Javier Milei (CEDOC)
La soledad del corredor de fondo
Cómo la ausencia de una oposición fuerte también perjudica a Milei. ¿Terminará siendo víctima de sus propios éxitos políticos?
Para mantenerse en forma, un atleta de elite necesita medirse con rivales que están a su altura. Si no los encuentra, no tardará en debilitarse. Lo mismo ocurre con los gobiernos. A menos que tengan en frente a una oposición fuerte de ideas claras que está en condiciones de ofrecer una alternativa viable al oficialismo, sus dirigentes terminarán obsesionados por los conflictos internos de su agrupación.
Es lo que está sucediendo aquí. Sin verse obligado a preocuparse demasiado por las maniobras de las distintas facciones peronistas, macristas, radicales o izquierdistas que conforman una oposición aún desmoralizada por los resultados de las elecciones legislativas del año pasado, el gobierno encabezado por Javier Milei corre el riesgo de caer víctima de sus propios éxitos políticos.
Tal y como están las cosas, Milei y su hermana Karina se sienten libres para hacer cuanto se les ocurre. Es de prever, pues, que el gobierno siga aprobando novedades insólitas como la Oficina de Respuesta Oficial, una Inquisición libertaria creada para fustigar a los diseminadores de ideas y noticias heréticas. No sorprendería que en los meses próximos aparezcan otras iniciativas igualmente excéntricas que, a lo mejor, servirán para distraer la atención de la gente de la marcha decepcionante de la economía que, para frustración del presidente, sigue negándose a reactivarse.
Para Milei, el que la inflación haya resultado ser un hueso mucho más duro de roer de lo que creían los monetaristas que venera es un problema muy grande. A juzgar por la experiencia de países como Israel y Chile, tendrán que transcurrir años antes de que el país finalmente se libre del flagelo que tanto ha contribuido a depauperarlo, pero parecería que Milei, alentado por lo que sucedió en el primer año de su gestión, se convenció de que podría hacerlo en un lapso llamativamente más breve.
También motivan inquietud el comportamiento del dólar -mejor dicho, del peso- y el letargo del “aparato productivo”. Puede que al país no le aguarde un período prolongado de “estanflación” como advierten ciertos pesimistas, pero abundan los convencidos de que se trata de una posibilidad y que entraña el riesgo de que, andando el tiempo, la mayoría pierda fe en el evangelio libertario y comience a reclamar cambios ya.
Nada de eso es sorprendente. Reestructurar una economía tan vetusta como la argentina para que pueda prosperar en el mundo ultra competitivo de mañana tomará por lo menos veinte años de trabajo arduo por parte de los capaces de aportar algo positivo. ¿Estarán en condiciones de hacerlo los empresarios nacionales si caen todas las barreras proteccionistas y los productos de un sistema educativo que de acuerdo común es escandalosamente deficiente? No extrañaría del todo que, de concretarse el boom económico con el que sueña Milei, tuvieran que venir miles de técnicos de otras partes del mundo para cumplir funciones que la mano de obra local sería incapaz de desempeñar.
A su modo, el “modelo” corporativista que contó con el apoyo de generaciones de políticos tuvo éxito al asegurar un medio ambiente en que hasta los reacios a adaptarse a “la cultura de trabajo” moderna podían sobrevivir, razón por la que, a pesar de una serie de crisis volcánicas, se mantuvo hasta que, por fin, el triunvirato conformado por Cristina, Alberto y Sergio lo puso al borde de un abismo sin fondo. Como es natural, sindicalistas y otros que se vieron beneficiados se oponen al intento mileísta de reemplazar por el mercado impersonal a los funcionarios politizados que siguen administrándolo.
La diferencia fundamental entre el capitalismo basado en la libertad del individuo que reivindica con entusiasmo desbordante Milei y todas las alternativas, consiste en que en éstas el destino material y por lo tanto social de cada uno depende de decisiones tomadas por políticos, o sea, de miembros de “la casta” y sus subordinados. En muchos lugares, entre ellas Nueva York y otras partes de Estados Unidos, el desprecio popular por la “casta” local no ha sido óbice para que sectores sustanciales de la clase media quisieran que los políticos, asesorados por militantes progresistas, manejaran virtualmente todas las variables económicas, pero en la Argentina, muchos rebeldes contra el statu quo han optaron por la versión libertaria del capitalismo.
De todos modos, puesto que por ahora cuando menos la mayoría parece estar a favor del “rumbo” que ha emprendido Milei, son muchos los políticos que entienden que les convendría actuar como compañeros de ruta del guía mesiánico, lo que, como no pudo ser de otra manera, está ampliando las grietas en todos los partidos no oficialistas. En ciertos casos por afinidad ideológica y en otros porque están acostumbrados a acercarse al poder de turno, muchos políticos a la deriva están aproximándose e incluso afiliándose a La Libertad Avanza, lo que molesta a los mileístas de primera hora que están procurando mantenerlos a raya.
