Cambios demográficos en Argentina (Rafael Rofman/ Cipec)
El factor poblacional
El brusco cambio en la natalidad y mortalidad también impacta en la política económica y el gasto social, casi 60% del presupuesto.
Durante la mayor parte de la historia humana, la dinámica poblacional fue "aburrida": se caracterizaba por nacer mucho y vivir poco, con tasas globales de fecundidad de siete hijos por mujer, una expectativa de vida al nacer que rondaba apenas los 30 años y una mortalidad infantil que diezmaba a la mitad de los niños antes de los 10 años. Eso empezó a cambiar hace unos 250 años, a medida que las sociedades se hicieron más urbanas, hubo más acceso a la educación, las mujeres se integraron al mercado de trabajo y los derechos de los niños y jóvenes ganaron espacio en nuestros ideales. Como resultado, la fecundidad fue descendiendo y la expectativa de vida aumentando, en forma sostenida.
La tendencia. En Argentina este proceso comenzó a principios del siglo pasado. A diferencia de otros países, nuestra trayectoria fue bastante accidentada, con marchas y contramarchas. En la primera mitad del siglo XX la fecundidad bajó rápidamente (en cerca de un 50%), pero entre 1950 y principios de los años ochenta nos estancamos. Durante los años noventa comenzó a bajar nuevamente, para detenerse otra vez a principios de los 2000 y, sorpresivamente, entre 2014 y 2023 se produjo el descenso más rápido de la historia. Estas idas y vueltas tuvieron en parte que ver con algunas políticas públicas, pero son fundamentalmente resultado de cambios culturales y sociales.
La brusca caída de la última década encendió algunas alarmas. Sin embargo, en demografía, como en otras ciencias sociales, el pasado reciente no es un buen predictor del futuro de mediano plazo y no deberíamos suponer que la tendencia continuará sin más. La historia de la fecundidad en Argentina y lo ocurrido en otros países muestran que es más probable que tendamos a estabilizarnos en torno a los valores actuales.
La mortalidad, por su lado, disminuyó en forma gradual durante todo este período. A fines del siglo XIX la expectativa de vida apenas superaba los 30 años. En 1950 habíamos alcanzado los 60 y en la actualidad estamos cerca de los 80. Las mejoras tuvieron que ver fundamentalmente con que, gracias a una mejor alimentación, provisión de agua potable, vacunas y servicios médicos logramos reducir muy fuertemente el impacto de enfermedades infecciosas y transmisibles, como la tuberculosis, el sarampión, las diarreas o la gripe. Tuvimos mucho éxito en reducir la mortalidad en la población más joven. En 1950 nueve de cada 100 nacidos fallecía antes de los 5 años; hoy estamos por debajo del 1%. El desafío futuro es mejorar las condiciones de vida y extender la longevidad de los mayores.
Entender que ocurrió es importante para pensar que va a ocurrir en el futuro y qué podemos hacer al respecto. La población argentina está cambiando y continuará haciéndolo en el futuro. Sabemos que no seguiremos creciendo como en el pasado (e, incluso, es posible que la población total decline levemente dentro de algunas décadas) y que seremos más viejos, con menos niños y más adultos mayores. Esto es inevitable y no deberíamos combatirlo, sino aprovechar las oportunidades que implica y adaptarnos para reducir los riesgos. A partir de la discusión sobre lo que pasó, lo que creemos que pasará y su impacto sobre el bienestar de la población y las políticas públicas podemos formular algunos puntos clave:
1.- La reducción en la fecundidad y la mortalidad es el mayor éxito de la historia de la humanidad. Ocurrió porque logramos derrotar enfermedades que hasta hace no tanto tiempo eran incurables y causaban la muerte buena parte de nuestros niños, y porque construimos sociedades más desarrolladas, con más educación, bienestar y equidad, lo que llevó a que tengamos un mejor control sobre el tamaño de nuestras familias.
2.-Las “políticas de población” rara vez son efectivas. Intentar revertir este proceso no sólo es una mala idea, sino que además estaría condenado al fracaso. Las políticas que buscan promover un aumento de la natalidad fueron muy poco efectivas (con la excepción de algunos casos donde se implementaron medidas coercitivas inaceptables en sociedades democráticas). Esto no quiere decir que implementar políticas de protección a las familias (como licencias laborales, servicios de cuidados, acceso a educación de calidad) sea una mala idea. Estas políticas mejoran la calidad de vida de las familias, dan oportunidades a muchos niños de convertirse en ciudadanos productivos y le hacen la vida más fácil a quienes desean tener hijos, pero no debemos esperar que resulten en aumentos importantes de la fecundidad total.
3.- La clave es "hacernos ricos antes de hacernos viejos". El cambio demográfíco implica desafíos importantes para nuestras sociedades, a los que debemos responder en forma proactiva. La población en edad de trabajar será proporcionalmente menos en el futuro, y para contrarrestar esto necesitamos que cada trabajador sea mucho más productivo. Esto es posible - los países más desarrollados lo hicieron- pero requiere mejorar mucho la acumulación de capital humano, capital físico y la adopción de tecnologías. El capital humano depende de la calidad de la educación, el capital físico de las inversiones en la economía y la tecnología de la apertura que tengamos para incorporar innovaciones en nuestras empresas. En las tres dimensiones hemos tenido resultados pobres en las últimas décadas, necesitamos revertir esto con urgencia.
4.- El descenso en la natalidad es una oportunidad para mejorar la calidad de la educación. Por primera vez en la historia, las autoridades educativas no necesitan contratar a más docentes o construir más escuelas para absorber a una población de estudiantes creciente. Están naciendo menos niños cada año y eso implica que, ahora y en el futuro próximo, ingresen menos niños a las escuelas. Esto permite reasignar recursos, formar mejor a los docentes, ofrecer más escuelas de tiempo completo y otras reformas que deberían resultar en una mejor calidad de los aprendizajes, sin que sea necesario asignar más recursos presupuestarios.
5.- Las políticas públicas deben adaptarse a la nueva realidad. Así como la situación demográfica representa una oportunidad para la educación, también implica un desafío importante en otras áreas, como por ejemplo la salud o la seguridad social. Los servicios de salud en Argentina tienden a enfocarse en el tratamiento de eventos agudos (es decir, cuando tenemos una crisis de salud y acudimos a un hospital o clínica) pero los cambios llevan a que cada vez más las necesidades de atención serán en relación a enfermedades crónicas y degenerativas, que requieren un seguimiento multidisciplinario y prolongado. Los sistemas previsionales, por su lado, fueron diseñados hace décadas en un contexto demográfico distinto y los serios problemas que tienen (como su costo, inequidades e ineficiencias) tenderán a agravarse a medida que la población envejezca.
Conclusiones. En síntesis, Argentina y el mundo se encuentran en una nueva era demográfica, producto del desarrollo y los avances sociales. Lo que vemos hoy es el fruto de siglos de progreso, debemos festejarlo y congratularnos por haberlo logrado. Pero eso no significa que el futuro esté exento de riesgos. La tarea no es intentar volver a un pasado de alta natalidad, sino aprovechar las oportunidades y responder a los desafíos que esta nueva realidad nos presenta. Hacerlo, para bien y para mal, depende de nosotros.
*Economista y demógrafo, investigador principal de CIPPEC.
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