Jazz (CEDOC)

El jazz revive en el centenario de Miles y Coltrane

Vinilos, streaming y salas llenas: el jazz vive un boom a cien años de Miles y Coltrane. Los clubes y músicos que marcan el pulso.

Cien años atrás, en 1926, nacían dos de los máximos genios que el jazz produjo en toda su historia. Miles Davis nació el 26 de mayo en Alton, Illinois. John Coltrane, el 23 de septiembre en Hamlet, Carolina del Norte. Un siglo después, ese doble centenario dejó de ser una efeméride para convertirse en el mejor argumento comercial que consiguió el género en décadas. Y, de paso, en la excusa perfecta para mirar un fenómeno musical que venía creciendo sin que nadie le prestara demasiada atención: el jazz volvió a ser negocio, volvió a ser salida nocturna y volvió a ser algo joven.

Siglo de oro

La maquinaria del centenario es enorme. Los herederos de Davis, junto a la compañía Reservoir, lanzaron "Miles Davis 100", un programa global que incluye reediciones, moda, licencias y hasta una película en preproducción. Legacy Recordings reeditó "The Complete Live at the Plugged Nickel 1965" en cajas de 10 vinilos y 8 CD, con más de siete horas de música, por primera vez en tres décadas.

Del lado de Coltrane, Rhino publicará "John Coltrane 100: Selections from 1951-1967", 37 temas en seis vinilos de 180 gramos remasterizados por Bernie Grundman, que saldrán a la venta el 2 de octubre, apenas días después del centenario. Los BBC Proms le dedicaron dos noches en el Royal Albert Hall. Terence Blanchard y Ravi Coltrane armaron una gira conjunta. Hasta la publicidad automotriz se subió: Lexus sincronizó "Blue in Green" en su nuevo comercial.

Los números explican por qué. Según la IFPI, la música grabada facturó 31.700 millones de dólares en 2025, un 6,4% más que el año anterior, y sumó su undécimo año consecutivo de crecimiento, con 837 millones de cuentas de suscripción paga en el mundo. Luminate contabilizó 5,1 billones de reproducciones de audio on demand, un 9,6% más. Pero el dato que más le sirve al jazz es otro: apenas el 43% de las escuchas en Estados Unidos corresponde a temas editados en los últimos cinco años. El catálogo manda. Y pocos géneros tienen un catálogo como el del jazz.

Hay más. El jazz es el género con mayor proporción de consumo en formato físico de todo el mercado: 23,3%. Traducido: el jazzero sigue comprando discos. El vinilo creció por decimonoveno año consecutivo, con una suba del 13,7%, y los sellos audiófilos se pelean por las matrices de Impulse! y Blue Note. Negocio redondo, como los discos.

Joven

El mito del público canoso también se cayó. Spotify calcula que cerca del 40% de la escucha de jazz proviene de menores de 30 años, una proporción que se mantiene estable desde 2014. Una encuesta británica difundida el año pasado encontró que el 22% de los oyentes de la generación Z y millennials escucha jazz, por encima del house y el techno (16%) y del K-pop (13%).

Laufey, la cantautora y productora islandesa-china que moderniza el jazz y la música clásica, roza los 12,5 millones de oyentes mensuales. Ezra Collective, Berlioz (el productor que antes firmaba como Ted Jasper y que sorprendió a la industria en 2023 con el EP "jazz is for ordinary people"), Yussef Dayes y Samara Joy no necesitan presentación entre los jóvenes. Y el circuito en vivo acompaña: el New Orleans Jazz Fest reunió este año a 475.000 personas, 15.000 más que en 2025, incluso con dos tardes arruinadas por la lluvia.

El fenómeno se plasma también en las horas de escucha en streaming: el jazz instrumental rinde como pocos géneros en las listas para estudiar o de sobremesa que arman los algoritmos, con sesiones largas, pocos saltos y alta tasa de finalización. El jazz no necesita el volumen del pop para que la plataforma lo empuje. A eso se sumó el puente con el hip hop y el neo soul, que viene de lejos y hoy es explícito: el pianista Robert Glasper es prueba de ello, con su residencia de un mes en el Blue Note de Nueva York, donde se cruza con Questlove, Bilal y Lalah Hathaway como invitados.

Clubes

Ese caudal se convirtió en un boom de nuevas salas. Blue Note abrió en Los Ángeles en agosto de 2025 y desembarca el 23 de septiembre en Londres, justo el día del centenario de Coltrane, en el sótano del hotel St Martins Lane, en Covent Garden. Lo inaugura Glasper, que además oficia de embajador artístico del club y vuelve en noviembre por siete funciones. Son dos espacios: una sala principal de 250 localidades y otra de 100, bautizada B-Side y pensada para artistas emergentes, que abrirá más adelante. Las dos nuevas sedes se suman a la casa madre de Nueva York y a las de Tokio, Milán, Beijing, Shanghái, Honolulu, Napa, Río de Janeiro y San Pablo. Su presidente, Steven Bensusan, lo resumió sin vueltas: "hay una generación más joven abrazando el jazz".

