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PyMEs en mora

El problema no es vender sino cobrar

A la caída de las ventas se suma una combinación cada vez más compleja: costos que crecen por encima de los precios, menor rentabilidad y una cadena de pagos que comienza a tensionarse.

Las dificultades de las pequeñas y medianas empresas argentinas ya no pasan únicamente por conseguir más clientes o aumentar las ventas. Un nuevo frente empieza a ganar protagonismo: cobrar lo vendido y llegar a tiempo con los propios compromisos. En un contexto de menor actividad y márgenes bajo presión, el tiempo que transcurre entre concretar una operación y recibir efectivamente el dinero puede convertirse en una variable decisiva para la salud financiera de una compañía.

Los números muestran la magnitud del problema. De acuerdo con el último Informe de Coyuntura PyME Industrial de la Fundación Observatorio PyME, correspondiente al segundo trimestre de 2026, el 62% de las empresas industriales registró un alargamiento en los plazos de cobro de sus clientes y el 24% presentó atrasos en sus propios vencimientos con impuestos, proveedores o bancos. La proporción de empresas con demoras en sus compromisos se duplicó en menos de un año.

El deterioro de la cadena de pagos aparece, además, en un escenario en el que la falta de ventas continúa siendo el principal problema para el 81% de las firmas. A esto se suma otra dificultad: el 73% de las PyMEs debió absorber aumentos de costos sin poder trasladarlos completamente a sus precios finales, mientras que el 69% reportó una rentabilidad menor que un año atrás.

Esta combinación plantea una paradoja para muchas empresas: “una empresa puede estar vendiendo y, sin embargo, empezar a tener problemas financieros. El error es mirar solamente la facturación. Hay que entender cuánto margen deja cada venta, cuándo se transforma efectivamente en dinero y qué obligaciones hay que afrontar hasta que eso ocurra. Cuando esos tiempos dejan de estar alineados, crecer incluso puede aumentar la necesidad de capital de trabajo”, explica Natalia Lomolino, directora de la consultora empresarial Confiance Group.

Frente a esta situación, una de las respuestas más habituales es recurrir al financiamiento. Sin embargo, conseguir fondos no siempre resuelve el origen del problema. No es lo mismo tomar deuda para financiar una expansión rentable, comprar equipamiento o atravesar una necesidad estacional de capital que recurrir sistemáticamente al crédito para cubrir un desequilibrio operativo que se repite todos los meses.

“Antes de buscar financiamiento hay una pregunta que parece básica, pero muchas veces no se hace: ¿por qué falta plata? Si el problema está en los márgenes, en los plazos de cobranza, en el stock, en los costos o en una estructura que quedó sobredimensionada, conseguir más dinero puede dar aire durante algunos meses, pero no necesariamente solucionar el problema. Incluso puede agregar una nueva obligación financiera a una empresa que ya tiene su caja tensionada”, agrega Lomolino.

Hay algunas señales que deberían encender una alerta: ventas que crecen mientras la disponibilidad de efectivo disminuye, clientes que pagan cada vez más tarde, necesidad recurrente de utilizar descubierto o financiamiento de corto plazo, aumento sostenido del stock y márgenes que se achican aunque la facturación avance. En estos casos, mirar únicamente cuánto vende la compañía puede ofrecer una fotografía engañosa sobre la verdadera situación del negocio.

La presión sobre los márgenes vuelve todavía más delicada la ecuación. Si los costos avanzan más rápido que los precios, cada venta adicional puede dejar menos rentabilidad que antes. Y si, además, esa operación se cobra a 60, 90 o más días mientras proveedores, impuestos y salarios deben pagarse antes, aumentar las ventas también puede incrementar el dinero que la empresa necesita para sostener su operación.

Por eso, indicadores como los días promedio de cobro y pago, la rotación del inventario, el margen por producto o servicio, la concentración de ventas en determinados clientes y el costo financiero empiezan a ser tan relevantes como la propia facturación. Analizarlos en conjunto permite distinguir entre una necesidad coyuntural de liquidez y un problema estructural que requiere otro tipo de decisiones.

“El financiamiento es una herramienta y puede ser muy útil cuando existe una estrategia detrás. El riesgo aparece cuando se convierte en la respuesta automática a cualquier problema de caja. Antes de endeudarse, la empresa debería poder explicar con claridad para qué necesita ese dinero, cómo lo va a devolver y, sobre todo, qué va a cambiar para que dentro de seis meses no vuelva a necesitar financiamiento por exactamente el mismo motivo”, concluyen desde Confiance Group.

La tensión ya se refleja en la actividad. El mismo relevamiento señala una caída interanual de la producción de las PyMEs industriales y un nuevo retroceso del empleo. El escenario obliga así a sumar nuevas preguntas a la tradicional preocupación por vender más: cuánto deja cada venta, cuánto tarda en cobrarse y cuánto capital necesita la empresa para financiar el tiempo que existe entre vender y efectivamente tener el dinero en la cuenta.

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