Fernando Fagnani (Juan Izquierdo Brown-Edhasa)

Libros: Una crónica de la incertidumbre

El escritor Fernando Fagnani relata en “Ventana magnética” el impacto de sufrir una enfermedad grave. Lecturas, obsesiones y la posibilidad de contar la historia.

“Mi auxilio de toda la vida, los libros, ha enmudecido. Me expulsaron de su ilimitado territorio, se cerraron sobre sí mismos”, dice Fernando Fagnani en “Ventana magnética”, el libro donde narra la crisis que desencadenó en su vida y su familia un inesperado diagnóstico de cáncer.

Hace un año y medio, listo para salir de vacaciones, un llamado urgente de su médico lo obligó cambiar los planes y a someterse de inmediato a un tratamiento largo y doloroso. Lejos de detenerse en los pormenores de una historía clínica, el libro de Fagnani narra, a partir de textos breves, la batalla que libra la mente cuando una situación límite sacude las rutinas y las certezas.

Además de escritor, Fernando Fagnani es uno de los editores más importantes de la Argentina. Escribió “Mar del Plata. La ciudad más querida” y la novela “Residencia permanente”. “Ventana magnética”, su tercer libro, es un texto personal, profundo y conmovedor, en el que cuestiona la posibilidad de las palabras de calmar el vacío de la incertidumbre.

Aquí el diálogo que mantuvo con NOTICIAS.

Noticias: Usted es un editor de extensa trayectoria, responsable de libros muy importantes de grandes ensayistas y escritores. ¿Qué siente cuando cruza la línea y se para del otro lado?
Fernando Fagnani: En el caso de este libro puntual no me pasó nada. Cuando me dieron el diagnóstico y el tratamiento de mi enfermedad, no quería escribir una sola palabra. Pero cuando me hicieron los primeros estudios de control, me dieron extraordinariamente bien. Sentí que estaba curado. Y no sé qué pasó. Un día iba caminando por la calle Lezica, por la que había caminado muchas veces, y vi por primera vez un hotel también llamado Lezica. Pensé que tenía que escribir algo que se llamara “Hotel Lezica”. Volví a mi casa y me puse a escribir. Había un montón de líneas rojas que supuestamente no iba a cruzar. No iba a hablar de mi padre y no iba a decir la palabra “cáncer” ni la palabra “tumor”. Después, por supuesto, fui violando todas las reglas que me puse. Fue una especie de narración de la experiencia.


 

Noticias: En los distintos relatos que integran el libro usted elude contar las situaciones típicas de una enfermedad: tratamientos, sensaciones corporales. Llega solo hasta la puerta del consultorio del médico.

Fagnani: No era una cuestión de pudor. Me parecía que no tenía la menor importancia. Con el cuerpo lo único que podés hacer es seguir las recomendaciones del médico: tomarte las pastillitas, hacer la dieta y que dios te ayude. En un momento volví a leer el libro de Harold Brodkey, “Esa salvaje oscuridad. La historia de mi muerte”. (N de la R: trata sobre su final a causa del SIDA). Una opción era hacer un diario. Pero durante el tratamiento, era imposible escribir. Por otro lado, trabajé todo el tiempo, salvo los días en que me sentía mal. Pero ni se me pasaba por la cabeza escribir un diario de los de los efectos de una droga sobre tu cuerpo. Hubiera sido un libro muy obsesivo y al mismo tiempo muy intrascendente.

Noticias: Por otro lado su escritura es muy contenida. No hay desbordes emocionales en el texto.

Fagnani: Yo pensaba que no me podía convertir en un paciente. No podía permitir que eso se conviertiera en mi yo. Tenía que lograr que mi vida siguiera de alguna manera, en paralelo. Y por eso trabajaba y por eso elegí narrar el contexto y no el centro. Porque en el centro no había nada que hacer.


 

Noticias: ¿Cómo se enteró del diagnóstico?

Fagnani: Surgió de un análisis de rutina. Me estaba yendo de viaje y me llamó mi médico clínico. “Te tengo que ver hoy”, me dijo. Yo estaba muy ocupado, le dije que no podía. Le propuse que habláramos por teléfono. “No, te tengo que ver hoy”, me contestó. En dos días tuve que desarmar todo lo que tenía previsto. La vida cambió. “No pienses mucho por qué pasó esto o por qué no pasó. Sacátelo de la cabeza. Hacé lo que tenés que hacer y olvidate. Estas cosas pasan porque pasan y punto”, me recomendó el médico. Durante el día para mí era relativamente fácil. De noche era más complicado porque se todo se silenciaba. Soy una persona que resiste el dolor, puedo convivir con el malestar. Lo único que yo quería cuando me sentía mal era silencio

 

Noticias: El libro tiene un estilo muy diferente en el principio y en el final, donde usted narra situaciones personales más concretas.
Fagnani: Dejé lo que cuento en el final para el final, no por estrategia narrativa ni para crear un determinado efecto, sino porque no podía escribirlo. Lo iba postergando. Después de escribirlo estuve dos días en cama con 39 grados de fiebre.
 

