Da la impresión de que el reloj biológico y el de la carrera dejaron de correr al mismo ritmo. Lo prueba Anne Hathaway, que a los 43 espera su tercer hijo, y Sienna Miller, que a los 44 acaba de dar a luz por tercera vez. Mientras Serena Williams acaba de volver al circuito profesional contando 44 (nada menos que en Wimbledon) y Beyoncé, también con 44, se llevó su primer Grammy al Álbum del Año.
El fenómeno también atraviesa la escena local. Carolina Amoroso fue mamá por primera vez a los 40, la misma edad a la que Santiago Korovsky ganó un Emmy Internacional por "División Palermo". Momi Giardina encontró la masividad en redes a sus 40, y a sus 48 Gerónimo Rauch interpreta a Jean Valjean en el Radio City Music Hall de Nueva York, en la gira mundial de "Los Miserables". Detrás de estos casos hay algo más que suerte o buenos genes: el cuerpo, la cabeza y hasta el mercado laboral parecen haberse puesto de acuerdo para correr el límite de esta edad.
Fuerza y plenitud
"Antes, a los 40 muchas personas pensaban que empezaba el declive. Hoy saben que puede ser el comienzo de la mejor versión de su vida", asegura el entrenador Daniel Tangona. El cambio no está tanto en el cuerpo como en la estrategia con la que se lo entrena, y después de esta edad recomienda priorizar la fuerza, la movilidad y el descanso por encima del impulso de entrenar sin método. El objetivo también mutó con el tiempo, ya que no alcanza con estar bien para el verano, la meta hoy es sostener energía en el día a día, prevenir enfermedades y llegar con autonomía a los 70, 80 o 90 años. "La longevidad saludable empieza en la cabeza mucho antes que en los músculos", sintetiza.

Ese cuidado también llegó a los consultorios de estética, donde el pedido que más se repite es verse en plenitud, un concepto bastante más amplio que el clásico "rejuvenecer". "La mayoría de los pacientes no quiere parecer otra persona ni retroceder veinte años, quiere verse descansado, saludable, vital y en coherencia con cómo se siente", describe el cirujano plástico Fernando Felice. El paciente de 40 y pico llega más informado y con una mirada preventiva: busca un plan integral que combine piel, estructura facial, hábitos y hasta biología celular, a través de lo que se conoce como healthspan.
Entre los procedimientos más buscados, más allá de la toxina botulínica y el ácido hialurónico, crecen los bioestimuladores de colágeno y tecnologías como el ultrasonido focalizado. Felice explica que a esta edad conviene una estrategia progresiva antes que un único tratamiento. "Los cuarenta son, para muchas personas, una etapa de mayor seguridad, desarrollo profesional y conocimiento personal", apunta.

Tiempo de reinvención
Toda esa atención por fuera también tiene correlato dentro. Para la psicóloga Silvana Weckesser, la idea de la plenitud a los cuarenta merece una lectura más cuidadosa. "Me detendría en esto de vivir como mediana edad o plenitud. Justamente desde la pregunta ya comenzamos con un supuesto, que es el de la plenitud", advierte, y agrega que pensar esta etapa como el momento en que todos los proyectos están encaminados es, además de prejuicioso, poco fiel a lo que muestra la vida real, más allá de lo que se ve en Instagram. Lo que sí cambió, según explica, es la manera en que construimos nuestras vidas. Hoy las personas estudian más tiempo, forman pareja más tarde y cambian de profesión varias veces, y eso corrió el cierre de los cuarenta hacia un punto de consolidación. Pero aclara algo importante, "la plenitud no proviene de sentirse joven, sino de conocerse mejor y vivir con mayor libertad respecto de las expectativas ajenas".

La clásica crisis de esta edad hoy cambió de pregunta. "Antes el miedo era envejecer. Hoy el desafío es no seguir viviendo una vida que ya no sentimos propia". Las reinvenciones de esta etapa muchas veces nacen de una mayor autenticidad y del deseo de que la segunda mitad de la vida sea más coherente con quien uno realmente es. Incluso ese guión, dice, explica a figuras como Messi. "Podría haber sido otro si no hubiera encontrado quien confiara en él, si no hubiera logrado su propia imagen a base de frustración y nuevo intento. Por eso la vida es más disciplina que suerte". Pero advierte sobre el riesgo de convertir esa idealización en una nueva exigencia. "Si transformamos los cuarenta en el momento en el que deberíamos estar en nuestra mejor versión, estaremos reemplazando un mandato por otro".

Ese cambio de rubro que Weckesser asocia a la búsqueda de autenticidad es, también, lo que ve todos los días Belén Lacoste, socia de la consultora Talenters. "Para liderazgo, más que nunca, los 40 y pico son justo el foco de casi todas las búsquedas que hacemos, direcciones, gerencias, C-level", cuenta. "Lo que cambió es la vara, con carreras cada vez más largas, los 45 dejaron de ser un techo para pasar a ser plena madurez profesional", agrega.

La reconversión profesional también creció con fuerza en los últimos años. Lacoste identifica tres motores detrás del fenómeno: industrias que se transforman de raíz, el avance de la inteligencia artificial y una pregunta que aparece cada vez con más fuerza a esta edad, para qué se trabaja. "Rara vez es un borrón y cuenta nueva total, es más un pivote, la persona se lleva su expertise y lo aplica en un rubro nuevo", describe. En el podcast que realizan en Talenters, donde entrevistan a grandes líderes, descubrieron que casi todos atravesaron algún momento de reinvención en su historia. Lo que un candidato de 45 años ofrece, sostiene, es un criterio que no se estudia, se vive, mientras que la energía y la naturalidad con lo digital de alguien de 30 completan la ecuación. "Se complementan, necesitamos de los dos mundos siempre", cierra.



















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