El mirador del obelisco. (Civitatis)

Una guía para descubrir Buenos Aires desde las alturas

Rascacielos, terrazas y rooftops para explorar la ciudad desde los mejores miradores. Opciones gratuitas, culturales y gastronómicas.

Entre 1910 y 1960, Buenos Aires fue una ciudad de rascacielos. Y no es una exageración nostálgica, varios de los edificios más altos del mundo fuera de Estados Unidos estaban aquí. El Kavanagh, el Palacio Barolo, el Comega, el Safico, la Galería Güemes. Lo explica Leonel Contreras, autor de “Rascacielos Porteños: historia de la edificación en altura en Buenos Aires”. Buenos Aires adoptó el modelo neoyorquino de ciudad vertical cuando era la tercera ciudad más poblada de América, detrás de Nueva York y Chicago. En 1947 ya tenía 3 millones de habitantes y la altura no era un capricho, era la lógica de una metrópolis.

Algunas de esas construcciones batieron récords que hoy sorprenden. El Kavanagh fue el edificio de viviendas más alto fuera de Nueva York, el más alto de Latinoamérica y el primero construido en hormigón armado a esa escala. Buenos Aires miraba desde arriba cuando casi ninguna otra ciudad del continente podía hacer lo mismo. Hoy esa historia sigue ahí, en piedra y concreto, esperando ser vista desde adentro. Estos son algunos de los miradores que la cuentan.

 


 

Para anotarse

Para la mayoría de los porteños, el Obelisco es un punto de referencia, una postal o el lugar donde se festejan ciertos eventos. Pocos saben que desde hace algunos meses se puede entrar. El interior del monumento inaugurado en 1936 estuvo cerrado al público durante décadas. Hoy una visita guiada sube en ascensor hasta los 65 metros de altura y permite mirar la ciudad por cuatro ventanas orientadas a los puntos cardinales. La perspectiva sobre la 9 de Julio es difícil de igualar. Hay turnos desde la mañana hasta la noche, incluyendo una franja para ver el encendido de las luces. La visita dura 15 minutos y se reserva por Civitatis (civitatis.com). La misma plataforma ofrece otras dos experiencias en clave arquitectónica. El tour de las cúpulas recorre el Microcentro para contemplarlas desde la calle, como una forma de entender la escala de lo que Buenos Aires construyó. Y la visita guiada al edificio Otto Wulff va un paso más allá: el edificio de estilo alemán ubicado en Belgrano y Perú tiene dos cúpulas y ocho columnas con figuras que representan los oficios de su construcción. La visita sube al noveno piso, accede a un balcón con vistas al centro histórico y termina con té o café.

 

 

En esa línea, el Programa Miradores de Buenos Aires que depende de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Ministerio de Cultura porteño, organiza visitas guiadas a edificios con valor histórico y acceso público poco frecuente. El criterio de selección, explican desde la Dirección, es claro: "Se busca establecer convenios con edificios que además de tener vistas privilegiadas de la ciudad tengan un valor histórico o patrimonial". La agenda de abril incluyó el Automóvil Club Argentino, la Basílica Santa Rosa de Lima, la Torre Monumental, la Galería Güemes y el edificio Bencich, entre otros. Los cupos son acotados (entre 15 y 25 personas por visita) y muchas fechas se agotan rápido. Relatan que la Galería Güemes es la que más demanda genera: "No solo porque la capacidad de su mirador es muy limitada, sino por la historia y el valor patrimonial del edificio". El feedback es bueno: "Por lo general no vienen solamente a sacar fotos; son muy respetuosos y escuchan atentamente la charla, que suele durar una hora como mínimo". La agenda se actualiza en buenosaires.gob.ar y la inscripción es personal y gratuita.

 

 

En clave cultural

Por su parte, tres espacios culturales ofrecen miradores que tienen poco que ver con la típica postal de la ciudad. En la Fundación Proa, sobre la Avenida Pedro de Mendoza en La Boca, la terraza del café abre de miércoles a domingos de 12 a 19 y el acceso es gratuito. Desde arriba se ve el Riachuelo, la Vuelta de Rocha, el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda y, en la pared de enfrente, el mural con la cara de Maradona. Una vista que no existe en ningún otro punto de la ciudad. Suele haber gente, pero siempre hay lugar.

En tanto el Palacio Libertad tiene en su cúpula el mirador público más alto de Buenos Aires. Desde el noveno piso, a través de sus amplios ventanales, se ven las cúpulas del centro porteño, el río y el cielo. "Una invitación a disfrutar de la arquitectura, los primeros edificios y el río más ancho del mundo", proponen desde la institución. El edificio (que fue Correo Central durante 80 años antes de convertirse en el centro cultural más grande de América Latina) organiza visitas guiadas gratuitas pero con cupos limitados, por lo que hay que retirar entradas en boletería.

Y en San Telmo, el Buenos Aires Museo (BAM), es uno de esos lugares que mucha gente pasa de largo sin saber que tiene una terraza. Desde sus alturas se ven los techos y cúpulas del Casco Histórico, flanqueados por dos murales de la artista Mariela Ajras que hablan de memoria e identidad porteña. Abre de lunes a viernes de 11 a 19 horas y los fines de semana hasta las 20. La entrada es arancelada.

 

 

Ver y comer

Para los que prefieren ver la ciudad mientras comen o toman tragos, dos rooftops se destacan. El Trade Sky Bar funciona en los pisos 19 al 21 del edificio Comega (uno de los rascacielos de la época dorada porteña, ahora reconvertido en uno de los miradores más glamorosos de la ciudad) sobre Avenida Corrientes y Alem. La propuesta tiene tres niveles: bar y restaurante, un omakase exclusivo para 30 personas y una terraza abierta desde donde se ven el Obelisco, Puerto Madero y, en días despejados, la costa uruguaya. La cocina está supervisada por el chef Dante Liporace y la coctelería tiene identidad propia.

 

 

Por otro lado, en Palermo, el Bestial Fly Bar ocupa el piso 11 de Humboldt 2495 y ofrece una vista no tan típica. La suya es una propuesta más nocturna y exuberante: jardines verticales, pisos de ónix y vistas de 360 grados que van desde el río hasta el campo de polo. De martes a domingos desde las 19 horas; los jueves, viernes y sábados se suman performances en vivo con bailarinas, acrobacias y artistas invitados.

Buenos Aires siempre fue una ciudad que miraba hacia arriba. Hoy también se puede mirar desde esas alturas.

En esta Nota