En los últimos tiempos, algunos locales de decoración no dan abasto. Reponen mercadería todas las semanas, suben un producto a redes y en cuestión de horas se agota y conviven con un flujo constante de clientes que entran, miran y compran. No siempre se trata de grandes cadenas ni de marcas históricas, sino que en su mayoría pertenecen a una nueva camada que encontró una fórmula clara: objetos en tendencia, precios accesibles y una estrategia digital afinada al detalle. En un contexto donde el consumo se achica, lograron que la decoración deje de ser aspiracional para convertirse en una compra posible y cada vez más habitual.

Entre emoción y tendencias
La escena se repite en cuentas de Instagram, reels y recorridos de casas reales. Para entender qué hay detrás de este cambio, aparece la mirada de Dolly Moncla (@dollymoncla), influencer de decoración que construyó comunidad mostrando procesos, decisiones y errores propios. Su lectura es clara: “Más que cambiar la forma en que la gente piensa su casa, lo que cambió desde la pandemia es la importancia que se le da a la decoración”.
El punto de inflexión fue concreto. “La pandemia nos puso frente a una situación de estar 24/7 adentro. Nadie pudo escaparse de ese vínculo con su casa, qué le genera y qué quiere sentir ahí”, explica. Ese contacto forzado terminó de correr la decoración del lugar accesorio que muchas veces ocupaba. “Se tomó conciencia de que, lejos de ser algo superficial, impacta directamente en el estado de ánimo”.

A partir de ahí, el efecto fue en cadena. Más personas empezaron a intervenir sus espacios, a buscar referencias y, sobre todo, a querer acceder a productos deco. Y la la aparición de marcas con precios accesibles fue una respuesta directa. “Ahora es más masiva la cantidad de gente que compra decoración y está buenísimo que el mercado acompañe con distintas alternativas”, apunta la especialista.
El otro factor es cultural y atraviesa todo el consumo. “Vivimos en un mundo globalizado y no podemos escaparnos de las tendencias. Son una fuente de inspiración”, señala. En ese cruce entre deseo, redes y presupuesto aparece la clave del fenómeno. “Me encanta que se democratice el acceso a que cada uno pueda poner más lindos sus espacios”.

Volumen y rotación
El fenómeno también se lee en escala. Ganga Home, que empezó como un proyecto enfocado en productos de decoración accesibles y de alta rotación, inauguró a fines de 2025 su primera mega tienda en Dot, en el espacio que durante años ocupó Falabella. El dato no es menor: habla de una marca que creció apalancada en redes, con un modelo basado en precios competitivos, reposición constante y lectura rápida de tendencias, que hoy da el salto a un formato físico de gran volumen.

Detrás hay una dinámica de productos que entran y salen rápido, una estética alineada con lo que circula en Instagram y TikTok y una propuesta pensada para que la compra sea inmediata. No hay grandes desarrollos de autor ni piezas únicas, sino objetos que funcionan en conjunto y que permiten actualizar espacios sin grandes inversiones.
En esa misma línea se mueve Alto Rancho, donde la idea de accesibilidad se corre del precio como único eje. “No pasa únicamente por cuánto cuesta, sino por cómo se elige y qué función cumple cada objeto”, explica Santiago Ribatto Crespo, gerente de Marketing. La clave está en evitar el objeto puramente decorativo: “Buscamos que las piezas tengan una segunda función, que no sean solo relleno”.

Esa mirada también se apoya en una combinación concreta. “Buen precio, buena calidad y funcionalidad”, resume. Y se traduce en productos específicos: hay clásicos de impacto inmediato (cuadros, espejos, velas, difusores), pero también nuevos protagonistas. “Los veladores inalámbricos combinan muy bien lo estético con lo funcional y marcan una diferencia real en cualquier espacio”, destaca.
Del lado del consumo, el cambio es igual de claro. “Las tendencias se aceleraron mucho más que antes y eso nos exige estar constantemente actualizados”, apuntan. A la vez, el público se amplió: hoy se suman perfiles más jóvenes que investigan, comparan y toman decisiones sobre sus espacios. En ese sentido, lo que más se usa es lo que más se ve y lo que más influye en la experiencia del hogar, por lo que la recomendación es priorizar piezas estructurales (mesa, sillas, sillón) y completar después con objetos más accesibles que permiten seguir las modas sin desarmar el conjunto.

Todos toman nota
Y si las nuevas marcas empujaron el fenómeno, las de larga trayectoria también están tomando nota. En Arredo, con más de cuatro décadas en la industria textil, el cambio en el consumo se percibe con claridad. “El hogar dejó de ser el lugar al que se vuelve. Se convirtió en el espacio que nos acompaña y contiene de mil maneras”, describe Agustín Sasson, parte de Arredo LAB. Ese corrimiento impacta directamente en las decisiones de compra. “La gente pasa más tiempo en casa y redescubrió ese valor y eso se nota en cómo elige”.

Así, la idea de deco accesible también se redefine. “Para nosotros ser accesible es mucho más que tener un buen precio, que lo tenemos. Queremos que quien se conecte con Arredo encuentre una propuesta de diseño, de experiencia y de calidad”, plantea. Y suma: “No queremos vender objetos genéricos. Queremos llevar una pieza especial a cada casa”.
En ese camino, el oficio refuerza y potencia. “Tenemos décadas de trabajo textil detrás. Conocemos cada tela, cada terminación, cada decisión de producción”, señala Sasson. Ese conocimiento les permite sostener un equilibrio entre precio y diseño y reforzar una apuesta propia. Todo, en línea con un mercado que se mueve rápido y redefine sus propias reglas.


















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