Aunque para tener éxito Milei tendría que transformar lo que hace apenas tres años era una secta muy minoritaria en un auténtico movimiento de masas incorporando a cuadros formados en organizaciones aglutinadas en torno a principios muy diferentes de los suyos, aquellos que preferirían que La Libertad Avanza continuara siendo una empresa familiar dominada por iniciados no ocultan el desprecio que sienten por los recién convertidos a la causa.
Asimismo, los hay que están reubicándose con el propósito de sacar provecho de los cambios que ven avecinándose sin por eso querer integrarse a las huestes gubernamentales. A lo sumo, están dispuestos a darles su apoyo crítico. Es lo que están haciendo los gobernadores peronistas de provincias en que abundan riquezas mineras o petroleras; están preparándose para dar la bienvenida a corporaciones multinacionales con la esperanza de que inviertan muchísimo dinero en proyectos ambiciosos del tipo que siempre han alarmado a ambientalistas y nacionalistas que preferirían que los recursos del subsuelo permanecieran donde están.
Para tales mandatarios provinciales, el anuncio de que un consorcio de empresas mineras australianas y canadienses podrían estar por invertir hasta 18.000 millones de dólares en un proyecto binacional en la Cordillera compartida por la Argentina y Chile es sólo un preaviso de lo que quisieran ver suceder en su parte del mundo. Si, como esperan, les toca tener acceso a una multitud de cajas repletas de fondos, les será mucho más fácil conservar los sistemas “feudales” que les parecen naturales.
Para seducir a los liberales tradicionales, Milei ha podido recordarles que su ideario se asemeja mucho al predicado, con menos truculencia, por Mauricio Macri. Para congraciarse con los peronistas, Milei quiere que pasen por alto su adhesión firme a conceptos ultra-liberales, para no decir gorilas, y que tomen nota de su conducta personal que, huelga decirlo, tiene muy poco en común con la considerada típica de quienes siempre se han considerado liberales. Aunque parecería que los esfuerzos de Milei por mimetizarse con los compañeros no han funcionado muy bien en el conurbano bonaerense, donde la mayoría sigue apoyando a personajes que representan formas de pensar que la depositaron en la miseria estructural en que está atrapada, en el resto del país la imagen de outsider auténtico que el anarco-capitalista se ha labrado lo está ayudando a relacionarse con quienes se han habitado a desconfiar de políticos de origen porteño.
Milei es un híbrido. Si bien las ideas que defiende con tanta pasión son de origen académico sumamente respetable, le gusta comportarse como un hooligan; es una combinación que entraña el riesgo de que termine ofendiendo tanto a quienes de otro modo simpatizarían con su proyecto político-económico que se le opongan y que merezca el odio de los demás por proponer cambios estructurales que no pueden sino perjudicarlos. Con todo, aunque no cabe duda de que su conducta rufianesca y a menudo autoritaria le ha ganado la antipatía de algunas franjas sociales y que la política económica simbolizada por la motosierra le ha impedido acercarse a los habitantes más pobres de la Provincia de Buenos Aires, Milei y quienes lo rodean dan por descontado que su falta de decoro lo ayuda a relacionarse anímicamente con jóvenes que, a diferencia de sus progenitores, quieren romper con el peronismo.
Milei se presenta como el antídoto a las tradiciones políticas que depauperaron a la Argentina, pero con frecuencia brinda la impresión de creer que, por ser tan espléndidos sus objetivos, no debería preocuparse por nimiedades como la calidad institucional. Parece suponer que achicar el Estado serviría para eliminar la corrupción, razón por la que no le preocupa que, según Transparencia Internacional, el país ha recomenzado a bajarse en la tabla de posiciones que difunde, regresando a los lugares humillantes que ocupaba en los tiempos de Cristina y Alberto Fernández. He aquí un motivo por el que, a pesar de las reformas drásticas ensayadas por el gobierno, apenas ha comenzado a llegar las inversiones masivas que, en vista de las expectativas a primera vista realistas de Milei, ya deberían estar transformando el panorama económico nacional.
También te puede interesar
-
Verano y salud: la ventana estratégica para el control preventivo
-
Soberanía y América Latina: el día que EE.UU. mostró quién manda
-
Las ramificaciones del caso Epstein
-
El fin de la borrachera: el colapso del alcohol en China desmiente cifras oficiales
-
Jerarquía civilizada: un acuerdo para decidir con legitimidad
-
Cambio de frente: cuando el deporte entra en modo scroll
-
La ciencia desbordada: cuando la IA escribe y lee papers
-
El panfleto del Financial Times: cuando la ideología se disfraza de estrategia
-
En el mundo de Donald Trump