Dormir es el nuevo lujo. (Equinox)
Turismo del sueño: Por qué dormir bien es el objetivo premium de los viajeros
En tiempos de sobreestimulación constante, el descanso se mide, se entrena y se diseña con ayuda de hoteles, gadgets y especialistas.
Ante una vida atravesada por pantallas y estímulos que no cesan, el sueño se convirtió en un objetivo que se persigue con la misma disciplina que una dieta o una rutina de gimnasio. Cada vez más aplicaciones y dispositivos prometen optimizar cada ciclo nocturno, mientras cadenas de hoteles y spas arman retiros pensados exclusivamente para el sueño. Hoy el sueño es un privilegio que hay que planificar y monitorear (aunque también pagar).
El nuevo check in
En Suiza, cuna del turismo de bienestar médico, Clinique La Prairie construyó el programa Brain Potential, que arrancó como una respuesta al insomnio y terminó ampliando su alcance a la salud cognitiva completa. Combina evaluación médica, nutrición personalizada, movimiento y bienestar mental trabajando en conjunto. La estadía completa dura siete días y arranca desde los 28.400 francos suizos.
Según observa Willie Carballo, representante de la marca en América Latina, la demanda alrededor del sueño cambió de forma marcada en las últimas décadas. "El sueño ha sido una preocupación de hace mucho tiempo, sin duda el ritmo y aceleramiento de la vida moderna ha incrementado la problemática", señala, y agrega que la tecnología agravó también otros temas cognitivos.
El boom no vino sin costados negativos, y Carballo lo ve bien en su industria. "El turismo de bienestar ha crecido exponencialmente y presenta gran diversidad de opciones en todos los continentes, pero también ha crecido la falta de seriedad en la oferta, y al tratarse de la salud presenta grandes riesgos". Frente a esa dispersión, el especialista aconseja algo simple para quien no puede viajar hasta Suiza: mirar las credenciales antes que el marketing. "No solo para los programas de sueño que se ofrecen, sino para cualquier programa de salud, lo más importante es que quienes lo ofrezcan cuenten con respaldo médico reconocido ", resume.
Del otro lado del Atlántico, la cadena de fitness Equinox trasladó el mismo impulso al corazón de Manhattan. En su hotel de Hudson Yards, la marca desarrolló The Sleep Lab, un puñado de suites con tecnología de sueño creada junto al científico Matthew Walker. La habitación combina un colchón adaptativo de temperatura regulable, iluminación y sonido ajustados al ritmo circadiano de cada huésped y persianas que bloquean por completo la luz exterior. Una noche ronda los US$2000.
Pero el programa no se agota en la habitación. Los huéspedes pueden sumar una infusión intravenosa de magnesio, glicina y taurina pensada para inducir el sueño, además de un menú de bebidas con melatonina natural y sesiones de coaching personalizado. Equinox también organiza cada año el Global Sleep Symposium, un encuentro que reúne a especialistas para discutir tendencias en la ciencia del descanso.
Lejos de ser excepciones aisladas, estos casos son parte de un movimiento que ya aparece reflejado en las elecciones del público general. "El turismo del sueño refleja el interés de la comunidad viajera por hacer una pausa, desconectarse de la rutina y priorizar el bienestar, convirtiendo el descanso en uno de los principales motivos al momento de elegir un destino y un alojamiento", señala Jimena Gutiérrez, gerente general para Argentina de Booking, la plataforma de reservas online. La ejecutiva agrega que esa prioridad aparece tanto en hoteles boutique urbanos como en refugios de naturaleza o frente al mar, y que la empresa trabaja para ayudar a encontrar alojamientos que respondan a esa necesidad.
El precio del sueño
En tiempos de múltiples estímulos, poder dormir ocho horas completas es señal de que a esa persona le sobra tiempo y, por lo tanto, dinero. Así, el buen sueño se ha vuelto un símbolo de status. Pablo Ferrero, más conocido como @eldoctordelsueno y director del Instituto Ferrero de Neurología y Sueño, suma un dato de mercado: la nutrición y el ejercicio ya están saturados como negocio, y el sueño recién empieza a explotarse, de ahí el aluvión de colchones, anillos y relojes que prometen medirlo todo.
Según explica, esos datos pueden ser una herramienta o una fuente de ansiedad, sobre todo para quien no tolera ver un mal resultado en la app. Pero bien usados permiten detectar patrones y ajustar hábitos. "Lo que no medís no lo podés cambiar y por ende mejorar", resume. Es un gran defensor de la higiene del sueño, el conjunto de hábitos y rutinas que favorecen un buen descanso sin necesidad de medicación ni de tecnología (como evitar pantallas, respetar ciertos horarios o mantener el cuarto oscuro y silencioso, entre otros), pero también aprecia ciertos gadgets y recursos modernos.
En este sentido, sus recomendaciones favoritas apuntan a la temperatura. "Los dos mejores gadgets para el sueño son enfriar la cama y la manta pesada", asegura Ferrero. La manta no busca abrigar sino generar aplomo: el equivalente al 10% del peso corporal encima del cuerpo, algo para lo que sirven hasta las viejas frazadas de campo. La temperatura baja de la cama es la otra pata clave. Si bien siempre se pensó en hacerlo enfriando el cuarto, hoy existen dispositivos externos que se conectan a la cama y regulan la temperatura del colchón.
Entre programas de miles de dólares y una manta de campo, el sueño sigue siendo gratis. Pero todo lo que se arma alrededor para perseguirlo tiene un costo.
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