Martín Llaryora (Cedoc)
Martín Llaryora, el amigo de todos
El gobernador cordobés coquetea con Santilli, Kicillof, Dante Gebel y el Peronismo Federal. La estrategia del huevo en cada canasta.
Con un peronismo empantanado en la reconstrucción, Martín Llaryora no apura definiciones. El gobernador de Córdoba hace gala de su versatilidad: hace equilibrio entre las nuevas variantes del PJ, gobernadores de otros partidos e, inclusive, el Gobierno libertario.
La última semana fue uno de los mandatarios que presenció la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete y mostró su nueva buena sintonía con Casa Rosada. Pero antes había dejado evidencia de que está atento a los candidatos que puedan surgir: envió delegados a los encuentros del nuevo peronismo federal y hasta se reunió con el pastor Dante Gebel. Decidido a defender su pago chico en el 2027, el cordobés tendrá contactos con los candidatos a presidente, sean quienes sean.
Oficialismo. El ascenso de Santilli en Casa Rosada fue un bálsamo para la relación entre el gobernador cordobés y Javier Milei. Por eso Llaryora aceptó la invitación del Presidente para formar parte del acto de jura del nuevo ministro coordinador.
Para el mandatario cordobés también es una oportunidad: uno de sus asesores suele decir que el Gobierno central terminará por ofrecerle un acuerdo a las provincias para asegurarse mutuamente la continuidad el 2027. Y ese escenario lo seduce. Más vale estar cerca de los libertarios.
Para sellar esta nueva etapa de la relación con Casa Rosada, Llaryora espera, al menos, un gesto: ser incluido en el reparto de los Aportes del Tesoro Nacional. Provincias como Santa Fe y Entre Ríos son algunas de las 16 que fueron incluidas en el reparto. No así Córdoba, que no recibió nada en los tres años de gestión libertaria.
Con la decisión de sostenerse en su provincia, el cordobés también dejaría atrás la aventura de Provincias Unidas, una coalición federal que nació en 2025 y que no logró superar la grieta entre libertarios y peronistas. Por ahora, el espacio que aspiraba a construir un candidato presidencial se consuela con conservar una buena cuota de poder con su bloque en Diputados.
En construcción. A esta altura, el cordobés puso un huevo en cada canasta. Aún cuando se acerca a Casa Rosada, no descuida las posibilidades que puedan surgir en su partido político.
Por eso mandó dirigentes propios a cada encuentro del Peronismo Federal. En la última reunión estuvo Nadir Nifury, funcionario que trabaja en la Secretaría General de la Gobernación, y más de 30 intendentes de su provincia.
Llaryora se cuidó de no hacer ningún pronunciamiento público al respecto, pero siguen con atención el armado que hacen Juan Manuel Olmos, Guillemo Michel y Victoria Tolosa Paz, sobre todo porque coinciden con el origen: que no se referencie ni en Cristina Kirchner ni en Axel Kicillof.
De todas maneras, con el gobernador de Buenos Aires tienen canales de diálogo. En mayo, Kicillof desembarcó en Córdoba pero fue recibido por sindicalistas. El mandatario local estaba con agenda en San Juan. De todas maneras, el bonaerense aclaró: “Con Llaryora hablamos. Pero no estamos hablando de un acuerdo electoral, sino de encontrar puntos en común ante la crisis”.
La amplitud para la rosca del cordobés es una virtud política. Cuando la agenda se había inundado de especulaciones sobre el desembarco político de Dante Gebel, Llaryora se reunió en Capital con él. Fueron 30 minutos en los que hablaron de la situación del país, del futuro de ambos y terminaron con una promesa: el empresario y pastor le propuso ir con su iglesia a Córdoba y el dirigente peronista quedó a disposición para facilitar la organización.
En el peronismo local, sólo tiene una amenaza. Natalia de la Sota, la hija del ex gobernador del cual él fue ministro, quiere crecer para convertirse en una opción. Trabaja junto a Sergio Massa y se reúne con otros dirigentes para juntar voluntades, aunque le será difícil competir sin el aparato.
Mientras tanto, Llaryora observa. Atento a lo que pueda surgir de cara al 2027, elige posicionarse para conservar su pago chico. Hoy tiene todas las posibilidades abiertas: no descarta acompañar a un presidenciable del peronismo, reintentar una tercera vía por fuera de la grieta, esperar a un candidato sorpresa o, incluso, hacer un pacto de no agresión con los libertarios. El cordobés, a esta altura, es amigo de todos.
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