Youtubers y la nueva era (Grok)
Qué cambió desde la era de El Rubius hasta el nuevo negocio de YouTube
Mientras los viejos youtubers eran celebridades, perfiles como Benji YTA encarnan la nueva era: menos viralidad, más estrategia y monetización inteligente.
¿Recuerdan cuando ser youtuber significaba ser El Rubius, Germán Garmendia o Vegetta? Durante años, el imaginario colectivo fue ese: jóvenes frente a una cámara, millones de suscriptores, giras internacionales y una exposición que rozaba lo celebrity. Para muchos, si no eras uno de esos nombres, directamente no había lugar. YouTube parecía un club exclusivo donde solo unos pocos podían convertir videos en una carrera. Pero el mapa cambió. Y bastante.
Hoy no hace falta tener decenas de millones de seguidores ni ser tendencia global para vivir de la plataforma. De hecho, gran parte del dinero que circula en YouTube no está necesariamente en los canales más virales, sino en aquellos que construyen comunidades más pequeñas pero mucho más comprometidas. El fenómeno se volvió menos ruidoso y más estratégico.
Mientras algunos de los viejos referentes migraron hacia otros proyectos, como el streaming o negocios físicos, emergió un nuevo perfil: el creador-empresario. Personas que no buscan fama masiva sino estructura, constancia y conversión. YouTube dejó de ser solo entretenimiento adolescente y se transformó en una herramienta para vender formación, consultorías, servicios y productos digitales. Menos alfombra roja, más embudo de ventas.
En ese terreno se mueve Benji YTA. Su historia no empezó con millones de vistas ni con sponsors internacionales. Arrancó como muchos otros: subiendo gameplays de Minecraft cuando tenía 14 años. Uno de esos videos, inspirado en un creador más grande, comenzó a escalar de forma inesperada. No fue un boom instantáneo, sino un crecimiento sostenido que terminó superando las 180 mil visualizaciones con el paso de los meses.
Ese episodio le dejó una conclusión que marcaría su camino: el crecimiento no era azaroso. Había lógica detrás de los títulos, las miniaturas y el momento en que se publicaba un contenido. A partir de ahí comenzó a probar, ajustar y sistematizar lo que hoy define como una metodología centrada en la longevidad.
Su enfoque se distancia del modelo clásico de “hacerse viral o desaparecer”. En lugar de buscar picos explosivos, propone construir una base sólida de contenido antes de atraer grandes volúmenes de audiencia. La idea es simple: cuando alguien llega al canal, debe encontrar suficiente material para quedarse. Si el espectador solo encuentra uno o dos videos, la oportunidad se diluye.
Esa lógica, aplicada en distintos nichos y en varios idiomas, derivó en resultados económicos concretos. En 2024, los canales que trabajaron bajo este esquema generaron alrededor de 18 millones de dólares en facturación, no necesariamente a través de anuncios tradicionales, sino mediante la venta de productos y servicios propios de los creadores.
El diferencial, según explica, está en el formato largo. Mientras otras redes privilegian el impacto rápido, YouTube permite sostener la atención durante 30, 40 o 60 minutos. Esa permanencia fortalece la confianza. Y en internet, la confianza es moneda.
Otro de los pilares es el contenido atemporal: videos que no dependen de la tendencia del momento y que pueden seguir acumulando vistas meses después de haber sido publicados. Lejos de la obsesión por el algoritmo, la estrategia apunta a satisfacer necesidades concretas de una audiencia específica. El algoritmo, en ese esquema, funciona como distribuidor, no como enemigo.
En paralelo, la conversación sobre marca personal ganó terreno. Ya no se trata solo de influencers que muestran su vida cotidiana, sino de profesionales que utilizan la plataforma como amplificador de su trabajo: médicos, traders, educadores, consultores. El concepto de “vivir de YouTube” se volvió más amplio y menos glamoroso.
Quizás el mayor cambio es cultural. Durante años, el sueño era “ser famoso en YouTube”. Hoy, para muchos, el objetivo es construir una audiencia suficiente para sostener un negocio propio sin depender de terceros. No hace falta llenar estadios ni romper récords de visualizaciones: alcanzar a las personas correctas puede ser más rentable que llegar a millones.
El fenómeno de los primeros youtubers sigue teniendo peso simbólico. Fueron pioneros y marcaron una época. Pero la plataforma ya no funciona bajo la misma lógica. El modelo evolucionó hacia algo más técnico, más silencioso y, para algunos, más previsible.
YouTube dejó de ser únicamente un escenario para celebridades digitales. Se convirtió en una infraestructura donde conviven entretenimiento, educación y negocios. Y en ese ecosistema, el éxito no siempre grita. A veces se construye video a video.
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