y resoluciones de manera reiterada.

Sin embargo, más allá de las criticas, Estados Unidos no dio de baja formalmente el organismo ni consiguió que se aprobara su disolución. Lo que hizo fue solicitar que se ponga fin a su mandato. El C-24 fue creado en 1961 para supervisar la aplicación de la declaración de Naciones Unidas sobre la independencia de los pueblos y territorios coloniales. En el caso de Malvinas, el comité examina la controversia desde 1964 y recomienda medidas para avanzar hacia una solución. Su relevancia quedó plasmada en 1965, cuando la Asamblea General aprobó la resolución 2065 (XX), que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a negociar sin demora una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de la población de las islas.

La eventual eliminación del comité supondría un cambio en uno de los escenarios diplomáticos que la Argentina utiliza para mantener vigente su reclamo. Cada año, representantes argentinos participan de sus sesiones para cuestionar la ocupación británica y reclamar la reanudación de las negociaciones bilaterales. En junio de este año, el canciller Pablo Quirno volvió a plantear ante ese organismo la preocupación argentina por la militarización británica del archipiélago y la explotación unilateral de sus recursos naturales. La desaparición del C-24 podría reducir la continuidad de ese espacio específico de exposición y respaldo diplomático, además de debilitar una instancia que habitualmente produce pronunciamientos favorables a la negociación.

No obstante, la disolución del comité no implicaría automáticamente la desaparición del reclamo argentino ni anularía la resolución 2065. Esa resolución fue aprobada por la Asamblea General y constituye un antecedente diplomático independiente de la existencia del C-24. La cuestión Malvinas también puede seguir planteándose ante otros órganos y foros internacionales, aunque la pérdida de un ámbito especializado podría modificar las condiciones políticas en las que la Argentina sostiene su posición.

Por ese mismo motivo, la postura de Washington generó especial atención porque se produce en medio del estrecho vínculo político entre Trump y Milei. Hasta ahora, ambos gobiernos habían coincidido en distintas cuestiones de política exterior, pero el planteo sobre el C-24 introduce una diferencia sensible para Buenos Aires: Estados Unidos cuestiona la continuidad de un organismo que la diplomacia argentina considera importante para su reclamo territorial. El episodio también se cruza con el debate sobre la explotación de hidrocarburos en las aguas que rodean las islas y con las medidas que impulsa el Gobierno argentino para sancionar a empresas que participen en operaciones consideradas ilegales por la Argentina.

 

 

 

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