Mauricio Macri (CEDOC)

Acerca de Mauricio Macri, los pobres y los reyes

La frase del ex presidente que relativizó el drama de la pobreza tiene como trasfondo su proverbial insensibilidad. El trauma del Mercedes en Tandil.

La frase se la dijo Mauricio Macri al podcast La Fábrica y de inmediato se hizo viral: “Un pobre de hoy vive igual o mejor que un rey de hace cien años”, teorizó el ex presidente para dar a entender que el drama de la pobreza estaba inflado por los medios. Porque, según él, estamos viviendo “la era de la revolución de las expectativas” y, en vez de conformarnos con lo que tenemos, “todo el mundo está loco por más”. Entonces, Macri explica que los pobres de hoy “tienen cloacas, agua corriente, educación y salud pública”, por lo cual seguramente vivan mejor que los monarcas de antaño.

Esta columna no pretende responder a una insensatez semejante, sino hacer foco en uno de los rasgos más notorios de la personalidad del ex presidente, su proverbial insensibilidad, que hace que hasta Javier Milei parezca un alma caritativa a su lado. Aquí va un rapidísimo repaso de lo que decía Macri cuando gobernaba. En invierno, si hacía frío y el gas multiplicaba su precio por seis, él recomendaba públicamente no usarlo y tampoco “andar en remera y en patas”. En verano, cuando el calor se volvía insoportable, pedía que todos pongan en aire acondicionado en 24 grados, ni uno menos. En cuanto al supermercado, si la comida aumentaba demasiado, aconsejaba no comprarla para que los comerciantes recapacitaran o, en otras palabras, perdiesen plata. Tampoco quería que los argentinos usaran el auto si no estaban de acuerdo con las subas de la nafta, ya que la bicicleta en definitiva era más sana y contaminaba menos. Además, sostenía que habría que trabajar los sábados y domingos.

Para el “cartonero” -como lo apodó Diego Maradona por su gusto por la escasez-, se podía vivir perfectamente sin gas, nafta, aire acondicionado o primeras marcas del supermercado, sobre todo trabajando siete días a la semana.

Macri tiene un tema con el dinero. A los 12 años, cuando veraneaba en Tandil y pasaba el día entero en el club “Los 50”, afuera del establecimiento siempre lo esperaba el Mercedes Benz de su padre Franco, el primero de esos autos de lujo que se vio en el pueblo.

El pasatiempo en esas jornadas de calor era la pileta para los más chicos y las rondas de Mirinda con cerveza para los que tuvieron más de 15, algo que aún le estaba vedado al joven Mauricio.

La primera vez que sus amigos del club avistaron el Mercedes de la familia, con el chofer al volante, él no la pasó bien.

Su compañero Mauricio D’Alessandro, el hoy mediático abogado, lo señaló con el dedo para escracharlo:

–Che, decime, ¿cuánto gana tu viejo? ¿Un millón de pesos?

Las risotadas del resto del grupo acompañaron el comentario.

Macri se quedó en silencio.

Se sentía avergonzado. Lo estaban estigmatizando por ser el nene rico del lugar. Por viajar en un Mercedes en vez de una común y corriente bicicleta.

Para entender qué tan hondo caló la burla en él hay que terminar de contar la historia.

Unos pocos días después, la madre del nene rico, Alicia Blanco Villegas, la del apellido con alcurnia, fue a hablar con la señora de D’Alessandro.

De madre a madre le comunicó:

–¿Vos sabés lo que tu hijo le dijo al mío?

–No, ¿qué? –interrogó la otra.

–Le preguntó cuánto gana mi marido, una desubicación total. Vos deberías saber que de esas cosas no se habla…

Y se volvió a su casa en el Mercedes, sin esperar las disculpas de la otra.

El nene le había contado todo a mamá, y mamá fue a defenderlo.

A los 12.

–Che, ¿viniste en el Mercedes? –se siguieron burlando sus amigos en el club.

Ese nene que andaba en Mercedes en Tandil es el que hoy compara a pobres con reyes.

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