"Yo me enteré al otro día de lo que pasó con Nisman. Lo del arma era 2 más 2, desde temprano hablaban de suicidio. La primera persona que habla de suicidio es un familiar de Nisman, directamente dentro del departamento se lo dice a un funcionario. 'Mi hijo se suicidó', sin conocimiento de lo que pasó", sostuvo Diego Lagomarsino en un reportaje para Rayos X (Radio 10) y agregó: "Arroyo Salgado decía que lo habían matado desde el exterior. Un juez debería tener muchísimo cuidado con lo que dice".
Este 18 de enero se cumplieron once años de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal cuya aparición sin vida en el baño de su departamento en Puerto Madero marcó un antes y un después en la historia reciente del país. El funcionario judicial de 51 años y titular de la Unidad Fiscal AMIA, fue encontrado con un disparo en la cabeza, junto a un arma calibre .22 que pertenecía a su colaborador Diego Lagomarsino. Su muerte coincidió con la presentación, horas antes, de una denuncia penal contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner por presunto encubrimiento de altos funcionarios iraníes acusados de estar detrás del atentado contra la mutual judía AMIA en 1994.

"Nisman me pide el arma prestada porque el lunes iba al Congreso y tenía miedo de que algún loquito viniera a decirle traidor con un palo, y él iba a tirar tiros al aire. Hubo varias cuestiones que fueron mentira por parte de Alberto, me dijo que las hijas tenían miedo pero me entero después de que las hijas no estaban en Buenos Aires. Fue una excusa para aflojar mi negación, era un arma no una caña de pescar", rememoró el perito informático en la entrevista y aclaró: "Siempre me atrajeron las armas, pero la realidad es que la usé dos veces. Fallaba, hacía metralla que es algo que hace que lance varios tiros a la vez, porque era antigua".
Desde el primer momento, el caso estuvo envuelto en incertidumbre y controversia. La investigación inicial, a cargo de la fiscal Viviana Fein, manejó la posibilidad de un suicidio, señalando que la puerta del departamento estaba cerrada desde adentro y sin signos claros de fuerza, y que no había nota de despedida. Sin embargo, la falta de residuos de pólvora en las manos de Nisman y otras inconsistencias en la escena abrieron interrogantes que difícilmente se cerraron con rapidez.
Ante este hecho, Lagomarsino señaló: "La Justicia admite la pericia de gendarmería que expone que a Nisman lo mataron, pero no escuché hablar de la junta criminalística, que determina que Nisman se autodispara con ambas manos sobre el arma y que no había ninguna otra persona. En el departamento no hay rastro de desorden. Los vecinos que declaran dicen que no escucharon pelea y tampoco escucharon el balazo. Ese día llovía, en ese momento no se logra percibir".

Con el paso de los años y múltiples peritajes, la causa judicial fue corrigiendo: tras algunas fases de la investigación, la justicia federal concluyó que Nisman fue víctima de un homicidio vinculado a su labor investigativa y la denuncia contra el Memorándum de Entendimiento con Irán; así lo han ratificado informes y pronunciamientos del fiscal a cargo, Eduardo Taiano, que sostienen que su muerte estuvo motivada por su trabajo en la causa AMIA y que la investigación estuvo plagada de irregularidades y posibles maniobras para desviar su curso.
A pesar de que la hipótesis del homicidio mantiene hoy más fuerza en la justicia penal, persisten versiones y debates fuertes en torno a lo que verdaderamente ocurrió aquella madrugada. A un extremo están quienes sostienen que fue un asesinato planificado por sectores de inteligencia o vinculados políticamente para frenar su denuncia, en un entramado que involucraría servicios de espionaje internos y tensiones políticas profundas; al otro, hay quienes plantean que Nisman pudo haberse suicidado presionado por las circunstancias y la magnitud de su acusación, aunque esta explicación pocas veces ha encontrado consenso entre familiares y gran parte de la ciudadanía.
"Al menos tres personas dicen que yo podría ser espía: uno es Marcelo Saín. Querían decir que yo participé por ser espía", reconoció Largomarsino en diálogo con Tuny Kollmann y continuó: "Estoy dispuesto a hablar con el que sea, los periodistas que dicen que a Nisman lo mataron no se animan a entrevistarme"."Desde el 2020 ya no tengo la tobillera electrónica. Me autorizaron a salir del país con lógica. Estoy embargado, ahorros desde 2017 están en algún lado, los tiene la fiscalía. No puedo ausentarme de mi casa más de 24 horas. No puedo hacer más de 100 kilómetros sin avisar, todo eso son recursos", detalló refiriendose a su situación actual.

Ese abanico de interpretaciones —que incluye teorías sobre agentes estatales “rebeldes”, presiones políticas, encubrimientos y fallas institucionales— ha dividido a la opinión pública argentina desde el primer día. Para muchos, la muerte de Nisman simboliza las profundas grietas entre sectores políticos y legales del país y expone dudas sobre la independencia del sistema judicial; para otros, es un episodio trágico pero mal interpretado por intereses mediáticos y partidarios. Las manifestaciones masivas que se produjeron en febrero de 2015 bajo la consigna “18F” reflejaron el clamor de una parte significativa de la sociedad por respuestas claras e imparciales.
En definitiva, once años después, el caso Nisman sigue siendo un enigma legal y político sin resolución definitiva, con varias personas procesadas por distintas acciones relacionadas con la escena y la investigación, pero sin un responsable claro por su muerte. El hecho de que sus causas —el atentado a la AMIA y el debate sobre el acuerdo con Irán— sigan siendo objeto de discusión y justicia pendiente contribuye a que el episodio continúe dividiendo a la sociedad argentina, más allá del ámbito estrictamente judicial.















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