Los perfumes del futuro. (Pexels)

Cómo serán los perfumes del futuro

Sin distinción de género, con aromas insólitos y muy exclusivos, estas son algunas de las características de las fragancias que vienen.

"Antes de saber siquiera qué es una fragancia, ya reconocemos a personas cercanas por el aroma que dejan a su paso". Así comienza "El alfabeto del perfume" (Grou), el primer libro de perfumería escrito en Argentina, una buena entrada a un mercado que cambió más en los últimos años que en las tres décadas previas. A continuación, un recorrido por las novedades y los códigos de una industria que hoy vende tanto identidad como fragancia.

 

Códigos en movimiento

Lo que antes definía a un perfume, su familia olfativa, su género, hasta la duración que se esperaba de él, hoy funciona más como un punto de partida que como una regla fija. Patricia Fernández y Nicolás Trabucco, autores de "El alfabeto del perfume", notan ese movimiento en varios frentes a la vez, desde las estructuras que se permiten cruzar géneros hasta las familias que amplían lo que consideramos agradable oler.

Uno de esos frentes es justamente el corrimiento de fronteras entre lo masculino y lo femenino. Estructuras que durante décadas estuvieron atadas a un género empiezan a soltarse, con fragancias masculinas de fuerte protagonismo floral y “fougères” (perfumes clásicos para varones) pensadas desde una estética femenina, dos combinaciones que hace pocos años hubieran resultado raras. Los autores lo describen como un permiso para explorar facetas más salvajes, delicadas o inesperadas dentro de una misma composición, sin quedar atados a lo que "corresponde" según el envase.

 

 

Esa misma apertura llega también a la familia “gourmand” (la de los aromas dulces y comestibles, vainilla, caramelo, praliné), que según Fernández y Trabucco es la que más terreno sigue ganando este año, aunque ya no se limita a lo dulce tradicional y empuja los límites de lo que consideramos apetecible dentro de un perfume. Un buen ejemplo llega de la mano de las gaseosas. Después del boom de los perfumes con acordes de café y vainilla, marcas como Estée Lauder, Viktor&Rolf, Killian y Mancera lanzaron versiones inspiradas en el sabor de la Coca-Cola, construidas a partir de notas de limón, lima, vainilla, caramelo, canela y nuez moscada. En Argentina, la marca local Ori Russo suma su propia versión con Coke Bomb, que combina notas de Coca-Cola, naranja, lima y azúcar moreno.

El otro gran movimiento pasa por cómo se construyen las notas frutales. "Ya no se trata solamente de poner durazno, coco o pera como una nota reconocible, sino de recrear la fruta de una manera mucho más jugosa, ácida, verde y casi carnal, como si pudiéramos sentirla recién cortada", explican. Ese realismo extremo convive con una tendencia que recién empieza a asomar en la región, la de los perfumes de "segunda piel", pensados para dejar una presencia íntima y cercana sin invadir el espacio de quienes están alrededor.

El mapa también se amplía hacia Oriente Medio. Según Fernández y Trabucco, el alambique tiene raíces históricas en esa región, y la destilación no hubiese existido sin ese desarrollo. Esa herencia se refleja en una perfumería de maderas protagonistas, gran potencia y frascos opulentos, pensados como objeto de deseo. Tras años de propuestas similares a las de diseñador, las marcas árabes suman cada vez más creaciones originales y han comenzado a captar la atención de Occidente.

El nuevo status

Durante mucho tiempo, alcanzar cierto status con un perfume fue tan simple como pagar por él. Hoy eso ya no alcanza, ni siquiera con productos de 400 o 500 dólares. Anabella Weber, autora del libro "Lujo" (Ediciones Lea) y consultora especializada en el mercado premium, viene tomando nota de ese cambio. "Lo que hoy da status es que alguien venga y te pregunte qué fragancia tenés, porque no la puede reconocer, porque es diferente, porque es única, porque da intriga", resume.

Ese corrimiento explica un movimiento que atraviesa a las principales casas de lujo, que profundizan la distancia entre sus líneas comerciales y sus colecciones más exclusivas. El perfume comercial de cualquier marca se vende en tiendas propias, free shops y perfumerías, con notas pensadas como puerta de entrada al universo de esa compañía. Las colecciones de nicho o privadas, en cambio, se restringen a boutiques puntuales y trabajan con notas de mucha más presencia. Louis Vuitton es un ejemplo de una marca que jamás vendió sus perfumes en un free shop, en tanto Hermès siempre tuvo perfumista propio. Zegna abandonó hace años su segmento comercial y hoy solo ofrece sus esencias exclusivas, realizadas con “narices” reconocidos.

Ese salto hacia “lo exclusivo” todavía tiene un escalón más arriba, la perfumería de autor. Ese terreno es el que pisa Fueguia 1833, la marca que el argentino Julián Bedel fundó en 2010 en su propia cocina porteña, antes de mudar el laboratorio a Milán. Trabaja casi exclusivamente con materias primas naturales, muchas de ellas plantas patagónicas y sudamericanas investigadas por la propia marca, y produce sus fragancias en tandas de apenas alrededor de 400 frascos, cada uno numerado. En esa creación a demanda, la investigación puede incluir hasta el pH de la persona. "No hay muchos en el mundo que hagan este trabajo", destaca Weber.
 

Nuevas voces

El corrimiento de fronteras entre géneros, que ya se nota en las familias olfativas más clásicas, también empuja el nacimiento de marcas nuevas. Un informe de McKinsey señala que casi el 40% de los consumidores nacidos entre 1997 y 2012 prefiere productos de belleza no binarios, y esa demanda empieza a tener respuesta local. Así sucede, por ejemplo, con el desembarco de FANDOM, marca de fragancias “genderless”.

"Empezamos a notar que había un público dispuesto a probar algo más, que le gustaba oler diferente", cuenta Mariela Tappa, gerente de desarrollo de producto de la marca. FANDOM nació con la idea de que una fragancia funcione como una forma de pertenecer a algo propio, sea una canción, un artista o una estética, más que a una categoría predefinida. Así, el punto de partida del desarrollo es la emoción que se quiere transmitir. La marca eligió contarlo desde un lugar minimalista y atemporal, para que el concepto tenga protagonismo por sobre lo visual.

En el segmento de nicho y de autor, aclara Tappa, el concepto “genderless” resulta mucho más habitual, y cada perfume se piensa desde la personalidad. "Cada vez que elegimos una fragancia tomamos una mini decisión de qué es lo que queremos proyectar en ese momento", apunta. Si el aroma es lo primero que reconocemos de quienes queremos, la fragancia que elegimos es una presentación anticipada. Cada uno decide qué dejar a su paso.