Friday 24 de April, 2026

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Turandot tendrá su primera soprano trans en Buenos Aires

A cien años del estreno en La Scala, Buenos Aires recibe una Turandot transformadora con María Castillo de Lima en el rol más exigente de la ópera.

Hay fechas que la historia de la ópera no olvida. El 25 de abril de 1926, el Teatro alla Scala de Milán fue testigo del estreno de Turandot, la última y más ambiciosa obra de Giacomo Puccini, quien había muerto sin terminarla dieciocho meses antes. Arturo Toscanini dirigió aquella noche memorable y, según la leyenda, detuvo la batuta en el punto exacto donde la pluma del maestro toscano se había silenciado para siempre, ante la muerte de Liù. Cien años después, Buenos Aires se prepara para celebrar ese aniversario con una producción que, al peso simbólico de la fecha, suma un acontecimiento sin precedentes en la historia del género lírico.

Los días 26 y 27 de junio, y el 4 de julio, el Teatro Avenida a las 20 horas—ese templo porteño de la ópera en la Avenida de Mayo— recibirá una nueva puesta de Turandot producida por Clásica del Sur y Sol Producciones, con dirección escénica de Gabriel Villalba y conducción musical de César Tello al frente de coro, solistas y orquesta. El acontecimiento central de esta producción es la participación de María Castillo de Lima en el rol protagónico, convirtiéndose en la primera soprano trans en la historia en interpretar a la princesa Turandot en una producción lírica profesional. No es un dato menor ni accesorio: es el núcleo transformador de una propuesta que dialoga con el presente sin traicionar la grandeza del original.

Turandot representa, técnicamente, uno de los roles más exigentes escritos para voz de soprano dramática. La escritura vocal de Puccini en esta obra es implacable: demanda proyección de acero en el registro agudo, resistencia en frases de enorme tensión expresiva y una presencia escénica que sostenga el peso de una figura que aterroriza, subyuga y, finalmente, se rinde ante el amor. Que María Castillo de Lima haya llegado a este rol habla no solo de sus capacidades vocales y artísticas, sino del lugar que conquistó en el mundo lírico con trabajo, talento y una trayectoria que hoy alcanza su punto más alto. Su Turandot no es solo una interpretación: es una declaración de posibilidad.

La obra en sí misma ofrece una relectura extraordinaria cuando se la mira desde esta perspectiva. La historia de una mujer que construyó su fortaleza como coraza ante el trauma y el miedo —la memoria de su antepasada Lou-Ling, violentada y asesinada— y que debe deconstruir esa armadura para encontrarse con su propia humanidad, adquiere una resonancia nueva cuando quien la encarna conoce de cerca el peso de las identidades que el mundo cuestiona. La última obra de Puccini, que nació inconclusa, encuentra en esta producción una completud inesperada y profunda.

El elenco que la acompaña no desmerece la ocasión. Fabricio Gori y Martín Fernández se alternan en el rol de Calaf, el príncipe que se atreve a desafiar el destino y cuya voz debe elevar el Nessun Dorma —quizás la aria más reconocida de toda la historia operística— con la convicción de quien cree en el amor por encima de la muerte. Eugenia Coronel Bugnon asume la delicada y desgarradora Liù, ese personaje que Puccini dotó de una ternura y una tragedia que en muchos sentidos eclipsan al resto del drama. Bruno Santoro Sciaini y Franco Gómez Acuña se reparten el papel de Timur, el rey ciego y destronado, mientras que el trío cómico de Ping, Pang y Pong —ese contrapeso filosófico y burlesco que la obra necesita como respiración— estará a cargo de Miguel Balea, Jerónimo Vargas Gómez, Marcelo Reynes y Mauro Luna.

La puesta de Gabriel Villalba promete ese equilibrio difícil que todo director escénico de ópera persigue: respetar la monumentalidad del original sin petrificarlo, permitir que la obra hable al espectador de hoy sin imponerle lecturas que la fuercen. Turandot, ambientada en una China legendaria y atemporal, es una obra que siempre contuvo en su interior más preguntas que respuestas: ¿qué es el amor cuando se enfrenta al orgullo? ¿Puede el dolor transformarse en apertura? ¿Tiene el arte el poder de resignificar la identidad?

Esta producción responde afirmativamente a la última pregunta con cada función. Buenos Aires, ciudad que recibió a Turandot por primera vez el 25 de junio de 1926, tiene una oportunidad única: presenciar, en el año de su centenario, una versión que honra la tradición y al mismo tiempo la ensancha. Las entradas están disponibles a través de Ticketek. Nessun dorma —que nadie duerma— decía Calaf en su aria inmortal. Ningún melómano debería perderse esta noche.

por R.N.

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