Samanta Schweblin (CEDOC)

Quién es la escritora argentina que ganó un premio de 1 millón de euros

Samanta Schweblin, autora de "El buen mal" y "Siete casas vacías", obtuvo el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana

La escritora argentina Samanta Schweblin se consolidó en las últimas horas como una de las figuras más relevantes de la literatura en español tras obtener el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros, el mayor reconocimiento económico otorgado actualmente a una obra literaria en ese idioma. El galardón distinguió su libro de cuentos El buen mal, publicado en 2025, una obra que profundiza en vínculos familiares, el dolor y las zonas ambiguas de la experiencia humana. 

Nacida en Buenos Aires en 1978 y criada en el conurbano bonaerense —con referencias recurrentes a su crecimiento en Hurlingham—, Schweblin se formó en la Universidad de Buenos Aires y comenzó su trayectoria literaria a comienzos de los años 2000.  Desde entonces desarrolló una obra centrada principalmente en el cuento, género que la posicionó como una voz singular dentro de la narrativa contemporánea. Actualmente reside en Berlín, donde continúa escribiendo y dictando talleres, aunque suele definirse como “una escritora argentina escribiendo desde afuera”.

Su producción literaria incluye libros de cuentos como El núcleo del disturbio (2002), Pájaros en la boca (2009), Siete casas vacías (2015) y el reciente El buen mal, además de novelas como Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018). Estas obras comparten una marca estilística reconocible: la exploración de lo inquietante dentro de lo cotidiano, con tramas que desestabilizan al lector desde situaciones aparentemente normales. Como sintetizó la propia autora, su literatura busca operar en ese límite: “El límite entre lo posible y lo imposible me parece la zona más literaria”. 

A lo largo de su carrera, Schweblin acumuló numerosos reconocimientos internacionales que consolidaron su prestigio. Entre ellos se destacan el Premio Casa de las Américas, el Premio Juan Rulfo, el Premio Internacional Ribera del Duero, el Premio Shirley Jackson y el National Book Award por Siete casas vacías, además de haber sido finalista del Booker Prize en dos oportunidades.  Estos galardones, sumados a la traducción de su obra a más de 40 idiomas, explican por qué es considerada una de las principales representantes de la literatura argentina contemporánea a nivel global.

El reconocimiento obtenido con el Premio Aena no solo reafirma su trayectoria sino también su apuesta por el cuento, un género que históricamente tuvo menor visibilidad frente a la novela. En ese sentido, la autora defendió esa elección con una frase que sintetiza su poética: “¿Por qué perder el tiempo en 250 páginas si puedo contarlo en 20?”.  Esa concepción se refleja en relatos breves pero intensos, donde lo perturbador emerge de manera gradual hasta desarmar cualquier sensación de estabilidad.

Tras recibir el premio, Schweblin expresó una reacción que rápidamente se viralizó por su tono alejado de cualquier solemnidad: “No sé qué haré con el millón, mi sueño era tener un sueldo mensual”.  En la misma línea, agregó: “No sé contar cuánto es un millón… es algo muy raro”, evidenciando una distancia entre la lógica del mercado editorial y su propia experiencia como escritora. Estas declaraciones reforzaron una imagen de autora centrada más en la escritura que en el reconocimiento económico.

En entrevistas previas, como la publicada por NOTICIAS y retomada en coberturas recientes, Schweblin había definido su obra como una exploración emocional que interpela directamente al lector. Allí sostuvo que sus cuentos “van al corazón desde el estado de alarma”, una idea que condensa su búsqueda estética de generar incomodidad y reflexión a partir de lo mínimo.  Esa capacidad de construir climas inquietantes con economía de recursos es uno de los rasgos más destacados de su escritura.

La crítica coincide en señalar que su literatura se inscribe en la tradición del fantástico rioplatense, con influencias de autores como Julio Cortázar o Adolfo Bioy Casares, pero con una voz propia que dialoga con problemáticas contemporáneas como la tecnología, la soledad o las relaciones familiares.  En ese cruce entre lo local y lo universal radica gran parte de su proyección internacional, que la posiciona como una autora capaz de representar a la Argentina en el mundo literario actual.

Con el Premio Aena, Schweblin no solo suma un nuevo hito a su carrera, sino que también refuerza el lugar de la narrativa argentina en el escenario global. Su obra, marcada por la intensidad, la extrañeza y una mirada aguda sobre lo humano, continúa ampliando los límites del cuento contemporáneo y consolidando una trayectoria que, para muchos críticos, ya la ubica entre las voces más influyentes de su generación.

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