Claudio Zuchovicki trazó un mapa nítido —y nada complaciente— de lo que, a su juicio, puede definir la economía y las finanzas en 2026: una macro algo más ordenada que obliga a mirar la micro, un cambio de reglas donde “ya no alcanza” con la inflación como salvavidas, y un shock tecnológico que va a reconfigurar empleo, negocios y hasta consumos cotidianos.
“Estabilizada un poco la macro, empezamos la discusión micro”, sintetizó. Y tradujo esa idea con un ejemplos domésticos: “Hasta ahora muchas cosas dependían de vos y tantas otras no: si te dejaban importar, si había brecha, si tenías límites, aranceles, contactos”. En su lectura, acuerdos y señales de normalización “nivelan condiciones": menos trabas, menos arbitrariedad, más competencia. Pero el mensaje central es que, a partir de ahí, “va a mejorar, depende de cada uno”, marcó en una charla radial con en El Disparador (Delta 90.3).
Ese giro tiene consecuencias concretas. Para Zuchovicki, el 2026 será un año donde las empresas —y también los trabajadores— tendrán que ganarse el margen: “Ahora tenés que hacer lo que sabés hacer y ser bueno en lo que sabés hacer”. Y remató con una frase que funciona como diagnóstico de época: “Antes… quizás vendiendo poco hasta podías ganar plata, porque la inflación te cubría… valorizaba la mercadería aunque no la vendas”. En el nuevo escenario, dijo, cambia la lógica: “Tenés que vender cantidad, manejar bien tus costos”.
Sobre el clima empresario, fue realista: ve a muchos “con ganas de competir y con ganas de forzarse”, pero aclaró que el punto de partida es desigual y que la competencia todavía no es “limpia”: “Hoy la competencia no es igual porque tenemos arbitrajes impositivos. Si producís todo acá, todo en blanco, pagás un nivel de impuestos fenomenal y un riesgo laboral fenomenal. En cambio, quien vende en negro o contrabandea tiene ventaja”. Ahí puso una condición clave para 2026: igualar el terreno, no sólo abrir mercados. También advirtió que “algunas aperturas fueron más rápidas que la capacidad de algunos para adaptarse”.
En términos macro, relativizó los promedios optimistas: “Que la economía crezca 4 o 5%, a veces se logra porque hay gente que crece al 10 o 15 y otros decrecen al 5 o 10”. Otra vez: heterogeneidad y “micro” mandando. Aun así, describió un contexto regional que puede ayudar: “América Latina está pasando un muy buen momento, vende lo que el mundo quiere comprar… las tasas están para abajo, eso favoreció a la región”. Y comparó monedas: “La única moneda que se devaluó en 2025 fue el peso argentino”, algo que —según su mirada— deja a la Argentina “un poquitito menos desventajosa” que en 2024 en términos cambiarios.
Su pronóstico combina calma financiera y reactivación real, con un asterisco: “Veo un mercado financiero quieto y una economía real que va a reaccionar para bien, pero va a exigir mucho esfuerzo”. En el bolsillo, explicó un punto sensible del ajuste: aunque el “salario real quizá subió”, el “salario disponible se desplomó” en el AMBA por tarifas y servicios tras la quita de subsidios. En el interior, dijo, el impacto fue distinto: “El humor en el interior es mucho mejor… porque esos subsidios nunca existieron”. Y dejó una señal: “Ese ajuste terminó: ya ajustaron tarifas, ya ajustaron gran parte”.
La parte más inquietante de su diagnóstico no fue fiscal ni cambiaria, sino estructural: “La otra discusión… mucho más complicada… es el cambio tecnológico”. Zuchovicki lo describió como un proceso que “se está dando a pasos agitados”, donde “muchos van a tener laburo nuevo y tantos otros van a perder su fuente de laburo… porque están siendo reemplazados”. Ilustró cómo se achatan cadenas comerciales: “Antes el mayorista le vendía a un distribuidor… hoy el mayorista vende por plataforma… y se saltea intermediarios”. Resultado: comercios tradicionales con ventas en baja y digital “multiplicando por dos”. Y un aviso para todos los rubros: “Vos y yo también, que no quedamos afuera de este cambio”.
Consultado por la reforma laboral, se corrió del título y volvió al terreno: “Vas a contratar gente si tenés laburo… si tenés oyentes, tenés auspiciantes… y ahí te replanteás si tomás otro productor”. Sobre el trasfondo, fue tajante: “Hoy tenés 50% de economía informal… la batalla la perdimos: hay más gente fuera del sistema que dentro”.
En cuanto a la “inocencia fiscal” y el posible blanqueo, planteó un cambio cultural: “Ante todo presupone que si venís con 10 mil dólares, la plata la hiciste bien”. Para él, el nudo no es técnico sino psicológico: “Va a depender de la confianza… esa palabrita: si confío o no confío en el sistema”. Recordó que el ahorro fuera del sistema fue “mecanismo de defensa” por traumas locales (corralitos, confiscaciones). Pero advirtió el costo de “no hacer nada” con los dólares: “Como mínimo 4% anual” y una idea fuerte: si en 15 años no duplicaste el capital, “perdiste poder de compra”.
Por último, habló de reservas y compras de dólares del Banco Central con una metáfora personal: “Si tenés laburo… no estás obsesivo con tus ahorros. Si te quedás sin laburo, mirás la cuenta todo el día. Con un país pasa lo mismo”. Defendió la lógica de comprar reservas “si lo hace con superávit” y alertó sobre el error de hacerlo “emitiendo un montón de dinero que la gente no quiere”, porque ahí se reabre el círculo de inflación, salto de precios y corrida.
Zuchovicki pintó un 2026 de transición: menos inflación como muleta, más competencia, más exigencia de productividad, un debate pendiente sobre informalidad y reglas, y un cambio tecnológico que no espera. O, como lo dijo él en la radio, con una crudeza que funcionó de brújula: “A partir de ahora tenés que vender, manejar costos y ser bueno en lo que sabés hacer”.
por R.N.















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