Arjona (CEDOC)
Señor de las seis décadas: así fue el paso de Arjona por Argentina
A sus 62 años, el guatemalteco volvió a la Argentina para quedarse unos cuantos días y reencontrarse con un público que mantiene su fidelidad.
TRES ESTRELLAS Y ½
Lleva 41 años de carrera musical si contamos desde su primer álbum de 1985. Podríamos quitarle algunos si pensamos que empezó a trascender en la década de los ’90. Pero también agregarle otros, si tomamos sus primeras incursiones como cantante infantil o hasta sus tiempos de artista callejero en la porteñísima calle Florida.
En buena parte de este tiempo, los periodistas “especializados” nos hemos cansado de cuestionarlo con todos los adjetivos a disposición, por abandonar sus tiempos más “combativos” de los comienzos, por la cursilería de sus textos, por la actitud erótico-demagógica hacia sus fans del sexo femenino, por sus melodías reiteradas, por ser parte de la industria grande sostenida en ese capitalismo furioso que cuestionaba en sus inicios.
Pero allí está este guatemalteco de talla alta y ascendencia española, de voz prolijísima y de un profesionalismo incuestionable, dándonos clases de cómo se debe entretener, divertir, emocionar, sacudir a miles de personas.
Después de un serio traspié de salud en 2023 que casi lo saca definitivamente de la cancha, llegó con su gira “Lo que el Seco no dijo” para hacer 14 funciones en el Movistar Arena más un par en la cancha de Instituto en Córdoba. Y ahí está una lista de temas que presenta algunas pocas canciones de su último álbum “Seco” –“Gritas”, “Despacio que hay prisa”, “Todo termina”-, agrega la novedad de “Cabaret” y recorre muchas de esas piezas que están grabadas a fuego en un público que incluye a muchas jóvenes que están muy por debajo de la “Señora de las cuatro décadas” que, por supuesto, no faltó en la lista. De tal modo, sonaron “Si el norte fuera el sur”, “Dime que no”, “Sin daños a terceros”, “Quiero”, “Marta, “Desnuda”, “Pingüinos en la cama”, “Mujer de lujo”, “Acompáñame a estar solo”, “Fuiste tú”, “Minutos”, “Mujeres” y tantas otras.
La banda, bailarina incluida, impecable y brillante, con chicas y chicos lindos y vistosos, es una mezcla variopinta de instrumentos, timbres y nacionalidades. Todo está respaldado por una escenografía virtual en constante movimiento que es de un nivel muy alto, con algunos agregados reales como ese clásico Volkswagen modelo escarabajo que ingresó para dar entrada a la “Historia de taxi”, y con un escenario alternativo en el medio del estadio.
No es el Serrat al que parecía apuntar en sus comienzos. No es ya ese muchachito pelilargo y seductor de mujeres maduras. No es el hijo pródigo ni el padre que da consejos. Pero es todo eso a la vez, siempre desde un “sentido común” que, en definitiva, parece ser su arma más efectiva. Con toda la experiencia que le han dado tantos años de gastar zapatos en los escenarios.
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