Manuel Adorni (CEDOC)
El video con IA de Adorni caracterizado como Ricardo Fort
En redes sociales el funcionario de Presidencia fue parodiado por los escándalos de sus bienes patrimoniales.
El jefe de Gabinete argentino, Manuel Adorni, atraviesa desde comienzos de 2026 una de las crisis políticas más significativas del gobierno de Javier Milei, en un escenario donde se entrecruzan denuncias por presunto enriquecimiento ilícito, inconsistencias patrimoniales, uso de recursos públicos y cuestionamientos éticos que derivaron en investigaciones judiciales, pedidos de informes en el Congreso y una intensa cobertura mediática.
Por supuesto, las redes sociales no están al margen de este contexto de novedades y se difundió un video en IA de Adorni, donde se puede observar al funcionario libertario vestido, bailando y celebrando como el emblemático millonario fallecido Ricardo Fort. El empresario de la compañía chocolatera FelFort fue un paradigma de la opulencia y del impacto mediático.
El eje inicial del escándalo surgió a partir de revelaciones sobre su patrimonio. Distintos informes periodísticos y denuncias políticas señalaron la existencia de bienes inmuebles que no habrían sido incluidos en sus declaraciones juradas ante la Oficina Anticorrupción. Entre ellos figura un departamento en el barrio porteño de Caballito —donde el propio funcionario reconoció residir— que no aparecía consignado en su documentación oficial, así como otras propiedades atribuidas a su entorno familiar. Estas inconsistencias abrieron sospechas sobre la relación entre sus ingresos como funcionario —en torno a los 2.000 a 2.500 dólares mensuales— y el valor de los activos detectados.
La polémica escaló cuando la diputada Marcela Pagano, exintegrante del oficialismo, denunció públicamente la existencia de una propiedad registrada a nombre de su esposa, Bettina Angeletti, en un barrio privado del partido bonaerense de Exaltación de la Cruz (Indio Cua Golf Club), adquirida en 2024 y valuada en cifras consideradas incompatibles con los ingresos declarados del matrimonio. La legisladora solicitó investigar a Adorni por presunto enriquecimiento ilícito y puso el foco en las transacciones inmobiliarias, en particular en la titularidad de los bienes a nombre de su cónyuge como posible mecanismo de ocultamiento patrimonial. A esto se sumaron versiones periodísticas sobre otras propiedades en la zona norte del conurbano bonaerense, también ausentes en declaraciones oficiales.
En paralelo, el caso adquirió mayor gravedad política con el escándalo de los viajes. Durante la gira oficial a Nueva York en el marco del evento “Argentina Week”, se confirmó que Adorni viajó en el avión presidencial acompañado por su esposa, quien no ocupa ningún cargo público. La situación generó fuertes críticas porque contradecía normas impulsadas por el propio gobierno que restringían el uso de aeronaves oficiales a fines estrictamente institucionales. El funcionario argumentó que su esposa ya tenía previsto viajar y que los gastos personales fueron cubiertos por él, incluyendo un pasaje de más de 5.300 dólares, explicación que lejos de disipar dudas alimentó sospechas sobre el origen de los fondos.
A ello se sumó la difusión de un viaje familiar en avión privado a Punta del Este, cuyo costo rondaría los 10.000 dólares.En ese vuelo también habría participado el conductor televisivo Marcelo Grandio, vinculado a medios bajo la órbita del propio Adorni. La Justicia intenta determinar quién financió ese traslado, ya que no existe documentación concluyente que respalde que haya sido pagado por el funcionario, lo que abre la hipótesis de dádivas o beneficios indebidos.
Las repercusiones institucionales no tardaron en llegar. Legisladores como Esteban Paulón presentaron pedidos de informes y denuncias, señalando posibles delitos como malversación de fondos, abuso de autoridad y violación de la ley de ética pública. Desde distintos sectores de la oposición se impulsaron iniciativas para interpelarlo en el Congreso, mientras que organismos de control iniciaron actuaciones preliminares. En respuesta, Adorni negó irregularidades, sostuvo que “no tiene nada que esconder” y atribuyó las denuncias a una “operación política y mediática”.
El caso también impactó en la narrativa pública del oficialismo, que había construido su legitimidad en torno a la austeridad estatal y la crítica a los privilegios de la “casta política”. Las contradicciones entre ese discurso y los hechos denunciados —viajes de lujo, propiedades no declaradas y gastos elevados— generaron tensiones incluso dentro del propio espacio gobernante y debilitamiento de la imagen pública del funcionario.
En paralelo al desarrollo judicial y político, el escándalo adquirió una dimensión cultural y digital. En redes sociales, especialmente en plataformas como TikTok y X, proliferaron videos generados con inteligencia artificial que parodian tanto a Adorni como a otros referentes del gobierno libertario. Estas piezas satíricas a lo largo de los meses recrean situaciones vinculadas a los vuelos privados, supuestas coimas y el denominado caso “Libra”, en el que se investiga una presunta estafa financiera de alcance internacional que salpica al entorno presidencial. En ese ecosistema también aparece frecuentemente el economista y dirigente José Luis Espert como figura caricaturizada en contenidos que combinan humor político y crítica social.
La viralización de estos videos refleja no solo el impacto del escándalo en la opinión pública sino también una nueva forma de intervención política mediada por tecnologías emergentes, donde la sátira digital amplifica y resignifica las denuncias. En ese contexto, el caso Adorni se consolidó como uno de los episodios más emblemáticos de cuestionamiento al gobierno libertario, combinando sospechas patrimoniales, controversias éticas y una fuerte disputa por el sentido en el espacio público contemporáneo.