Noticias: ¿La escritura es un recurso imprescindible de comunicación frente a situaciones dolorosas?

Fagnani: Ni la voz ni el pensamiento alcanzan. Yo entendí lo que había pasado cuando lo escribí. Todo se materializó escribiendo. Y fui siguiendo un hilo que surgía.

Noticias: ¿Quién fue su editor?

Fagnani: Hubo una persona muy importante que fue el escritor Miguel Vitagliano. Lo leyó de una manera impresionante y me marcó muchos detalles que apuntaban a la concisión. Después, en la editorial, fue la editora Cecilia Sarthe.

Noticias: En el libro también registra lo que lee en relación a lo que le está pasando. Por ejemplo, se enfurece con Susan Sontag y su clásico “La enfermedad y sus metáforas”, donde critica el uso de lenguaje bélico para referirse al cáncer.

Fagnani: Me compré una edición de ese libro que tenía dos textos: “La enfermedad y sus metáforas” y “El SIDA y sus metáforas”. Terminé de leer el primero completamente enfurecido y empecé a leer el segundo. Allí, ella cuenta su epopeya con el cáncer. Y, efectivamente, fue una epopeya. Me pareció indignante. Se la pasa hablando mal sobre el lenguaje militar para referirse a la enfermedad y después narra una epopeya que es lenguaje militar. “¿Por qué no le explicaste al paciente que lo que tenía que hacer era una epopeya?”, pensé. Y lo dejé. Era moralmente inadmisible.

Noticias: En general, uno suele buscar lecturas que dialoguen con la situación que atraviesa. Tal vez le costó encontrar las lecturas correctas.
Fagnani: Me costaba mucho leer ficción. Quería que los personajes se murieran enseguida. No soportaba el costumbrismo, el hilo de la vida. Una mañana vi un amanecer y me acordé de un libro de Paul Celan y me di cuenta de que lo que tenía que leer era poesía. Encontrar epifanías, iluminaciones. En realidad, estaba muy ansioso y eso me impedía leer una novela entera. La poesía tiene una concentración y una intensidad que en una página te da el remedio que tenías que recibir. También leí “Sobre la historia natural de la destrucción”, W.G.Sebald, que es un texto extraordinario. Y después, “Los emigrados”.

Noticias: Usted ha editado a grandes escritores, tanto ensayistas como autores de ficción. ¿Cómo se escribe con ese corpus tan destacado como contexto?

Fagnani: Nunca lo tuve en cuenta. Yo tengo muy separados estos dos territorios. En mi casa es muy raro que lea un libro de la editorial. Cuando dejo de trabajar leo cualquier cosa.

Noticias: ¿Lee lo que se produce actualmente en el campo literario?

Fagnani: A veces sí, pero soy un lector más desordenado. Ya pasé ese momento en que leía todo lo que había que leer.

Noticias: Usted ha editado también grandes ensayos, un género que tiene exponentes notables en la Argentina, no siempre valorados.

Fagnani: Eso es muy cierto y no sé bien por qué. Pero hay una línea de ficción de los últimos años que a mí me parece muy importante, de libros escritos por mujeres, que le dieron a la literatura argentina algo que no tenía. Antes la participación femenina estaba cubierta con Silvina Ocampo, Sara Gallardo y Elvira Orphée. En los últimos años eso cambió. Son otras escrituras, son buenas y escriben cosas que no estaban escritas. Se abrió un campo diferente de lectores que se encuentran con unas voces y unos temas que la literatura argentina no exploraba. El caso más obvio es Mariana Enriquez, pero también Leila Guerriero, Samanta Schweblin y Claudia Piñeiro. Son cuatro voces muy distintas y son fuertes. Permiten que otros sigan ese camino. Esto fue importante en los últimos 10 años. Y el cuento. A todos los lectores les interesan más las novelas que los cuentos. Se registra en las cifras de venta, no es una intuición. Eso cambió. Los lectores saben lo que tienen que leer.