El presidente de Brasil y candidato presidencial, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), saluda a sus simpatizantes durante un acto de campaña en Porto Alegre, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil, de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. (SILVIO AVILA / AFP)

Programa vulnerable

Otros frentes de tormenta

La parálisis de la actividad y la victoria de Lula agregan incertidumbre al escenario.

Mientras los economistas deliberan si la economía argentina ingresó en una etapa de recesión o es una meseta que podría dar lugar a otra de crecimiento o caída, hay una realidad insoslayable. Desde hace medio siglo el ingreso total muestra altibajos con un promedio cercano a 0, fruto de años de oscilaciones que con forma se serrucho fueron marca registrada argentina. Pero más preocupante aún es que desde hace 15 años (contado desde el inicio de la recesión de fin de 2011) la economía aceleró estos procesos que dieron lugar a más inflación, estancamiento y caída del ingreso por habitante. La duda, entonces, como ocurre en esta coyuntura no es cuándo se inicia la recuperación sino cuánto dura. Una vulnerabilidad que se volvió estructural y que facilita que el cambiante panorama político en Brasil también pueda impactar con más fuerza.

La foto. Como señala en su último informe la consultora Invecq, la actividad económica sólo creció 0,1% mensual desestacionalizado en agosto, luego de la fuerte caída de 2,8% de julio, mientras que, en la comparación interanual cayó 1,7% y el crecimiento acumulado entre enero y agosto quedó en sólo +1,2% (versus +1,7% que se registraba hasta julio). “El rebote casi nulo vuelve más exigente el cierre del año y ubica en 1% anual como un techo de crecimiento para 2026”, anticipa.

Si bien los indicadores sectoriales habían anticipado una recuperación parcial en agosto, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se mantuvo prácticamente estancado y quedó 2,7% por debajo del nivel de junio. Tras la caída de 0,6% trimestral desestacionalizado del PBI en el segundo trimestre, los datos de julio y agosto aseguran una nueva caída trimestral en el tercero, con lo que la “recesión técnica” (dos trimestres consecutivos de caída) está casi asegurada.

El recorte de las expectativas de crecimiento para todo el año (arrancó en 3,5% y ahora está en 2 puntos menos) hace que, por ejemplo, para alcanzar el 1,5% previsto en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que reúne los pronósticos de las principales consultoras de plaza, requiere un crecimiento promedio de 2% mensual entre septiembre y diciembre, cuando fue de -0,5% en lo que va del año. Por lo tanto, para Invecq, sin revisiones de los meses observados, una expansión cercana al 1% anual requeriría un rebote de 2,5% en septiembre y luego subas de 0,6% mensual durante el último trimestre del año. En cambio, si entre septiembre y diciembre la actividad estuviera creciendo a un ritmo de 1% mensual, la suba anual sería de sólo 0,7%. “Por lo tanto, incluso un crecimiento anual modesto en torno al 1% anual (en línea con el arrastre que dejó 2025) exige que en el cuarto trimestre se corte la dinámica recesiva de manera contundente”, finaliza.

Otro estudio reciente que elabora la Universidad de San Andrés es el Nowcast UdeSA, que cada viernes arroja un resultado de un modelo que combina cerca de 20 indicadores económicos de alta frecuencia -desde el EMAE y las importaciones hasta los despachos de cemento y la confianza del consumidor- destilándolos en una única lectura del trimestre en curso. A diferencia de otras encuestas de expectativas, el Nowcast se actualiza con cada nuevo dato que se publica durante la semana, lo que le permite anticipar cambios bruscos de tendencia antes que el consenso de mercado.

Por ejemplo, el último dato del INDEC disponible es del segundo trimestre de 2026: (−0,59% de variación trimestral desestacionalizada) y el REM de septiembre proyecta para el tercer trimestre de 2026 −0,95%.