Buenos Aires tiene una densidad de clubes que bien podría competir con la de las grandes plazas. Thelonious Club, fundado hace 25 años por Lucas y Ezequiel Cutaia, programa más de 300 shows al año en Palermo. Prez Jazz & Music Club abrió en 2022 en un sótano de Barrio Norte, de la mano de Justo Lo Prete, con piano de cola y espíritu de melómano obsesivo. Bebop Club, del sommelier Aldo Graziani, abre de lunes a lunes y acaba de cumplir doce años. Virasoro Bar funciona en una casona art déco de Palermo. Jazz Voyeur cumple dos décadas en el Hotel Meliá Recoleta Plaza y programa los siete días. Swing City, que nació como escuela de baile y en 2023 se convirtió en club, completa el lote. No hay otra ciudad de América Latina con tanto jazz: ni San Pablo, ni Ciudad de México, ni Bogotá.

A eso se suma la jugada institucional con firma neoyorquina. El Complejo Teatral de Buenos Aires selló una alianza con Jazz at Lincoln Center y montó el ciclo Jazz Buenos Aires en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, dentro del programa Buenos Aires Ciudad de Artes: nueve conciertos, con entradas de 20.000 a 85.000 pesos, que arrancaron en marzo con el Gerald Clayton Trio, terminan en noviembre y ya incluyeron a Sarah Hanahan, Etienne Charles, Shenel Johns, Herlin Riley, George Garzone con Jeff "Tain" Watts y Alexa Tarantino. Melissa Aldana, una de las figuras más potentes del saxo tenor contemporáneo (20 de octubre, 20 hs), y el Christian Sands Quartet, con groove moderno y espíritu de jam session (24 de noviembre, 20 hs), completarán el año.

Todo esto potencia una corriente que ya venía. Bebop anunció para la segunda mitad del año dos noches de Joshua Redman con su grupo, el sábado 3 y el domingo 4 de octubre, y seis presentaciones de Kenny Garrett, también con su grupo, el sábado 14, el domingo 15 y el lunes 16 de noviembre. A comienzos de año el club había celebrado su aniversario con una cena de gala que tuvo a Dee Dee Bridgewater junto a Bill Charlap, dúo que además se presentó en el Teatro Coliseo en una producción del propio Bebop. Por el club pasó también la arpista Brandee Younger. Jazzología, el ciclo gratuito que Carlos Inzillo sostiene desde 1984, entró en su temporada 42. RoJazz, en el Rojas, va por su cuarta edición. Y los clubes armaron programación especial por los centenarios.

Músicos

Algunos veteranos advierten que la proliferación de escuelas produjo camadas técnicamente impecables, pero con menos apetito de búsqueda, más dedicadas a replicar la época dorada que a encontrar una voz propia. El espacio para la música original se achicó frente al hard bop y al swing, que venden mejor. El centenario puede agravarlo. Es tentador llenar la cartelera de tributos a Miles y a Trane y convertir el club en un museo con servicio de mesa.

Contra eso juega el mejor activo argentino: los músicos. Leo Genovese, Guillermo Klein, Camila Nebbia, Mariano Loiácono, Adrián Iaies, Barbie Martínez, Hernán Jacinto, Pipi Piazzolla, Yamile Burich. Una lista que circula por Nueva York, Ciudad de México y Europa sin pedir permiso ni subsidio.

Aldo Graziani entendió antes que nadie la verdadera ecuación del boom. Su cartelera no se limita al jazz: hay funk, blues, soul, rock, tango y otras expresiones de la música popular. Y un porcentaje alto de su público no es especialista: busca un plan distinto para una noche, en pareja o con amigos, con buena cocina y música que no suena en su casa. La gastronomía, los vinos y la coctelería no son un accesorio del negocio sino parte del concepto. "Buscamos que la experiencia no termine en el escenario", resume. Ese es el hallazgo. El jazz de 2026 no crece porque la gente estudie armonía. Crece porque la sala chica, la mesa, la copa y un cuarteto a tres metros ofrecen algo que ninguna plataforma puede simular.

Miles y Coltrane nunca tocaron en Buenos Aires, pero cien años después la ciudad abunda en clubes donde su música suena cada semana. Nada mal para una escena que se sostiene, sobre todo, a fuerza de clubes y músicos.

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