Por su parte, según lo que publica la Fundación Capital, el entorno internacional de incertidumbre, suba de tasas de interés y amenazas al flujo internacional del comercio, no alcanza a explicar acabadamente el alza del riesgo país que subió de los casi 400 puntos en julio a casi 750 puntos a fin de octubre. Esto se vincula con la falta de confianza en el programa económico, la marcha de la prometida acumulación de reservas internacionales y la capacidad de pago de los bonos soberanos. Esto se termina cristalizando en los rendimientos de los títulos públicos que tienen una muy diferente valuación según venzan antes o después del 10 de diciembre de 2027. El riesgo electoral, con las letras que cada uno le quiera agregar: un riesgo de 100 puntos que salta a más de 1000 si el vencimiento opera luego de 2028.

Raíces. La degradación que la economía viene transitando desde 2012 se ve enmarcada en altibajos con un promedio “chato” pero que incluyen aceleraciones inflacionarias con fuertes impactos negativos en las remuneraciones reales al

trabajo. Según detalla un estudio de IDESA, el salario real formal promedio actual es 25% inferior al que había en el 2012. “Al considerar estas tendencias se entiende que prevalezca tanto malestar en la gente con un sentimiento compartido de falta de capacidad adquisitiva”, explica su presidente, el economista Jorge Colina. A su juicio, ese largo proceso de estancamiento productivo y caída de salario real se vincula con una fuerte caída de la productividad. Según datos del ente estadístico oficial entre el 2016 y el 2025 se observa que la inversión en maquinarias y equipos subió un 15%, mientras que las horas trabajadas se incrementaron en un 11% pero el Producto Bruto Interno aumentó sólo 5%. “Estos datos muestran que aumenta el stock de capital físico y las horas trabajadas en proporciones mucho más altas que la producción o lo que es igual, para producir la misma cantidad de bienes y servicios se necesitan cada vez más horas de trabajo y más inversión”, aclara. Así, esta sistemática caída en la productividad es un factor decisivo en el comportamiento de los salarios reales “y es consecuencia de un entorno que induce a prácticas ineficientes en los procesos de producción y comercialización”, concluye

El vecino mayor. La última complicación a la incertidumbre interna (y asociada también a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, hoy con un piso de 5% anual para los bonos del Tesoro) es la situación de Brasil. La súbita victoria de Lula luego de la sorpresiva victoria de su rival en la primera vuelta, no hizo más que etiquetar a la economía del país vecino de “incierta” pero no sólo por sus golpes de timón político sino por la erosión de sus fundamentos sobre los que descansó la relativa bonanza de los últimos años que facilitó la reelección del octogenario presidente.

Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, destaca que entre 2021 y 2025, el PBI creció a un ritmo promedio de 3,3% anual, pero este año esa dinámica comenzó a frenarse, con una proyección de consenso para 2027 en torno al 1,3%. “Este es uno de los tantos síntomas de agotamiento del modelo económico del último tiempo, basado en la expansión del gasto público, que ha llevado las tasas de interés a niveles prohibitivos para el sector privado y ha generado un círculo vicioso en las cuentas estatales, con un déficit de 9,4% del PBI cuando se incluye el costo financiero de la deuda”, argumenta.

Además, destaca que, de acuerdo con las estimaciones del Centro de Debate de Políticas Públicas, para estabilizar la deuda pública en torno al 80% del PBI en el mediano y largo plazo, se requiere un movimiento combinado de baja del costo financiero de los pasivos y mejora sustancial del resultado primario del sector público. ¿Misión imposible? Esto requeriría un ajuste del gasto en términos del PBI, por al menos 3 puntos porcentuales para alcanzar en un proceso de varios años. Pero el impacto sobre la Argentina se estará dando tanto en el plano financiero como en el sector real de la economía. “Un ‘real barato’ en términos de pesos no es la mejor noticia para las industrias manufactureras y los servicios turísticos, al tiempo que un enfriamiento adicional del nivel de actividad en el vecino país es relevante para la dinámica exportadora de provincias”, concluye. Por lo visto, una nube que empieza a aparecer en el escenario económico argentino, ya de por sí complicado, por la incertidumbre a la que está más expuesta. Otra más.

 

 

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